cincuenta pasos

 

A mí las horas se me pasan andando los cincuenta pasos, cincuenta arriba, cincuenta abajo, por la acera. Ando porque la policía no nos quiere ver paradas. Nos han dicho que cada vez que vengan ellos que no nos quieren ver paradas, que tenemos que estar andando, o sea, están aquí tres horas ellos y tres horas andando te tienes que estar, y que no puedes moverte mucho, para no salirte de tu zona. Estos policías son nuevos, porque antes venían los policías nacionales, los de los coches, ahora vienen los de extranjería y eso, yo como he estado dos meses fuera por lo del hospital de la niña pues me vine el otro día y me viene una chica que trabaja aquí, y me dice, ponte a andar que han dicho que no te quieren ver parada, y yo le dije ¿y eso? Y ella me dijo, pues no sé. Y estaba una chiquita parada y le dicen: Tú, ¿no has oído que tienes que andar?, que cuando nosotros vengamos tienes que andar, estemos aquí tres horas o estemos cuatro. Y eso es muy jodido, porque tres horas andando mata, y cuando llueve no te dejan ni meterte bajo los soportales, o te traes un paraguas o te calas, pero quieta no puedes estar. Dicen que es por no se cuál operación del pepé antes de las elecciones, que quieren la calle limpia, y pues si andamos no se nota tanto lo que estamos haciendo, y así no se nos tienen que llevar. No se nos llevan, pero nos tienen machacadas. Estos son nuevos, antes venían los policías nacionales, los coches. A veces la policía han venido, a lo mejor, y hemos estao paradas ahí, y por estar paradas ahí nos han llevao a la comisaría, nos han pedido la documentación y nos han dejado allí, por estar. Yo tengo papeles, yo soy española, tengo papeles, así que me han llevado solo por estar, y te dejan allí hasta que les salga a ellos de las narices, dos o tres horas sentada en un banco, sin hacer nada hasta que viene uno y te dice que ya te puedes ir. Yo creo que dicen, anda, ésta me ha gustado, pues me la llevo. O si no para decir que hacen su trabajo y eso. A las extranjeras se las han llevado a un montón. Pero no importa, porque luego vienen otras, y otras. Y nosotras hemos tenido aquí policías amigos nuestros, que me decía uno, anda tú, a ver si te vas de aquí y no vienes más, anda, que esto no es pa ti, que eres muy joven tú, que tienes la vida por delante, y nosequé y nosecuantos. A ése le gustaba yo o algo, no sé, tenía una perra conmigo, todos los días me venía con lo mismo, que si esto no era para mí. Y yo que le decía tú me buscas un trabajo que me dé para mantenernos a mí y a la niña y yo te juro que más no vuelvo, y ahí se callaba. Algún que otro se va con las chicas, gratis. Yo nunca he subido con un policía, pero chicas de aquí sí. Cincuenta pasos acera arriba y acera abajo, que me los tengo contados, porque si no me paso de zona, porque si tú por ejemplo llevas aquí mucho tiempo trabajando y en esta zona cobran veinticinco igual que enfrente cobran diez y en otra zona cobran cinco, pues cada una tiene que quedarse en su zona, porque si tú trabajas aquí que están trabajando diez personas , y en la otra zona otras diez y en la otra no sé cuantas, pues según lo que cobra cada una que se vaya al sitio donde cobran eso, y como me pase de zona se creen que cobro menos. Así que si ando más de cincuenta pasos me paso de zona, o sea, que cuando he hecho cincuenta pasos me doy la vuelta y otra vez otros cincuenta pasos, pero al revés, cincuenta pasos parriba, cincuenta pasos pabajo, pensando y dándole vueltas al anillo en el dedo, por hacer algo, por nervios, porque yo no fumo y así hago algo con las manos, y eso. El anillo lo llevo desde el principio, desde casi el primer día. Me acuerdo que me daba mucha vergüenza y eso, yo la lo había hecho alguna vez, lo de irme con uno por dinero, pero nunca me había puesto así, en la calle, a buscarlo, pero fui un día que vine con una amiga y me dijo que no, que no pasaba nada, que aquí no pasaba nada, que viniera y que probara y eso, y así que me vine un día y vi que se trabajaba y dije que bueno, y estuve de todas formas buscando trabajo en otros sitios pero siempre dijeron que me iban a llamar pero nunca me han llamao. Mis padres se creen que estoy trabajando en otra cosa, de limpieza, pero una vez se enteraron porque un vecino me vio y les fue con el cuento y mi padre estuvo aquí a ver si me veía y eso, y me tuve que ir unos días hasta que mi padre dejó de venir. Pero luego ya les he engañado y les he dicho que estoy trabajando limpiando una guardería, y ellos no lo saben, si se enterarían sería para mí muy duro. Pero es difícil lo de encontrar trabajo, porque yo no tengo carrera ni efepé ni nada, porque yo estuve en el instituto hasta hacer tercero de la ESO pero luego ya mi madre me hizo dejarlo porque no me gustaba mucho estudiar y mi madre dijo que pa gastarse dinero en los libros que no fuera, y ahora con lo del paro y eso hasta en las pastelerías y en los supermercados hay gente con carrera, o con el COU. Total, que me vine con la amiga y el primer día, la primera vez que me subí a un cliente, me encontré el anillo en la mesilla de noche, ahí, donde