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cincuenta
pasos
A mí las horas se me pasan andando los cincuenta pasos,
cincuenta arriba, cincuenta abajo, por la acera. Ando porque la
policía no nos quiere ver paradas. Nos han dicho que cada
vez que vengan ellos que no nos quieren ver paradas, que tenemos
que estar andando, o sea, están aquí tres horas
ellos y tres horas andando te tienes que estar, y que no puedes
moverte mucho, para no salirte de tu zona. Estos policías
son nuevos, porque antes venían los policías nacionales,
los de los coches, ahora vienen los de extranjería y eso,
yo como he estado dos meses fuera por lo del hospital de la niña
pues me vine el otro día y me viene una chica que trabaja
aquí, y me dice, ponte a andar que han dicho que no te
quieren ver parada, y yo le dije ¿y eso? Y ella me dijo,
pues no sé. Y estaba una chiquita parada y le dicen: Tú,
¿no has oído que tienes que andar?, que cuando nosotros
vengamos tienes que andar, estemos aquí tres horas o estemos
cuatro. Y eso es muy jodido, porque tres horas andando mata, y
cuando llueve no te dejan ni meterte bajo los soportales, o te
traes un paraguas o te calas, pero quieta no puedes estar. Dicen
que es por no se cuál operación del pepé
antes de las elecciones, que quieren la calle limpia, y pues si
andamos no se nota tanto lo que estamos haciendo, y así
no se nos tienen que llevar. No se nos llevan, pero nos tienen
machacadas. Estos son nuevos, antes venían los policías
nacionales, los coches. A veces la policía han venido,
a lo mejor, y hemos estao paradas ahí, y por estar paradas
ahí nos han llevao a la comisaría, nos han pedido
la documentación y nos han dejado allí, por estar.
Yo tengo papeles, yo soy española, tengo papeles, así
que me han llevado solo por estar, y te dejan allí hasta
que les salga a ellos de las narices, dos o tres horas sentada
en un banco, sin hacer nada hasta que viene uno y te dice que
ya te puedes ir. Yo creo que dicen, anda, ésta me ha gustado,
pues me la llevo. O si no para decir que hacen su trabajo y eso.
A las extranjeras se las han llevado a un montón. Pero
no importa, porque luego vienen otras, y otras. Y nosotras hemos
tenido aquí policías amigos nuestros, que me decía
uno, anda tú, a ver si te vas de aquí y no vienes
más, anda, que esto no es pa ti, que eres muy joven tú,
que tienes la vida por delante, y nosequé y nosecuantos.
A ése le gustaba yo o algo, no sé, tenía
una perra conmigo, todos los días me venía con lo
mismo, que si esto no era para mí. Y yo que le decía
tú me buscas un trabajo que me dé para mantenernos
a mí y a la niña y yo te juro que más no
vuelvo, y ahí se callaba. Algún que otro se va con
las chicas, gratis. Yo nunca he subido con un policía,
pero chicas de aquí sí. Cincuenta pasos acera arriba
y acera abajo, que me los tengo contados, porque si no me paso
de zona, porque si tú por ejemplo llevas aquí mucho
tiempo trabajando y en esta zona cobran veinticinco igual que
enfrente cobran diez y en otra zona cobran cinco, pues cada una
tiene que quedarse en su zona, porque si tú trabajas aquí
que están trabajando diez personas , y en la otra zona
otras diez y en la otra no sé cuantas, pues según
lo que cobra cada una que se vaya al sitio donde cobran eso, y
como me pase de zona se creen que cobro menos. Así que
si ando más de cincuenta pasos me paso de zona, o sea,
que cuando he hecho cincuenta pasos me doy la vuelta y otra vez
otros cincuenta pasos, pero al revés, cincuenta pasos parriba,
cincuenta pasos pabajo, pensando y dándole vueltas al anillo
en el dedo, por hacer algo, por nervios, porque yo no fumo y así
hago algo con las manos, y eso. El anillo lo llevo desde el principio,
desde casi el primer día. Me acuerdo que me daba mucha
vergüenza y eso, yo la lo había hecho alguna vez,
lo de irme con uno por dinero, pero nunca me había puesto
así, en la calle, a buscarlo, pero fui un día que
vine con una amiga y me dijo que no, que no pasaba nada, que aquí
no pasaba nada, que viniera y que probara y eso, y así
que me vine un día y vi que se trabajaba y dije que bueno,
y estuve de todas formas buscando trabajo en otros sitios pero
siempre dijeron que me iban a llamar pero nunca me han llamao.
Mis padres se creen que estoy trabajando en otra cosa, de limpieza,
pero una vez se enteraron porque un vecino me vio y les fue con
el cuento y mi padre estuvo aquí a ver si me veía
y eso, y me tuve que ir unos días hasta que mi padre dejó
de venir. Pero luego ya les he engañado y les he dicho
que estoy trabajando limpiando una guardería, y ellos no
lo saben, si se enterarían sería para mí
muy duro. Pero es difícil lo de encontrar trabajo, porque
yo no tengo carrera ni efepé ni nada, porque yo estuve
en el instituto hasta hacer tercero de la ESO pero luego ya mi
madre me hizo dejarlo porque no me gustaba mucho estudiar y mi
madre dijo que pa gastarse dinero en los libros que no fuera,
y ahora con lo del paro y eso hasta en las pastelerías
y en los supermercados hay gente con carrera, o con el COU. Total,
que me vine con la amiga y el primer día, la primera vez
que me subí a un cliente, me encontré el anillo
en la mesilla de noche, ahí, donde el portal negro, donde
nos ocupamos. Hay dos pisos y cada uno que entre pues hay que
pagarle. Eso es de uno que ha venido aquí, ha alquilado
eso y ha puesto esas habitaciones para las mujeres. Nosotras venimos
aquí, le pagamos cinco euros y el resto para nosotras.
