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fotodrama
de mujer
I
Hay una mujer alta que duerme. Su cabeza está tapada con
un cojín y abraza un perro de peluche. En la mesilla hay
un vaso de agua, la mitad de una cápsula y una cajita verde
de tapones para oídos. También hay un klinex arrugado,
unas gafas y un despertador.
De pronto el despertador suena. La mujer se mueve muy despacio,
aparta el cojín de su cabeza y parpadea. En su sien se
aprecia una pequeña vena hinchada, la palpa con los dedos
y abre los ojos; dos océanos azules se desbordan y empapan
mi cuaderno
La mujer alta piensa bajito. Hoy es jueves, 20 de junio y cumple
37 años. La mujer no sabe si es feliz o no, pero se propone
hoy al menos, serlo. Mientras se ducha hace afirmaciones y de
pronto, siente dentro del pecho una explosión de felicidad
La
mujer alta se da cuenta que tiene ilusión en el amor, que
tiene ilusión en el trabajo, que tiene ilusión por
la vida, y entre el agua que le cae, vislumbra una rendija por
la que se asoma un futuro luminoso.
Hay una mujer alta cepillándose los dientes por un pasillo.
Las mujeres altas siempre se cepillan los dientes por el pasillo
II
Hay una mujer sentada en una oficina del INEM. Lleva gafas de
sol negras y sobre sus piernas cruzadas reposa una carpeta verde.
Las manos de la mujer juguetean con un pequeño papel en
donde viene anotado el número de su turno.
La mujer que está sentada en la oficina del INEM piensa
que aquello se parece a muchos sitios. El papel con el número
de su turno es exacto al que le dan en la carnicería del
supermercado. Las filas con los asientos de plástico son
idénticas a las del ambulatorio. Y la mujer que está
en el mostrador de información, tiene cara de decir en
cualquier momento: patatas, wooper, coca-cola
Hay una mujer sentada en una oficina del INEM. La mujer sonríe
interiormente, porque se imagina saludando a las paradas de los
autobuses. Al fin y al cabo, ella se ha convertido en una parada
más. También piensa en las paradas cardiacas y en
las respiratorias
La mujer sabe que hay muchos tipos de paradas.
Hay una mujer parada sentada en una oficina del INEM, pero su
corazón trabaja, su corazón no para de trabajar.
Los corazones de las mujeres paradas trabajan día y noche.
Sobre sus piernas cruzadas reposa una carpeta verde con toda la
documentación sobre la extinción de su contrato.
En su despido alegan causas objetivas. Esto significa que la empresa
no tenía medios económicos para sostener su puesto
de trabajo.
También lleva una carpeta roja en el fondo de su pecho,
con toda la documentación sobre su desamor. Pero aquí
no hay causas objetivas. Su despido fue totalmente improcedente,
porque aquel que la abandonó la sustituyó inmediatamente
por otra mujer.
La mujer que está sentada en la oficina del INEM adoraba
su puesto de trabajo y ha renunciado a cualquier tipo de indemnización
por parte de la Empresa. La mujer también adoraba el puesto
que ocupaba en el corazón de su amor, pero no ha renunciado
a su indemnización por parte de la vida. Su corazón
no para de trabajar. Los corazones de las mujeres enamoradas trabajan
día y noche. Si es necesario, está dispuesta a demandar
al mismo Dios. Porque no hay nada más injusto que una mujer
abandonada. Una mujer abandonada es una mujer muerta. Y cuando
una mujer muere no se puede hacer nada, ni siquiera enterrarla.
Una mujer abandonada está sentada en una oficina del INEM.
Lleva gafas de sol negras, y sobre sus piernas cruzadas, reposa
una carpeta verde. También lleva una carpeta roja en el
fondo de su pecho.
III
Hay una mujer quieta, mirando una mesa. A la derecha un whisky,
a la izquierda un cenicero. De vez en cuando levanta la vista
y mira al frente. Se choca con una televisión callada,
sin volumen (como ella). Al menos la televisión es en color,
se suceden las imágenes salpicando tonos. Ella, la mujer,
es en blanco y negro. La cubre una costra.
La mujer se levanta, llega a la nevera y saca un cartón
de agua solán de cabras. Antes de cerrar la nevera mira
el congelador sin puerta. Dentro, como un amasijo de nieve y plástico
está su corazón. Estira su mano y lo toca con la
punta del dedo índice. Piensa deprisa como un rayo: -Debería
estar yo ahí dentro y mi corazón aquí fuera.
Hay una mujer. Hay un viernes, una madrugada
Una mujer se
está muriendo muy íntimamente, sin ruido. Y no se
puede hacer nada. Cuando una mujer muere no se puede hacer nada,
ni siquiera enterrarla. Las mujeres se mueren por el alma, los
hombres por el cuerpo.
Cuando
una mujer se muere tiene que seguir madrugando, fregando los cacharros,
cogiendo el teléfono, sonriendo a raudales
Cuando
una mujer muere no se puede hacer nada.
Hay una mujer, tronchada su mirada como un tallo. Reposa en una
mesa. Se mira las manos. Se mira un anillo y se sube a un planeta,
lo gira y se sube a la luna, lo vuelve a girar y se sube a una
estrella.
Su vida es un anillo que gira en un dedo muerto, sin tacto.
Hay una mujer y es julio y hace calor, pero la mujer tirita. Y
no hay nada que hacer. Las mujeres tienen frío dentro.
Sopla la vida con su boca loca de siroco y caen. La mujeres siempre
caen, pero sólo se les nota en los ojos, porque se mantienen
erguidas como árboles.
Hay
una mujer que piensa: - Olvidar es de cobardes, el que olvida
muere o mata. La memoria es lo único que somos. Olvidar
no es de mujeres ni de hombres. Olvidar no es de vivos. Olvidar
es de sobrevivientes
Hay una mujer en una cama. Una ventana abierta y una luna. Aúlla
un perro y un gato le contesta. La mujer se sienta en la cama
y saca sus pechos por la ventana. La mujer no puede dormir. En
la cama hay un perro de peluche y un erizo sin púas, de
vez en cuando los abraza.
La
mujer tiene sed y se levanta, por el pasillo tropieza con el llanto.
Llega a la nevera y la abre, saca un cartón de agua solán
de cabras. Antes de cerrar la nevera mira el congelador sin puerta,
dentro, como un amasijo de nieve y plástico está
su corazón. Piensa deprisa como un rayo: -Debería
estar yo ahí dentro y mi corazón aquí fuera
©
belén reyes
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