el portal negro, donde nos ocupamos. Hay dos pisos y cada uno que entre pues hay que pagarle. Eso es de uno que ha venido aquí, ha alquilado eso y ha puesto esas habitaciones para las mujeres. Nosotras venimos aquí, le pagamos cinco euros y el resto para nosotras. Todo el mundo te ve entrar y ya saben que vas a eso. Ellos ganan mucho dinero porque está abierto las veinticuatro horas del día. Haz cuenta, con todas las que subimos, lo que puede ganar, un montón. Pero también le tiene que pagar a la policía y al ayuntamiento pa que no se lo cierren. La policía lo sabe claro, lo de este, lo del de abajo y lo de todos, que hay un montón. La policía ha entrao alguna vez y todo, pero no para cerrarlo, sino a lo mejor porque alguna chica ha robao a algún cliente, o cuando pasó lo de Claudia, pero esto nunca ni lo han cerrao ni lo han intentao cerrarlo. Pues eso, que vi el anillo en la mesilla y me lo puse, y me venía bien. El hombre ni se fijó, ya se estaba marchando. Y vi que el anillo llevaba una fecha y un nombre por dentro, Julia. Entonces le pregunté al que nos cobra si su mujer se llamaba Julia o si alguna de las chicas que limpiaban se llamaba así. Me dijo que no. Y pensé que era de un hombre que había ido con otra chica a la habitación antes que yo, y se había quitado el anillo para hacerlo. Igual porque le daba remordimiento o vergüenza, y eso. Así que me puse el anillo y el nombre también. Porque muchas chicas se cambian el nombre. Unas porque tienen un nombre feo, como Herminia o Avelina o Antonia. Otras porque piensan que así la gente no va a saber que ellas están en la calle. Que no van a saber que hay una Avelina en la calle y pensar que sea ella. Otras, como yo, por otras razones. Yo porque así cuando me llaman ya sé quien es. Si preguntan por Marijose, no es un cliente. Y si preguntan por Julia, sí. Hay clientes que ná más quieren subir contigo, que no quieren probar a tantas, y te piden el teléfono. Así que me llaman a cualquier hora y me dicen que quieren que me venga para acá, y yo me vengo. Y además que así yo pienso que hay dos personas, la Julia que trabaja aquí, y la Marijose que es la de casa, y así separo las dos vidas y me parece más fácil aguantarlo. Algunos clientes se quedan mirando el anillo y me preguntan si estoy casada. Yo les digo que sí. Yo no estoy casada, estoy juntada, y él no lleva anillo, pero pal caso. Yo a él ya le conocía antes de estar aquí. Yo entonces no estaba trabajando aquí, entonces trabajaba de teleoperadora, y vino una del trabajo y me dijo que si la acompañaba al trabajo de su marido, y ahí estaba mi marido trabajando de albañil, que estaba haciendo una discoteca. Entonces ahí empezamos a hablar y eso y a la semana o así nos juntamos y luego a la niña la tuvimos porque vino, no la buscamos pero vino. A él le están saliendo ahora los papeles, dentro de dos meses o así ya se los dan, o eso querría yo. Luego ya veremos cómo sale la cosa, porque como a él le tienen que traer los papeles de su país y hasta que los encuentre... Le falta el papel como que esta soltero, el del empadronamiento, todo eso lo necesitamos, y hasta que no me los manden de su país, a ver... Pero yo me quiero casar a ver si se los dan más rápido, los papeles, porque suelen dárselos más rápido así, que tengo miedo que un día lo coja la policía y lo mande otra vez a su país, que es lo que me faltaba. Si no pierdo la relación y no hay ningún problema yo quiero quedarme con él mucho tiempo, porque yo le quiero mucho y él me quiere a mí, pero si hay algún problema, pues que a lo mejor sea por discusiones o algo así, entonces se acabaría. A lo mejor a veces discutimos por tonterías, a lo mejor por la niña, porque a lo mejor llegue yo cansada, porque yo salgo de aquí y tiro pa casa, no paro en ninguna parte, pero aquí te cansas rapidísimo, porque estando de pie tantas horas... Y le digo dale de comer a la niña. Pues dale tú, me dice. O que yo le diga ayúdame a subir a la niña y me diga súbela tú, que vivimos en un cuarto sin ascensor, que yo no estoy como para subirla sola. Joder, que yo vengo cansada del trabajo y él está ahí y no está haciendo nada. Por tonterías así discutimos, pero por cosas así gordas nunca hemos discutido, porque yo procuro no discutir con él, pero hay a veces que hemos discutido y él se ha ido por un lao y yo me ido por el otro y a la media hora o él me ha llamao o yo le he llamao y hemos estao otra vez juntos. Yo lo del amor para toda la vida no me lo creo, trabajas aquí y no te lo crees, que la mitad de los que vienen son casados. Pero con mi marido sé que no voy a tener ningún problema por esto, que con lo de la prostitución no voy a tener ningún problema porque ya llevo mucho tiempo trabajando aquí y él ya lo sabe. Al principio, al mes de estar aquí, se lo tuve que decir, porque ya sabes que en un trabajo te pagan al mes, pero el me veía llegar con dinero todos los días. Y me preguntaba, ¿y esto de que lo traes? Nada, porque me lo ha prestado mi madre. O sea, que primero le mentía, pero al final se lo tuve que decir. Nada, cariño, que he estado en este sitio porque no encuentro