Todo el mundo te ve entrar y ya saben que vas a eso. Ellos ganan
mucho dinero porque está abierto las veinticuatro horas
del día. Haz cuenta, con todas las que subimos, lo que
puede ganar, un montón. Pero también le tiene que
pagar a la policía y al ayuntamiento pa que no se lo cierren.
La policía lo sabe claro, lo de este, lo del de abajo y
lo de todos, que hay un montón. La policía ha entrao
alguna vez y todo, pero no para cerrarlo, sino a lo mejor porque
alguna chica ha robao a algún cliente, o cuando pasó
lo de Claudia, pero esto nunca ni lo han cerrao ni lo han intentao
cerrarlo. Pues eso, que vi el anillo en la mesilla y me lo puse,
y me venía bien. El hombre ni se fijó, ya se estaba
marchando. Y vi que el anillo llevaba una fecha y un nombre por
dentro, Julia. Entonces le pregunté al que nos cobra si
su mujer se llamaba Julia o si alguna de las chicas que limpiaban
se llamaba así. Me dijo que no. Y pensé que era
de un hombre que había ido con otra chica a la habitación
antes que yo, y se había quitado el anillo para hacerlo.
Igual porque le daba remordimiento o vergüenza, y eso. Así
que me puse el anillo y el nombre también. Porque muchas
chicas se cambian el nombre. Unas porque tienen un nombre feo,
como Herminia o Avelina o Antonia. Otras porque piensan que así
la gente no va a saber que ellas están en la calle. Que
no van a saber que hay una Avelina en la calle y pensar que sea
ella. Otras, como yo, por otras razones. Yo porque así
cuando me llaman ya sé quien es. Si preguntan por Marijose,
no es un cliente. Y si preguntan por Julia, sí. Hay clientes
que ná más quieren subir contigo, que no quieren
probar a tantas, y te piden el teléfono. Así que
me llaman a cualquier hora y me dicen que quieren que me venga
para acá, y yo me vengo. Y además que así
yo pienso que hay dos personas, la Julia que trabaja aquí,
y la Marijose que es la de casa, y así separo las dos vidas
y me parece más fácil aguantarlo. Algunos clientes
se quedan mirando el anillo y me preguntan si estoy casada. Yo
les digo que sí. Yo no estoy casada, estoy juntada, y él
no lleva anillo, pero pal caso. Yo a él ya le conocía
antes de estar aquí. Yo entonces no estaba trabajando aquí,
entonces trabajaba de teleoperadora, y vino una del trabajo y
me dijo que si la acompañaba al trabajo de su marido, y
ahí estaba mi marido trabajando de albañil, que
estaba haciendo una discoteca. Entonces ahí empezamos a
hablar y eso y a la semana o así nos juntamos y luego a
la niña la tuvimos porque vino, no la buscamos pero vino.
A él le están saliendo ahora los papeles, dentro
de dos meses o así ya se los dan, o eso querría
yo. Luego ya veremos cómo sale la cosa, porque como a él
le tienen que traer los papeles de su país y hasta que
los encuentre... Le falta el papel como que esta soltero, el del
empadronamiento, todo eso lo necesitamos, y hasta que no me los
manden de su país, a ver... Pero yo me quiero casar a ver
si se los dan más rápido, los papeles, porque suelen
dárselos más rápido así, que tengo
miedo que un día lo coja la policía y lo mande otra
vez a su país, que es lo que me faltaba. Si no pierdo la
relación y no hay ningún problema yo quiero quedarme
con él mucho tiempo, porque yo le quiero mucho y él
me quiere a mí, pero si hay algún problema, pues
que a lo mejor sea por discusiones o algo así, entonces
se acabaría. A lo mejor a veces discutimos por tonterías,
a lo mejor por la niña, porque a lo mejor llegue yo cansada,
porque yo salgo de aquí y tiro pa casa, no paro en ninguna
parte, pero aquí te cansas rapidísimo, porque estando
de pie tantas horas... Y le digo dale de comer a la niña.
Pues dale tú, me dice. O que yo le diga ayúdame
a subir a la niña y me diga súbela tú, que
vivimos en un cuarto sin ascensor, que yo no estoy como para subirla
sola. Joder, que yo vengo cansada del trabajo y él está
ahí y no está haciendo nada. Por tonterías
así discutimos, pero por cosas así gordas nunca
hemos discutido, porque yo procuro no discutir con él,
pero hay a veces que hemos discutido y él se ha ido por
un lao y yo me ido por el otro y a la media hora o él me
ha llamao o yo le he llamao y hemos estao otra vez juntos. Yo
lo del amor para toda la vida no me lo creo, trabajas aquí
y no te lo crees, que la mitad de los que vienen son casados.
Pero con mi marido sé que no voy a tener ningún
problema por esto, que con lo de la prostitución no voy
a tener ningún problema porque ya llevo mucho tiempo trabajando
aquí y él ya lo sabe. Al principio, al mes de estar
aquí, se lo tuve que decir, porque ya sabes que en un trabajo
te pagan al mes, pero el me veía llegar con dinero todos
los días. Y me preguntaba, ¿y esto de que lo traes?