trabajo y a la niña tenemos que mantenerla de alguna forma y nosotros nos tenemos que mantener, y si te parece bien déjame trabajar allí. Y él dijo pero es que no me gusta, que luego la gente habla. Pero es que a mí me da igual lo que le gente habla, porque es que a mí nadie me va a mantener. Y aunque al principio estuvo una semanita así, muy raro, al final ya lo ha cogido bien, por eso nunca he tenido yo problemas, porque yo siempre se lo he dicho, en cuanto he tenido oportunidad se lo he dicho, y nunca me lo ha echado en cara. Eso es lo mejor de él que me ha hecho, que nunca me lo ha echao en cara, nunca, nunca, problemas con él por eso nunca he tenido, que a alguna de aquí que no lo sabía su marido sí los ha tenido, que el hombre se ha enterado más tarde y la ha molido a palos. Y que tampoco él es de los otros, que no les importa que su mujer esté aquí pero luego le piden ellos el dinero, que yo cuando no quiero venir pues no vengo. Él es una persona que yo le digo cariño no quiero venir y él me dice pues no vayas hoy a trabajar. Con decirte que él ni siquiera pasa por esta calle, no es que no me vigile, es que no viene nunca, porque él dice que cómo va él a consentir que venga un hombre, que yo esté aquí parada y que me suba con él. Si lo veo, yo cojo y lo mato, dice. Pero sabe que yo no lo hago por gusto, que lo hago por la niña. Porque él sabe que yo el dinero que gano aquí no me lo gasto, que yo lo meto en el banco, o sea , que yo soy una persona que soy muy ahorrativa, no por mí, por mi hija, porque tengo una niña y la tengo que dar de comer y a diario hay que comprarle los pañales y la leche. Porque el dinero se me va en la niña, que tres cartones de leche ya te valen quince euros, y no sé cuándo voy a poderla dar leche normal, que de momento me ha dicho el médico que no. Ya te digo que él me trata bien, pero yo anteriormente antes de conocerle a él tenía una experiencia muy mala con los hombres, me trataban mal, porque los extranjeros son así, que les gusta que les des todo el dinero y que trabajes para ellos, pero ellos estando con cuarenta mujeres y estando contigo. A él le conocí y en un principio me dio miedo porque pensaba este es extranjero también, me hará lo mismo que con todos los que he estao. Pero él se portaba muy bien conmigo, él me ayudaba a todo, cuando tuvimos la niña yo pensaba que me iba a dejar y no, él siguió palante conmigo. Además él antes bebía mucho y dejó la bebida por mí, dejó de salir por la noche por mí, no sé, vi que me daba amor, entonces yo cogí y me enamoré de él poquito a poquito, no así del tirón sino poquito a poquito, y ahora ya llevo cuatro años con él, y muy bien porque es una persona muy trabajadora. Aquí llevo como dos años y pico pero estuve como dos meses o así retirada que no vine porque tuve a mi hija mala ingresada por una infección de orina y no podía venir. También dejé de venir una semana cuando pasó lo de Claudia. La niña es muy bonita, la quiero mucho, también ten en cuenta que estoy aquí por ella, porque no encuentro trabajo y la tengo que mantener de alguna forma. La niña ahora está con mi marido, pero a las dos voy yo a casa y la doy de comer. Yo hago esto por la niña y más que haría, pero muchas veces me encuentro diciendo que qué hago yo aquí, siendo joven, que por qué cojones no me sale un trabajo, tantas horas que me paso aquí y todo por una mierda de dinero, porque es una mierda de dinero la que ganas aquí, porque antes se ganaba muchísimo. Yo antes era subir y bajar toda la mañana y toda la tarde, hay días que he estado desde por la mañana hasta por la tarde, sin parar, y a mi casa me he ido con doscientas mil pesetas, incluso ha habido días que he venido por la mañana, me he hecho cien mil y me he ido, y no he tenido que venir por la tarde. Entonces era mucho dinero, era casi mejor que trabajar, en un sentido, pero solo en un sentido, porque no compensa la vergüenza, hay veces que pasa gente que te conoce, como el vecino ése que se lo dijo a mis padres, y hay muchas veces que me tengo que esconder o darme la vuelta o irme para otro lado. A veces la gente de los locales nos han puesto hasta pegamento en las puertas para que nos peguemos, yo me pegué, y mi amiga, la Claudia, también, no nos quedamos pegadas del todo, pero se manchaba la ropa y la tenías que tirar porque era un pegamento muy fuerte que ése no salía con nada. Y yo y la Claudia nos pegamos. El que puso el pegamento, ése, es un cabrón, ése vive encima ahí al lao mío, al lao de donde yo vivo, en mi casa, pues al lao. Los de las tiendas están intentando echarnos, venga a decir que están hartos de la prostitución y todo. Pero como digo yo, si nosotras no hacemos daño a nadie, si trabajamos en esto porque tenemos que comer como todo el mundo, que nadie está aquí por gusto, y no robamos ni le hacemos daño a nadie, y que si estamos aquí es porque hay quien nos quiere, también. Estamos horas aquí mojándonos, empapándonos, pasando frío o pasando calor, según. Ello nos joroban. Que os quitéis de aquí, nos dicen. Como el otro día me pasó, que estoy apoyada allí, en el sitio aquel de los tatuajes, y viene el tío y me dice quítate de aquí. Y yo que le digo ¿me lo puedes decir bien?, que soy una persona igual que tú. Y dice: Lo que sois, sois unas perras. Digo: Perra tu madre, así mismo se lo dije. A mí me puedes decir ¿te puedes quitar de aquí?, con educación, no llamarme perra, o lo que sea. Porque te tratan así, te hacen cada cosa que alucinas. Pero ya cada vez que me dicen quítate de aquí pues cojo y me quito, por no discutir, porque sé que llevo las de perder. Porque si discutes pierdes tú porque viene la policía y te echa a ti la culpa de todo, porque como eres una prostituta, a ver. Incluso vino uno con un tambor persiguiendo a los clientes todo bombo para que al cliente le diera vergüenza que le mirasen y todos supieran lo que hacía y nosotras no pudiéramos trabajar, o sea jorobando la calle, que al del bombo le habían pagado los de los locales. Incluso la gente, los de los locales que dicen que no nos pongamos aquí, son ellos los que suben con nosotras cuando cierran los locales. Y vienen también muchas mujeres extranjeras que causan muchos problemas, o sea que las dices que no se pongan en nuestra zona y se ponen a llamarte de todo, o sea muchas peleas, que si le decimos a una que se vaya a su zona, donde cobran lo suyo, no que se venga a donde estamos cobrando otra cosa, se enfada y nos insulta y venga a chillar y nos busca pelea. Claro que como yo soy española yo me pongo donde quiera. O sea, porque yo cuando llegué esta zona de aquí donde estoy ahora era de españolas y ya cuando llegaron las extranjeras ya nos jorobaron y se pusieron aquí, pero nosotras decimos a las extranjeras que se vayan a otro lado a trabajar, más pabajo, porque las extranjeras cobran muy poco, algunas cobran diez euros, quince, y nos joroban a las demás, porque como no hay trabajo pues los hombres llegan y te dan eso, y ellas se suben por eso porque tienen que enviar dinero a casa, a su país. A mí alguno me ha venido ofreciendo diez euros y yo me he echao a reír. Mira tío, vete a tu casa y hazte una paja. ¿Qué tú te crees que a mí por cinco euros me merece la pena? Porque cinco euros se me van en la cama. Las extranjeras que lo hagan por diez, ellas. Pero muchos hombres dicen que no les gustan las extranjeras, que en la cama son muy malas, que dicen que a lo mejor llegan a la habitación y le dicen que se quite toda la ropa y a lo mejor solo se quitan el pantalón y a lo mejor también muchas veces les han robado y por eso no quieren extranjeras. Yo sí me quito la ropa, pero sólo si pagan. Si me quieren ver sin ropa, entones tiene que pagar más. Yo aquí estoy trabajando para chupar y para follar, no para que me vean mis pechos ni para que me los chupen ni nada, y él que quiera, que me pague más. Si no que me vea solamente la parte de abajo, que es lo que él necesita para echar un polvo, digo yo, vamos. A lo mejor también necesita el pecho, al menos verlos, pero si lo quieren que me lo paguen. Pero a mí no me gusta estar aquí, cincuenta pasos parriba y cincuenta pasos pabajo todo el día, por eso estoy intentando aún buscar trabajo porque aquí no me gusta estar porque es una vida muy mala, porque hay muchos robos, y muchos problemas con los clientes, pos que te piden que hagas cosas que no. Por ejemplo, por el culo, y a lo mejor o te pegan o te insultan o no te quieren pagar, cosas así. Una vez cuando yo estaba con uno yo me fui a lavar y dejé el bolso ahí como siempre lo dejo y él me intentó robar pero yo me di cuenta y entonces él me pegó pero yo me agarré al bolso y no se lo llevó. No, la calle no compensa por mucho dinero que hagas. Además, que ya no se hace dinero, eso era antes, al principio, que ahora la calle está muy jorobada, desde que han venido las extranjeras se ha jodido toda la calle, ahora está esto malísimo. En cuantito me salga un trabajo ya creo que me iré, estoy buscándolo, o sea todos los días intento buscar algo por tos los laos, y el día que me salga algo ya me voy, de lo que me salga, me da igual, de lo que me salga, y me da igual las horas que sea, porque también el día de mañana no quiero que mi hija se entere. Bueno, ahora es chiquitita, pero cuando sea mayor imagínate, que mi hija me pregunte que en qué trabajo, o que alguien se entere, que me vea, porque aquí pasa mucha gente que vive al lado mío, y que se lo digan a mi hija, que eso sería una vergüenza para mí muy grande. Y además aquí ya no queda nadie, hay cuatro moscas, como digo yo. Españolas no van quedando, ya son todas ecuatorianas, que han reventao la calle. Lo que también hay muchas rumanas, marroquís, chinas. Hay dos chinas, muy feas, pero todas las chinas son feas, al menos pa mí. Las chinas cobran diez euros y se suben con los viejos guarros y verdes. Ya habemos solo como cinco o seis españolas, y vamos viniendo menos, porque no compensa. Yo misma ahora no vengo todos los días, antes sí, pero ahora vengo de vez en cuando porque ahora él ya está trabajando, pero con lo que él gana no nos podemos mantener a mí y a la niña y a él. Así que ahora vengo menos, ya no como antes, suelo venir a las nueve y me voy a las dos y a lo mejor