Nada, porque me lo ha prestado mi madre. O sea, que primero le
mentía, pero al final se lo tuve que decir. Nada, cariño,
que he estado en este sitio porque no encuentro trabajo y a la
niña tenemos que mantenerla de alguna forma y nosotros
nos tenemos que mantener, y si te parece bien déjame trabajar
allí. Y él dijo pero es que no me gusta, que luego
la gente habla. Pero es que a mí me da igual lo que le
gente habla, porque es que a mí nadie me va a mantener.
Y aunque al principio estuvo una semanita así, muy raro,
al final ya lo ha cogido bien, por eso nunca he tenido yo problemas,
porque yo siempre se lo he dicho, en cuanto he tenido oportunidad
se lo he dicho, y nunca me lo ha echado en cara. Eso es lo mejor
de él que me ha hecho, que nunca me lo ha echao en cara,
nunca, nunca, problemas con él por eso nunca he tenido,
que a alguna de aquí que no lo sabía su marido sí
los ha tenido, que el hombre se ha enterado más tarde y
la ha molido a palos. Y que tampoco él es de los otros,
que no les importa que su mujer esté aquí pero luego
le piden ellos el dinero, que yo cuando no quiero venir pues no
vengo. Él es una persona que yo le digo cariño no
quiero venir y él me dice pues no vayas hoy a trabajar.
Con decirte que él ni siquiera pasa por esta calle, no
es que no me vigile, es que no viene nunca, porque él dice
que cómo va él a consentir que venga un hombre,
que yo esté aquí parada y que me suba con él.
Si lo veo, yo cojo y lo mato, dice. Pero sabe que yo no lo hago
por gusto, que lo hago por la niña. Porque él sabe
que yo el dinero que gano aquí no me lo gasto, que yo lo
meto en el banco, o sea , que yo soy una persona que soy muy ahorrativa,
no por mí, por mi hija, porque tengo una niña y
la tengo que dar de comer y a diario hay que comprarle los pañales
y la leche. Porque el dinero se me va en la niña, que tres
cartones de leche ya te valen quince euros, y no sé cuándo
voy a poderla dar leche normal, que de momento me ha dicho el
médico que no. Ya te digo que él me trata bien,
pero yo anteriormente antes de conocerle a él tenía
una experiencia muy mala con los hombres, me trataban mal, porque
los extranjeros son así, que les gusta que les des todo
el dinero y que trabajes para ellos, pero ellos estando con cuarenta
mujeres y estando contigo. A él le conocí y en un
principio me dio miedo porque pensaba este es extranjero también,
me hará lo mismo que con todos los que he estao. Pero él
se portaba muy bien conmigo, él me ayudaba a todo, cuando
tuvimos la niña yo pensaba que me iba a dejar y no, él
siguió palante conmigo. Además él antes bebía
mucho y dejó la bebida por mí, dejó de salir
por la noche por mí, no sé, vi que me daba amor,
entonces yo cogí y me enamoré de él poquito
a poquito, no así del tirón sino poquito a poquito,
y ahora ya llevo cuatro años con él, y muy bien
porque es una persona muy trabajadora. Aquí llevo como
dos años y pico pero estuve como dos meses o así
retirada que no vine porque tuve a mi hija mala ingresada por
una infección de orina y no podía venir. También
dejé de venir una semana cuando pasó lo de Claudia.
La niña es muy bonita, la quiero mucho, también
ten en cuenta que estoy aquí por ella, porque no encuentro
trabajo y la tengo que mantener de alguna forma. La niña
ahora está con mi marido, pero a las dos voy yo a casa
y la doy de comer. Yo hago esto por la niña y más
que haría, pero muchas veces me encuentro diciendo que
qué hago yo aquí, siendo joven, que por qué
cojones no me sale un trabajo, tantas horas que me paso aquí
y todo por una mierda de dinero, porque es una mierda de dinero
la que ganas aquí, porque antes se ganaba muchísimo.
Yo antes era subir y bajar toda la mañana y toda la tarde,
hay días que he estado desde por la mañana hasta
por la tarde, sin parar, y a mi casa me he ido con doscientas
mil pesetas, incluso ha habido días que he venido por la
mañana, me he hecho cien mil y me he ido, y no he tenido
que venir por la tarde. Entonces era mucho dinero, era casi mejor
que trabajar, en un sentido, pero solo en un sentido, porque no
compensa la vergüenza, hay veces que pasa gente que te conoce,
como el vecino ése que se lo dijo a mis padres, y hay muchas
veces que me tengo que esconder o darme la vuelta o irme para
otro lado. A veces la gente de los locales nos han puesto hasta
pegamento en las puertas para que nos peguemos, yo me pegué,
y mi amiga, la Claudia, también, no nos quedamos pegadas
del todo, pero se manchaba la ropa y la tenías que tirar
porque era un pegamento muy fuerte que ése no salía
con nada. Y yo y la Claudia nos pegamos. El que puso el pegamento,
ése, es un cabrón, ése vive encima ahí
al lao mío, al lao de donde yo vivo, en mi casa, pues al
lao. Los de las tiendas están intentando echarnos, venga
a decir que están hartos de la prostitución y todo.