luego me vengo por la tarde de cuatro a nueve, si el día sale malo tengo uno o dos clientes pero si el día está bueno por la mañana puedo tener seis o siete y por la tarde a veces más. Ellos vienen a preguntarme, me preguntan el precio, les digo lo que cobro, que son veinticinco euros, y te preguntan lo que haces, si lo haces por el culo o si la chupas sin preservativo, pero yo solamente follo y la chupo, pero con preservativo todo, y si a ellos les conviene, bien, y si no les conviene, pues nada, él ya te dice vale sí o vale no. Pero si le conviene pues subimos ahí detrás, a ese portal, el negro, pago yo la habitación, que son cinco euros, y ahí estamos de quince a veinte minutos, y si alguno quiere estar más rato entonces me tiene que pagar más, si quieren una hora les cobro ciento veinte la hora. A mí a veces me han pagao, muchas veces, solo por hablar conmigo, por estar conmigo un rato, me han llegado a pagar dos horas solo por hablar conmigo, porque hay clientes que vienen aquí que a lo mejor no quieren venir a follar, que quieren solamente una amistad. Yo he tenido muchos clientes así, que a mí me han pagado hasta doscientos euros por una hora, sobre todo los viejos. Alguno viene que me ve por la calle y me invita a un café, o a comer. A comer menos veces, claro, que además yo normalmente no puedo porque tengo que ir a casa a dar de comer a la niña. Aquí tampoco la gente es toda mala, ya ves. Aquí vienen sobre todo ecuatorianos, marroquís y viejos, algún cubano también, mucho sudamericano, pero españoles jóvenes no, muy pocos. Los marroquís y los cubanos son los más guapos, hay algún marroquí guapísimo, yo he subido con alguno de los que le harías un favor sin cobrarles ni nada, pero, claro, este es mi trabajo, y tengo que cobrarles. Los ecuatorianos son los más feos y además son muy empalagosos, te empiezan ahí a acariciar por todos laos y a quererte chupar y a mí eso es que me da mucho asco, o sea, no me dejo, te quieren besar en la boca y a mí eso me da asco, ya te he dicho. En la boca no, qué asco, yo en la boca solo le dejo a mi marido, y hay veces que tengo que decirle también no, por favor, no me beses más, que me da asco. Hay tías que se dejan quitar la ropa y se dejan besarse esto y lo otro, arriba y abajo, pero yo no. Y yo abajo no me dejo besar ni de coña, para que eso que me lo chupe mi marido, no este guarro que a lo mejor ha estao con cuarenta tías por ahí y me pega lo que sea. Los viejos son los que te pagan menos, te pagan quince o veinte, pero encima que pagan poco tardan un montón y hay veces que se van sin hacer nada, y alguno a veces te tiene que pagar hasta una hora para que se corra. Viejos hay muchos, un montón, no te lo creerías, hay veces que ha venido alguno de ochenta años y todo Ya ves tú, aguantar hasta que se le ponga la cola dura a un hombre que encima paga una mierda. Y a veces lo contrario, yo he tenido ocasiones que me he ido con alguno y nada más tocarme se ha corrido. Yo trabajo mucho porque por ahora soy la más joven de todas, de las españolas y de las extranjeras, soy la más joven, bueno había una más joven por ahí que también tenía dieciocho años, de las extranjeras, pero no sé dónde está. Yo empecé con diecisiete, pero tenía que ir con mucho cuidado, porque si la policía te coge menor y haciendo la calle te manda al tutelar. Ahora ya tengo veintiuno, tres años y medio llevo aquí, no sé la del tiempo que se me ha ido aquí, cincuenta pasos parriba y cincuenta pasos pabajo, sin hacer más que darle vueltas al anillo y comerme la cabeza, hablando sola, pa mí, porque yo no charlo con las chicas porque no tengo de qué. Yo no quiero criticar a las demás, así que no hablo. Por eso yo aquí no tengo amigas. Las de aquí son conocidas, yo de aquí no tengo amigas, solo tuve una, que ella también solía venir y que también era española, la Claudia, la del pelito corto, que era guapísima, mucha gente decía que éramos las más guapas de la calle, yo y ella, y por eso ella también trabajaba muy bien, subía muchos clientes. Ella era mayor que yo, tenía veintitrés. Demasiado la quería yo. Yo tengo aquí conocidas, que esto es donde trabajo y ya está, porque no me gusta ser amiga de la gente de la calle, porque luego hablan mucho por ahí, pues a lo mejor luego hablan de ti mal. Mira ésta, se sube por quince euros, y la otra la chupa sin preservativo, y la de allá que esto, y mira que aquello. O sea que las de la calle son así, las de mi zona son españolas como yo pero distintas, que aquí lo único que se hace es criticar que mira ésta sube por esto, ésta sube por lo otro y ésta es una guarra, ésta sube por quince y siendo tan joven, ésta se deja dar por el culo, siempre hablando mal de la gente. Pero yo no critico ni me gusta meterme con nadie, porque cada una con su cuerpo hace lo que quiera y ella sabrá por qué lo hace. Lo que no soporto son las que suben y roban al cliente, que son sobre todo las yonquis y las extranjeras, eso es distinto, eso sí que lo critico, que nos joroban a todas, porque luego se creen que todas somos iguales. Yo es que nunca he robado a ningún cliente, ni lo