Pero como digo yo, si nosotras no hacemos daño a nadie,
si trabajamos en esto porque tenemos que comer como todo el mundo,
que nadie está aquí por gusto, y no robamos ni le
hacemos daño a nadie, y que si estamos aquí es porque
hay quien nos quiere, también. Estamos horas aquí
mojándonos, empapándonos, pasando frío o
pasando calor, según. Ello nos joroban. Que os quitéis
de aquí, nos dicen. Como el otro día me pasó,
que estoy apoyada allí, en el sitio aquel de los tatuajes,
y viene el tío y me dice quítate de aquí.
Y yo que le digo ¿me lo puedes decir bien?, que soy una
persona igual que tú. Y dice: Lo que sois, sois unas perras.
Digo: Perra tu madre, así mismo se lo dije. A mí
me puedes decir ¿te puedes quitar de aquí?, con
educación, no llamarme perra, o lo que sea. Porque te tratan
así, te hacen cada cosa que alucinas. Pero ya cada vez
que me dicen quítate de aquí pues cojo y me quito,
por no discutir, porque sé que llevo las de perder. Porque
si discutes pierdes tú porque viene la policía y
te echa a ti la culpa de todo, porque como eres una prostituta,
a ver. Incluso vino uno con un tambor persiguiendo a los clientes
todo bombo para que al cliente le diera vergüenza que le
mirasen y todos supieran lo que hacía y nosotras no pudiéramos
trabajar, o sea jorobando la calle, que al del bombo le habían
pagado los de los locales. Incluso la gente, los de los locales
que dicen que no nos pongamos aquí, son ellos los que suben
con nosotras cuando cierran los locales. Y vienen también
muchas mujeres extranjeras que causan muchos problemas, o sea
que las dices que no se pongan en nuestra zona y se ponen a llamarte
de todo, o sea muchas peleas, que si le decimos a una que se vaya
a su zona, donde cobran lo suyo, no que se venga a donde estamos
cobrando otra cosa, se enfada y nos insulta y venga a chillar
y nos busca pelea. Claro que como yo soy española yo me
pongo donde quiera. O sea, porque yo cuando llegué esta
zona de aquí donde estoy ahora era de españolas
y ya cuando llegaron las extranjeras ya nos jorobaron y se pusieron
aquí, pero nosotras decimos a las extranjeras que se vayan
a otro lado a trabajar, más pabajo, porque las extranjeras
cobran muy poco, algunas cobran diez euros, quince, y nos joroban
a las demás, porque como no hay trabajo pues los hombres
llegan y te dan eso, y ellas se suben por eso porque tienen que
enviar dinero a casa, a su país. A mí alguno me
ha venido ofreciendo diez euros y yo me he echao a reír.
Mira tío, vete a tu casa y hazte una paja. ¿Qué
tú te crees que a mí por cinco euros me merece la
pena? Porque cinco euros se me van en la cama. Las extranjeras
que lo hagan por diez, ellas. Pero muchos hombres dicen que no
les gustan las extranjeras, que en la cama son muy malas, que
dicen que a lo mejor llegan a la habitación y le dicen
que se quite toda la ropa y a lo mejor solo se quitan el pantalón
y a lo mejor también muchas veces les han robado y por
eso no quieren extranjeras. Yo sí me quito la ropa, pero
sólo si pagan. Si me quieren ver sin ropa, entones tiene
que pagar más. Yo aquí estoy trabajando para chupar
y para follar, no para que me vean mis pechos ni para que me los
chupen ni nada, y él que quiera, que me pague más.
Si no que me vea solamente la parte de abajo, que es lo que él
necesita para echar un polvo, digo yo, vamos. A lo mejor también
necesita el pecho, al menos verlos, pero si lo quieren que me
lo paguen. Pero a mí no me gusta estar aquí, cincuenta
pasos parriba y cincuenta pasos pabajo todo el día, por
eso estoy intentando aún buscar trabajo porque aquí
no me gusta estar porque es una vida muy mala, porque hay muchos
robos, y muchos problemas con los clientes, pos que te piden que
hagas cosas que no. Por ejemplo, por el culo, y a lo mejor o te
pegan o te insultan o no te quieren pagar, cosas así. Una
vez cuando yo estaba con uno yo me fui a lavar y dejé el
bolso ahí como siempre lo dejo y él me intentó
robar pero yo me di cuenta y entonces él me pegó
pero yo me agarré al bolso y no se lo llevó. No,
la calle no compensa por mucho dinero que hagas. Además,
que ya no se hace dinero, eso era antes, al principio, que ahora
la calle está muy jorobada, desde que han venido las extranjeras
se ha jodido toda la calle, ahora está esto malísimo.
En cuantito me salga un trabajo ya creo que me iré, estoy
buscándolo, o sea todos los días intento buscar
algo por tos los laos, y el día que me salga algo ya me
voy, de lo que me salga, me da igual, de lo que me salga, y me
da igual las horas que sea, porque también el día
de mañana no quiero que mi hija se entere. Bueno, ahora
es chiquitita, pero cuando sea mayor imagínate, que mi
hija me pregunte que en qué trabajo, o que alguien se entere,
que me vea, porque aquí pasa mucha gente que vive al lado
mío, y que se lo digan a mi hija, que eso sería
una vergüenza para mí muy grande. Y además
aquí ya no queda nadie, hay cuatro moscas, como digo yo.
Españolas no van quedando, ya son todas ecuatorianas, que
han reventao la calle. Lo que también hay muchas rumanas,
marroquís, chinas. Hay dos chinas, muy feas, pero todas
las chinas son feas, al menos pa mí. Las chinas cobran
diez euros y se suben con los viejos guarros y verdes. Ya habemos
solo como cinco o seis españolas, y vamos viniendo menos,
porque no compensa. Yo misma ahora no vengo todos los días,
antes sí, pero ahora vengo de vez en cuando porque ahora
él ya está trabajando, pero con lo que él
gana no nos podemos mantener a mí y a la niña y
a él. Así que ahora vengo menos, ya no como antes,
suelo venir a las nueve y me voy a las dos y a lo mejor luego
me vengo por la tarde de cuatro a nueve, si el día sale
malo tengo uno o dos clientes pero si el día está
bueno por la mañana puedo tener seis o siete y por la tarde
a veces más. Ellos vienen a preguntarme, me preguntan el
precio, les digo lo que cobro, que son veinticinco euros, y te
preguntan lo que haces, si lo haces por el culo o si la chupas
sin preservativo, pero yo solamente follo y la chupo, pero con
preservativo todo, y si a ellos les conviene, bien, y si no les
conviene, pues nada, él ya te dice vale sí o vale
no. Pero si le conviene pues subimos ahí detrás,
a ese portal, el negro, pago yo la habitación, que son
cinco euros, y ahí estamos de quince a veinte minutos,
y si alguno quiere estar más rato entonces me tiene que
pagar más, si quieren una hora les cobro ciento veinte
la hora. A mí a veces me han pagao, muchas veces, solo
por hablar conmigo, por estar conmigo un rato, me han llegado
a pagar dos horas solo por hablar conmigo, porque hay clientes
que vienen aquí que a lo mejor no quieren venir a follar,
que quieren solamente una amistad. Yo he tenido muchos clientes
así, que a mí me han pagado hasta doscientos euros
por una hora, sobre todo los viejos. Alguno viene que me ve por
la calle y me invita a un café, o a comer. A comer menos
veces, claro, que además yo normalmente no puedo porque
tengo que ir a casa a dar de comer a la niña. Aquí
tampoco la gente es toda mala, ya ves. Aquí vienen sobre
todo ecuatorianos, marroquís y viejos, algún cubano
también, mucho sudamericano, pero españoles jóvenes
no, muy pocos. Los marroquís y los cubanos son los más
guapos, hay algún marroquí guapísimo, yo
he subido con alguno de los que le harías un favor sin
cobrarles ni nada, pero, claro, este es mi trabajo, y tengo que
cobrarles. Los ecuatorianos son los más feos y además
son muy empalagosos, te empiezan ahí a acariciar por todos
laos y a quererte chupar y a mí eso es que me da mucho
asco, o sea, no me dejo, te quieren besar en la boca y a mí
eso me da asco, ya te he dicho. En la boca no, qué asco,
yo en la boca solo le dejo a mi marido, y hay veces que tengo
que decirle también no, por favor, no me beses más,
que me da asco. Hay tías que se dejan quitar la ropa y
se dejan besarse esto y lo otro, arriba y abajo, pero yo no. Y
yo abajo no me dejo besar ni de coña, para que eso que
me lo chupe mi marido, no este guarro que a lo mejor ha estao
con cuarenta tías por ahí y me pega lo que sea.
Los viejos son los que te pagan menos, te pagan quince o veinte,
pero encima que pagan poco tardan un montón y hay veces
que se van sin hacer nada, y alguno a veces te tiene que pagar
hasta una hora para que se corra. Viejos hay muchos, un montón,
no te lo creerías, hay veces que ha venido alguno de ochenta
años y todo Ya ves tú, aguantar hasta que se le
ponga la cola dura a un hombre que encima paga una mierda. Y a
veces lo contrario, yo he tenido ocasiones que me he ido con alguno
y nada más tocarme se ha corrido. Yo trabajo mucho porque
por ahora soy la más joven de todas, de las españolas
y de las extranjeras, soy la más joven, bueno había
una más joven por ahí que también tenía
dieciocho años, de las extranjeras, pero no sé dónde
está. Yo empecé con diecisiete, pero tenía
que ir con mucho cuidado, porque si la policía te coge
menor y haciendo la calle te manda al tutelar. Ahora ya tengo
veintiuno, tres años y medio llevo aquí, no sé
la del tiempo que se me ha ido aquí, cincuenta pasos parriba
y cincuenta pasos pabajo, sin hacer más que darle vueltas
al anillo y comerme la cabeza, hablando sola, pa mí, porque
yo no charlo con las chicas porque no tengo de qué. Yo
no quiero criticar a las demás, así que no hablo.
Por eso yo aquí no tengo amigas. Las de aquí son
conocidas, yo de aquí no tengo amigas, solo tuve una, que
ella también solía venir y que también era
española, la Claudia, la del pelito corto, que era guapísima,
mucha gente decía que éramos las más guapas
de la calle, yo y ella, y por eso ella también trabajaba
muy bien, subía muchos clientes. Ella era mayor que yo,
tenía veintitrés. Demasiado la quería yo.