pienso, a mí si me paga no tengo por qué robar a nadie aunque esté aquí horas y horas, cincuenta pasos parriba y cincuenta pasos pabajo, escondiéndome en un portal si veo venir a alguno del barrio, que le pueda ir con el cuento a mis padres. A mis padres les veo, poquito pero les veo, mi padre es albañil, mi madre ama de casa, voy a verlos poco porque mi marido no quiere que tenga mucha confianza con ellos, porque yo muchas veces he necesitado muchas cosas y ellos a mí nunca me han dao nada, porque yo he necesitado a lo mejor para mi hija pañales y yo he ido a pedírselos a mi madre, porque mi madre tiene otros dos hijos pequeños, de la edad de mi hija un poco más mayores, y mi madre me ha dicho pues no te los puedo dar, que te los compre tu marido, que para eso lo tienes, y a mi hermana incluso también se lo he pedido y nunca me han hecho un favor y ahora son ellos los que me piden a mí favores y yo como tonta se los doy. El otro día sin ir más lejos me dijo mi madre que necesitaba para comprar comida a mis hermanos, que no había cobrado mi padre porque ahora no está trabajando, y yo cogí y se lo di, y eso que mis padres a mi nunca me han querido, desde luego no tanto como a mi hermana la mayor, porque cuando a mi hermana la llevaban a la playa, la compraban esto o la compraban lo otro. A mí no, a mí cada dos por tres me regañaban y si pedía algo me decían que no tenían dinero, y a mi hermana se lo compraban. A mí me han dado una vida muy mala, porque a mí me echaron de mi casa. Mi padre me echó, con catorce años, porque mi padre bebía mucho y estaba en contra de mí, no sé por qué, y porque yo le contestaba, pero mi hermana también lo hacía y a mi hermana no la echaron y a mí sí. Cuando bebía me pegaba, pero si no bebía no. Pero ahora ya está más tranquilito, ahora me ve y me dice a ver si me llamas, debe ser la edad. Pero yo ahora en vez de irle a ver todos los días, porque tampoco puedo, pues les llamo. A mi marido no le gustaba antes que les viera, él no era capaz de ir a la casa de mis padres conmigo, porque como sabía que mi padre me había pegao y todo, pues no quería ir, y tampoco me dejaba ir a mí. Y a la niña no te la llevas, me decía. Ahora ya sí, ahora le digo que me voy a ver a mi madre y hay veces que me dice, venga, vale, pero vente pronto, y si se encuentra a mi padre por el barrio se toma unas cañas con él y todo. En nochebuena me voy a ir allí, pero él no se vendrá, porque con mi madre tiene mucha confianza, pero con mi padre...Tiene pero no tanta como con mi madre, porque él es una persona que si ve que me han hecho a mí daño no quiere que me vaya pallá. Claro, porque él sabe que mi padre me ha pegao, y que me ha echao a la calle embarazada y todo, porque me echó la primera vez a los catorce, y luego volví a mi casa porque mi hermana me convenció, y cuando me quedé embarazada, a los dieciséis, me echaron de la pastelería, y mi padre de mi casa. O sea que yo llevo desde los catorce años buscándome la vida pá mí sola, así o trabajando en lo que he podido, que al principio me fui a una pastelería, a un trabajo que me buscó mi hermana. Me fui a vivir con unas amigas del barrio, que trabajaban ya en esto, pero después ya volví a casa, porque mi hermana me convenció. Pero al año entonces me quedé embarazada, no de la niña de ahora, sino de la primera, porque yo estaba con un chico español. Era un novio pero ni yo le quería ni él me quería a mí. Él era mal marido como quien dice, mal novio, porque me ponía cuernos con un montón de gente, no venía a dormir en muchos días. O sea, que yo aguantaba mucho. Había veces que yo me iba a su casa a dormir y eso y me quedaba en su casa como una semana o así, y a mis padres les parecía bien porque él tenía dinero. Me iba a su casa y me quedaba una semana , pero el venía solo dos días y los otros cinco se iba por ahí, venía todo borracho y me pegaba porque sí, porque le daba la gana, porque hay hombres que beben y se ponen agresivos, como mi padre que también me pegaba porque le daba la gana, que yo he vivido una experiencia muy mala, por eso yo no subo nunca, nunca con gente borracha, porque aquí vienen muchos borrachos que dicen que me pagan lo que yo quiera, pero yo no subo porque tengo miedo, a ver si digo yo no quiero hacer esto y entonces me van a pegar. Hay muchas chicas que las ha pasao eso, porque han ido con borrachos. Te puede pasar eso o cosas peores, mucho peores. A mí nunca me ha pegao ninguno, solo el que me intentó robar el bolso, y me defendí. A mí no me pega nadie, ni se le ocurra, porque lo mato con el mismo tacón de la bota. Cuchillo no puedo llevar, algunas chicas lo llevan, pero pa qué, que aquí hay mucha policía y como te pillen un cuchillo en el bolso, estás mal, ya tienen de qué acusarte. Pues eso, que yo estaba con este chico español y me quedé embarazada porque me vino, como me pasó con ésta, con la que tengo en casa. Porque a él no le gustaba con preservativo, y yo le decía ponte preservativo, y a él no le gustaba y no se lo ponía, y me quedé embarazada. Para cuando me di cuenta ya tenía tres meses y no podía abortar, ya cuando tienes tres