Yo tengo aquí conocidas, que esto es donde trabajo y ya
está, porque no me gusta ser amiga de la gente de la calle,
porque luego hablan mucho por ahí, pues a lo mejor luego
hablan de ti mal. Mira ésta, se sube por quince euros,
y la otra la chupa sin preservativo, y la de allá que esto,
y mira que aquello. O sea que las de la calle son así,
las de mi zona son españolas como yo pero distintas, que
aquí lo único que se hace es criticar que mira ésta
sube por esto, ésta sube por lo otro y ésta es una
guarra, ésta sube por quince y siendo tan joven, ésta
se deja dar por el culo, siempre hablando mal de la gente. Pero
yo no critico ni me gusta meterme con nadie, porque cada una con
su cuerpo hace lo que quiera y ella sabrá por qué
lo hace. Lo que no soporto son las que suben y roban al cliente,
que son sobre todo las yonquis y las extranjeras, eso es distinto,
eso sí que lo critico, que nos joroban a todas, porque
luego se creen que todas somos iguales. Yo es que nunca he robado
a ningún cliente, ni lo pienso, a mí si me paga
no tengo por qué robar a nadie aunque esté aquí
horas y horas, cincuenta pasos parriba y cincuenta pasos pabajo,
escondiéndome en un portal si veo venir a alguno del barrio,
que le pueda ir con el cuento a mis padres. A mis padres les veo,
poquito pero les veo, mi padre es albañil, mi madre ama
de casa, voy a verlos poco porque mi marido no quiere que tenga
mucha confianza con ellos, porque yo muchas veces he necesitado
muchas cosas y ellos a mí nunca me han dao nada, porque
yo he necesitado a lo mejor para mi hija pañales y yo he
ido a pedírselos a mi madre, porque mi madre tiene otros
dos hijos pequeños, de la edad de mi hija un poco más
mayores, y mi madre me ha dicho pues no te los puedo dar, que
te los compre tu marido, que para eso lo tienes, y a mi hermana
incluso también se lo he pedido y nunca me han hecho un
favor y ahora son ellos los que me piden a mí favores y
yo como tonta se los doy. El otro día sin ir más
lejos me dijo mi madre que necesitaba para comprar comida a mis
hermanos, que no había cobrado mi padre porque ahora no
está trabajando, y yo cogí y se lo di, y eso que
mis padres a mi nunca me han querido, desde luego no tanto como
a mi hermana la mayor, porque cuando a mi hermana la llevaban
a la playa, la compraban esto o la compraban lo otro. A mí
no, a mí cada dos por tres me regañaban y si pedía
algo me decían que no tenían dinero, y a mi hermana
se lo compraban. A mí me han dado una vida muy mala, porque
a mí me echaron de mi casa. Mi padre me echó, con
catorce años, porque mi padre bebía mucho y estaba
en contra de mí, no sé por qué, y porque
yo le contestaba, pero mi hermana también lo hacía
y a mi hermana no la echaron y a mí sí. Cuando bebía
me pegaba, pero si no bebía no. Pero ahora ya está
más tranquilito, ahora me ve y me dice a ver si me llamas,
debe ser la edad. Pero yo ahora en vez de irle a ver todos los
días, porque tampoco puedo, pues les llamo. A mi marido
no le gustaba antes que les viera, él no era capaz de ir
a la casa de mis padres conmigo, porque como sabía que
mi padre me había pegao y todo, pues no quería ir,
y tampoco me dejaba ir a mí. Y a la niña no te la
llevas, me decía. Ahora ya sí, ahora le digo que
me voy a ver a mi madre y hay veces que me dice, venga, vale,
pero vente pronto, y si se encuentra a mi padre por el barrio
se toma unas cañas con él y todo. En nochebuena
me voy a ir allí, pero él no se vendrá, porque
con mi madre tiene mucha confianza, pero con mi padre...Tiene
pero no tanta como con mi madre, porque él es una persona
que si ve que me han hecho a mí daño no quiere que
me vaya pallá. Claro, porque él sabe que mi padre
me ha pegao, y que me ha echao a la calle embarazada y todo, porque
me echó la primera vez a los catorce, y luego volví
a mi casa porque mi hermana me convenció, y cuando me quedé
embarazada, a los dieciséis, me echaron de la pastelería,
y mi padre de mi casa. O sea que yo llevo desde los catorce años
buscándome la vida pá mí sola, así
o trabajando en lo que he podido, que al principio me fui a una
pastelería, a un trabajo que me buscó mi hermana.
Me fui a vivir con unas amigas del barrio, que trabajaban ya en
esto, pero después ya volví a casa, porque mi hermana
me convenció. Pero al año entonces me quedé
embarazada, no de la niña de ahora, sino de la primera,
porque yo estaba con un chico español. Era un novio pero
ni yo le quería ni él me quería a mí.
Él era mal marido como quien dice, mal novio, porque me
ponía cuernos con un montón de gente, no venía
a dormir en muchos días. O sea, que yo aguantaba mucho.
Había veces que yo me iba a su casa a dormir y eso y me
quedaba en su casa como una semana o así, y a mis padres
les parecía bien porque él tenía dinero.
Me iba a su casa y me quedaba una semana , pero el venía
solo dos días y los otros cinco se iba por ahí,
venía todo borracho y me pegaba porque sí, porque
le daba la gana, porque hay hombres que beben y se ponen agresivos,
como mi padre que también me pegaba porque le daba la gana,
que yo he vivido una experiencia muy mala, por eso yo no subo
nunca, nunca con gente borracha, porque aquí vienen muchos
borrachos que dicen que me pagan lo que yo quiera, pero yo no
subo porque tengo miedo, a ver si digo yo no quiero hacer esto
y entonces me van a pegar. Hay muchas chicas que las ha pasao
eso, porque han ido con borrachos. Te puede pasar eso o cosas
peores, mucho peores. A mí nunca me ha pegao ninguno, solo
el que me intentó robar el bolso, y me defendí.
A mí no me pega nadie, ni se le ocurra, porque lo mato
con el mismo tacón de la bota. Cuchillo no puedo llevar,
algunas chicas lo llevan, pero pa qué, que aquí
hay mucha policía y como te pillen un cuchillo en el bolso,
estás mal, ya tienen de qué acusarte. Pues eso,
que yo estaba con este chico español y me quedé
embarazada porque me vino, como me pasó con ésta,
con la que tengo en casa. Porque a él no le gustaba con
preservativo, y yo le decía ponte preservativo, y a él
no le gustaba y no se lo ponía, y me quedé embarazada.
Para cuando me di cuenta ya tenía tres meses y no podía
abortar, ya cuando tienes tres meses no puedes abortar, entonces
decidí tenerla. En la pastelería me dijeron que
embarazada no podía trabajar, y mi padre, cuando lo supo,
me echó de casa otra vez. Y claro, yo, en esa época,
que tenía dieciséis años, no tenía
ni trabajo ni tenía casa ni tenia nada, ¿cómo
la iba a mantener yo? Pero ahora me estoy tomando pastillas, para
no tener más. Cuando yo vea que tengo un trabajo bien estable
y todo, ya entonces tendré más niños, ahora
no. Quiero tener un niño, porque tengo dos niñas
y quiero un niño, pero mientras que no tenga un trabajo
bien, no, que no quiero estar con un crío dentro y teniendo
que estar andando todo el rato, cincuenta pasos parriba y cincuenta
pasos pabajo. Y como mi padre me había echao me volví
a casa de las amigas aquellas, que trabajaban todas aquí.
Y esa fue la primera vez que me vine aquí, con diecisiete
años recién cumplidos y embarazada de cinco meses,
que hasta trabajaba más embarazada porque a los hombres
les gustan embarazadas. Me decían es que me encantan las
embarazadas, me dan más gusto. Yo no sé por qué
será, pero es verdad que las embarazadas aquí trabajan
más. Yo es que antes, te digo mi verdad, trabajaba mucho,
yo y todas las que estamos aquí, pero sobre todo yo, que
era la única española de la acera, y además
joven. Ahora es que ni trabajo yo ni trabaja ninguna, porque desde
que llegaron las extranjeras hay demasiadas mujeres, y hombres
no hay más, hay los mismos, o sea, que hay menos trabajo.
Está la cosa muy mala ahora, o sea que ahora tú
vienes por la mañana aquí a las nueve de la mañana
y te vas a las doce sin un puto duro, que no te has subido a un
solo cliente. Ahora no te llevas ni los cien euros al mes, ni
de lejos. Bueno, pues así andaba yo, diecisiete años
recién cumplidos, un bombo de cinco meses y haciendo la
calle, cuando entonces él, el padre, que no sabía
que yo estaba aquí, me paró por la calle, en el
barrio, y me dijo, dame al bebé a mí. Porque su
familia tenía dinero, él es albañil, pero
su padre tiene una tienda de electrodomésticos en el barrio,
y yo pensé mejor que va a estar con su padre no va a estar
conmigo. Ya te digo que él no sabía nada de esto,
ni lo sabe, creo, que si no, no sé si se habría
quedado con la niña. Yo a la niña la veo todos los
fines de semana, está ahora con el padre y con la mujer
de su padre, ya la niña está acostumbrada a él
y a ella, a ella la llama mamá, que ella ha sido quien
la ha criado desde que nació, o sea, que es su madre como
quien dice. Yo con ella, con la nueva madre, no discuto para nada,
porque yo, mientras mi hija esté bien, lo demás
me da igual, y a mí hija no la falta ná, tiene su
comida, tiene su ropa y va a su guardería y todo, por eso
no tengo problemas. Con ella me llevo muy bien, ella me llama
y me pregunta como estás y eso, yo para que voy a discutir
con ella, si ella no tiene la culpa. No sé que pasará
cuando la niña sea mayor y le digan que yo soy su madre
de verdad. Seguirá con ellos, claro, porque yo cuando la
di firmé un papel como que renunciaba, aunque la niña
lleva mis apellidos, no sé muy bien qué papel era,
eso lo arreglaron los padres de él, que llamaron a un abogado
y todo. Yo la tuve quince días como quien dice, solo quince
días, lloré un montón, me harté de
llorar porque se la tenía que dar y era mía, pero
me dije que qué iba a hacer. Me dije, ¿voy a dejar
que la niña se muera de hambre teniendo el padre dinero?
Así que miré por el bien de mi hija, no por el bien
mío. Pero yo procuro ir a verla y todo, ella yo creo que
sabe que yo soy su madre, porque ella cuando me ve no sé
quiere separar de mí. Mi marido a esa niña también
la quiere mucho, la dice yo soy tu tío, y la niña
le habla y se ríe y todo. Y el padre de verdad buen padre
sí que es, porque me la tiene bien, pero buen marido no,
porque le sigue encantando mucho la bebida, pero yo sé
que a mi niña no la pega, eso te lo digo yo, porque ella,
su mujer, y yo tenemos confianza, y ella me ha contao que a la
niña nunca la ha pegao ni la ha regañao, incluso
que él la tiene muy mimada, la tiene muy consentida, en
el sentido que le da todo lo que la niña quiere. A la niña
no la pega, seguro, que yo la veo y está siempre contenta,
y no tiene marcas, pero no sé si a ella, a la mujer, la
pegará, yo creo que sí. Bueno, pues después
de dar a la niña pensé que tendría que volver
aquí, pero tuve suerte y encontré un trabajo como
teleoperadora en una línea erótica, de once de la
noche a siete de la mañana, me pagaban ochenta mil al mes.