meses no puedes abortar, entonces decidí tenerla. En la pastelería me dijeron que embarazada no podía trabajar, y mi padre, cuando lo supo, me echó de casa otra vez. Y claro, yo, en esa época, que tenía dieciséis años, no tenía ni trabajo ni tenía casa ni tenia nada, ¿cómo la iba a mantener yo? Pero ahora me estoy tomando pastillas, para no tener más. Cuando yo vea que tengo un trabajo bien estable y todo, ya entonces tendré más niños, ahora no. Quiero tener un niño, porque tengo dos niñas y quiero un niño, pero mientras que no tenga un trabajo bien, no, que no quiero estar con un crío dentro y teniendo que estar andando todo el rato, cincuenta pasos parriba y cincuenta pasos pabajo. Y como mi padre me había echao me volví a casa de las amigas aquellas, que trabajaban todas aquí. Y esa fue la primera vez que me vine aquí, con diecisiete años recién cumplidos y embarazada de cinco meses, que hasta trabajaba más embarazada porque a los hombres les gustan embarazadas. Me decían es que me encantan las embarazadas, me dan más gusto. Yo no sé por qué será, pero es verdad que las embarazadas aquí trabajan más. Yo es que antes, te digo mi verdad, trabajaba mucho, yo y todas las que estamos aquí, pero sobre todo yo, que era la única española de la acera, y además joven. Ahora es que ni trabajo yo ni trabaja ninguna, porque desde que llegaron las extranjeras hay demasiadas mujeres, y hombres no hay más, hay los mismos, o sea, que hay menos trabajo. Está la cosa muy mala ahora, o sea que ahora tú vienes por la mañana aquí a las nueve de la mañana y te vas a las doce sin un puto duro, que no te has subido a un solo cliente. Ahora no te llevas ni los cien euros al mes, ni de lejos. Bueno, pues así andaba yo, diecisiete años recién cumplidos, un bombo de cinco meses y haciendo la calle, cuando entonces él, el padre, que no sabía que yo estaba aquí, me paró por la calle, en el barrio, y me dijo, dame al bebé a mí. Porque su familia tenía dinero, él es albañil, pero su padre tiene una tienda de electrodomésticos en el barrio, y yo pensé mejor que va a estar con su padre no va a estar conmigo. Ya te digo que él no sabía nada de esto, ni lo sabe, creo, que si no, no sé si se habría quedado con la niña. Yo a la niña la veo todos los fines de semana, está ahora con el padre y con la mujer de su padre, ya la niña está acostumbrada a él y a ella, a ella la llama mamá, que ella ha sido quien la ha criado desde que nació, o sea, que es su madre como quien dice. Yo con ella, con la nueva madre, no discuto para nada, porque yo, mientras mi hija esté bien, lo demás me da igual, y a mí hija no la falta ná, tiene su comida, tiene su ropa y va a su guardería y todo, por eso no tengo problemas. Con ella me llevo muy bien, ella me llama y me pregunta como estás y eso, yo para que voy a discutir con ella, si ella no tiene la culpa. No sé que pasará cuando la niña sea mayor y le digan que yo soy su madre de verdad. Seguirá con ellos, claro, porque yo cuando la di firmé un papel como que renunciaba, aunque la niña lleva mis apellidos, no sé muy bien qué papel era, eso lo arreglaron los padres de él, que llamaron a un abogado y todo. Yo la tuve quince días como quien dice, solo quince días, lloré un montón, me harté de llorar porque se la tenía que dar y era mía, pero me dije que qué iba a hacer. Me dije, ¿voy a dejar que la niña se muera de hambre teniendo el padre dinero? Así que miré por el bien de mi hija, no por el bien mío. Pero yo procuro ir a verla y todo, ella yo creo que sabe que yo soy su madre, porque ella cuando me ve no sé quiere separar de mí. Mi marido a esa niña también la quiere mucho, la dice yo soy tu tío, y la niña le habla y se ríe y todo. Y el padre de verdad buen padre sí que es, porque me la tiene bien, pero buen marido no, porque le sigue encantando mucho la bebida, pero yo sé que a mi niña no la pega, eso te lo digo yo, porque ella, su mujer, y yo tenemos confianza, y ella me ha contao que a la niña nunca la ha pegao ni la ha regañao, incluso que él la tiene muy mimada, la tiene muy consentida, en el sentido que le da todo lo que la niña quiere. A la niña no la pega, seguro, que yo la veo y está siempre contenta, y no tiene marcas, pero no sé si a ella, a la mujer, la pegará, yo creo que sí. Bueno, pues después de dar a la niña pensé que tendría que volver aquí, pero tuve suerte y encontré un trabajo como teleoperadora en una línea erótica, de once de la noche a siete de la mañana, me pagaban ochenta mil al mes. Fue mi amiga, la Claudia, que trabajaba aquí, en la calle, conmigo, la que me lo contó el primer día que yo volvía para la calle, y me dijo ¿por qué no vamos juntas a ver si nos cogen?, y me llevó a un sitio que ahora no sé decirte donde estaba, en la granvía pero no me acuerdo qué numero, y me hicieron primero unas pruebas, te ponían un cronómetro, y cuando llamaba un cliente tenías que estar por lo menos ochenta segundos antes de que te colgara, a ver si al tío le gustabas y eso, porque la prueba era que yo tenía que estar por lo menos ochenta segundos hablando con el hombre, y si el hombre me colgaba, nada. Y