Fue mi amiga, la Claudia, que trabajaba aquí, en la calle,
conmigo, la que me lo contó el primer día que yo
volvía para la calle, y me dijo ¿por qué
no vamos juntas a ver si nos cogen?, y me llevó a un sitio
que ahora no sé decirte donde estaba, en la granvía
pero no me acuerdo qué numero, y me hicieron primero unas
pruebas, te ponían un cronómetro, y cuando llamaba
un cliente tenías que estar por lo menos ochenta segundos
antes de que te colgara, a ver si al tío le gustabas y
eso, porque la prueba era que yo tenía que estar por lo
menos ochenta segundos hablando con el hombre, y si el hombre
me colgaba, nada. Y llamó un hombre y bien, y llamó
otro y mejor, y me estuve hasta un minuto y medio hablando con
un hombre y eso que era la primera vez que hacía algo así,
y al final me cogieron y me dijeron sí. Y nos contrataron
a las dos, a mí y a ella. A veces llamaban mujeres que
les gustaban las mujeres y tenías que hacer como de bollera,
y llamaban también para travestís, y tenías
tú que hacer de todo, tenías que hacer de travestí,
tenías que hacer de bollera, tenías que hacer de
todo, de lo que te pidieran. A mí se me daba bien, tenía
labia, me encantaba porque a mí me gusta hablar mucho con
la gente, y en cuanto me hablan me pongo a hablar yo, que es que
no puedo estar callá mucho rato, me encanta hablar, que
en el trabajo ése creo que me cogieron porque no me callaba,
más que por otra cosa, que yo soy abierta, que no soy como
otras que dicen me da vergüenza hablar, no, yo soy así,
y por eso me hice tan amiga de Claudia, porque trabajábamos
juntas allí y hablábamos mucho las dos de todo,
de nuestra vida y de su marido y de sus hijos, que tenía
tres. Hablábamos si no había llamadas, pero casi
siempre había llamadas, no paraban de entrar. Nos hicimos
muy amigas, la Claudia y yo, era mi única amiga en esto,
que yo te digo que yo con la gente de la calle no quiero amistades.
Entonces yo estuve ahí más de un año trabajando,
pero cerraron la empresa, y además lo habría tenido
que dejar de todas formas, porque con ochenta mil pesetas me da
para poco, que el alquiler ya son cincuenta, y a la niña
con treinta mil no la puedo yo mantener cuando mi marido no trabaja.
Porque a mi marido le conocí mientras trabajaba en eso,
no hacía la calle entonces, y enseguida me vino la niña,
la segunda, al poco de conocerle a él, cuando aún
trabajaba en eso. Ya te digo que cuando le conocí a él
ya no hacía la calle, creía que nunca más
la haría, que encontraría otra vez un trabajo como
el de la pastelería y que me olvidaría de todo esto,
pero entonces me vino la niña y tuve que volver. Además
cerraron el sitio de las llamadas, vino la policía y lo
cerraron, por lo visto el sitio era ilegal porque había
algo que no pagaban, no sé si el alquiler o la licencia.
Y la Claudia se vino conmigo, otra vez a la calle, claro. Y un
día llegué aquí más tarde que de costumbre
porque la niña había llorado toda la noche y yo
me había quedado dormida por la mañana, del cansancio,
y no pude llegar a las nueve como siempre. Y me encontré
un montón de policía. Más que nunca, muchísimos
coches. Y el sitio donde nos ocupamos acordonado, que no nos dejaban
entrar. Y antes de que lo dijeran me lo vi venir, sentí
que ya lo sabía, no sé por qué, me dio un
pálpito. Era la Claudia, que se había subido con
un borracho y él hombre le había metido nosecuantas
puñaladas y la había dejado allí desangrándose.
La llevaron al hospital enseguida, pero ya era demasiado tarde.
Durante unos días la calle estuvo muy tranquila, el sitio
lo cerraron pero luego lo volvieron a abrir. Yo estuve también
muchos días que no venía, venía un rato pero
entonces me venían las lágrimas y me encontraba
mal y me tenía que ir. Pero luego seguí viniendo,
claro, a ver, el dinero hace falta, qué iba a hacer. Y
un día me encontré con el policía aquel,
mi amigo, que subía por la calle vestido de paisano. Y
me invitó a tomar un café. Y me preguntó
que cómo estaba y le hablé de la niña y de
mi marido y eso, le dije que estaba bien, pero que yo no podía
dormir, que tenía pesadillas desde lo de Claudia. Y me
dijo ¿quién es Claudia? Y le dije, mi amiga, la
del pelito corto, la española, esa otra joven la que mataron.
Y me dijo, no se llamaba Claudia, se llamaba Julia, que estuve
yo allí y tuve que redactar el informe y todo, y llevaba
el documento de identidad en el bolso, y se llamaba Julia, como
tú. Y estuve a punto de decirle yo no me llamo Julia, pero
a él no le importaba, y él nunca estaba en comisaría
cuando me llevaron, así que no tenía por qué
saberlo. Así que no dije nada. Se llamaba Julia, dijo.
Julia como tú, y como mi mujer, dijo que a ver si te tengo
yo a ti cariño por el nombre. Y le dije, no sabía
que estuvieras casado, como no llevas anillo. Y me dijo, es que
lo perdí, hará tres años o así, o
más, y no me ha apetecido volver a ponerme otro.
De
Una historia de amor como otra cualquiera
©
lucía etxebarría
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