llamó un hombre y bien, y llamó otro y mejor, y me estuve hasta un minuto y medio hablando con un hombre y eso que era la primera vez que hacía algo así, y al final me cogieron y me dijeron sí. Y nos contrataron a las dos, a mí y a ella. A veces llamaban mujeres que les gustaban las mujeres y tenías que hacer como de bollera, y llamaban también para travestís, y tenías tú que hacer de todo, tenías que hacer de travestí, tenías que hacer de bollera, tenías que hacer de todo, de lo que te pidieran. A mí se me daba bien, tenía labia, me encantaba porque a mí me gusta hablar mucho con la gente, y en cuanto me hablan me pongo a hablar yo, que es que no puedo estar callá mucho rato, me encanta hablar, que en el trabajo ése creo que me cogieron porque no me callaba, más que por otra cosa, que yo soy abierta, que no soy como otras que dicen me da vergüenza hablar, no, yo soy así, y por eso me hice tan amiga de Claudia, porque trabajábamos juntas allí y hablábamos mucho las dos de todo, de nuestra vida y de su marido y de sus hijos, que tenía tres. Hablábamos si no había llamadas, pero casi siempre había llamadas, no paraban de entrar. Nos hicimos muy amigas, la Claudia y yo, era mi única amiga en esto, que yo te digo que yo con la gente de la calle no quiero amistades. Entonces yo estuve ahí más de un año trabajando, pero cerraron la empresa, y además lo habría tenido que dejar de todas formas, porque con ochenta mil pesetas me da para poco, que el alquiler ya son cincuenta, y a la niña con treinta mil no la puedo yo mantener cuando mi marido no trabaja. Porque a mi marido le conocí mientras trabajaba en eso, no hacía la calle entonces, y enseguida me vino la niña, la segunda, al poco de conocerle a él, cuando aún trabajaba en eso. Ya te digo que cuando le conocí a él ya no hacía la calle, creía que nunca más la haría, que encontraría otra vez un trabajo como el de la pastelería y que me olvidaría de todo esto, pero entonces me vino la niña y tuve que volver. Además cerraron el sitio de las llamadas, vino la policía y lo cerraron, por lo visto el sitio era ilegal porque había algo que no pagaban, no sé si el alquiler o la licencia. Y la Claudia se vino conmigo, otra vez a la calle, claro. Y un día llegué aquí más tarde que de costumbre porque la niña había llorado toda la noche y yo me había quedado dormida por la mañana, del cansancio, y no pude llegar a las nueve como siempre. Y me encontré un montón de policía. Más que nunca, muchísimos coches. Y el sitio donde nos ocupamos acordonado, que no nos dejaban entrar. Y antes de que lo dijeran me lo vi venir, sentí que ya lo sabía, no sé por qué, me dio un pálpito. Era la Claudia, que se había subido con un borracho y él hombre le había metido nosecuantas puñaladas y la había dejado allí desangrándose. La llevaron al hospital enseguida, pero ya era demasiado tarde. Durante unos días la calle estuvo muy tranquila, el sitio lo cerraron pero luego lo volvieron a abrir. Yo estuve también muchos días que no venía, venía un rato pero entonces me venían las lágrimas y me encontraba mal y me tenía que ir. Pero luego seguí viniendo, claro, a ver, el dinero hace falta, qué iba a hacer. Y un día me encontré con el policía aquel, mi amigo, que subía por la calle vestido de paisano. Y me invitó a tomar un café. Y me preguntó que cómo estaba y le hablé de la niña y de mi marido y eso, le dije que estaba bien, pero que yo no podía dormir, que tenía pesadillas desde lo de Claudia. Y me dijo ¿quién es Claudia? Y le dije, mi amiga, la del pelito corto, la española, esa otra joven la que mataron. Y me dijo, no se llamaba Claudia, se llamaba Julia, que estuve yo allí y tuve que redactar el informe y todo, y llevaba el documento de identidad en el bolso, y se llamaba Julia, como tú. Y estuve a punto de decirle yo no me llamo Julia, pero a él no le importaba, y él nunca estaba en comisaría cuando me llevaron, así que no tenía por qué saberlo. Así que no dije nada. Se llamaba Julia, dijo. Julia como tú, y como mi mujer, dijo que a ver si te tengo yo a ti cariño por el nombre. Y le dije, no sabía que estuvieras casado, como no llevas anillo. Y me dijo, es que lo perdí, hará tres años o así, o más, y no me ha apetecido volver a ponerme otro.

De Una historia de amor como otra cualquiera

 

© lucía etxebarría


lucía etxebarría | España, 1966 | Nació en Bermeo, Vizcaya. Licenciada en periodismo y Doctora Honoris Causa en Letras por la Universidad de Aberdeen. Ha publicado: Amor, curiosidad, prozac y dudas, Beatriz y los cuerpos celestes (Premio Nadal, 1998), Nosotras que no somos como las demás, Una historia de amor como otra cualquiera y En brazos de la mujer fetiche. En 2001 obtuvo el Premio Primavera de Novela por su obra De todo lo visible y lo invisible. Asimismo ha escrito una biografía de Courtney Love, Aguanta esto, el ensayo sobre literatura y feminismo La Eva futura/La letra futura y el libro de poemas Estación de infierno. También ha coescrito los guiones de las películas: Sobreviviré, La mujer de tu vida, Amor, curiosidad, prozac y dudas y I Love You Baby. Sitio web: Lucía Etxebarría