La deshollinadora: Únicamente constante en la inconstancia

 

Dentro de la historia de la literatura gozan de especial cariño las novelas o cuentos sobre amores contrariados. Quizá, es posible atreverse a insinuar que la literatura no es sino la historia de unos amores contrariados en la mayoría de sus casos. Baste recordar sino, que, La Ilíada, uno de los poemas fundacionales de la literatura de occidente, trata entre otros temas, de la nefasta pasión entre Paris y Helena.

Adolfo es una de estas historias. Inscripta en la corriente en ese entonces recién nacida de la novela psicológica, -considerando como pionera del mismo a Madame de La Fayette con La Princesa de Cléves (1678)- fue escrita por Benjamin Constant (1767-1830) en 1802 y publicada en Londres en 1816. Inspirado por las penurias que le causaba su relación amorosa con la célebre Madame de Staël, Constant emprendió uno de los relatos de introspección que más han influido en la novela moderna. (Entre sus “sucesores” declarados podría citarse cierto tono estilístico en Bioy Casares, y las novelas francesas El diablo en el cuerpo de Raymond Radiguet y La hiedra de Pierre Brouisson).

Adolfo es un joven de 20 años, que no conoce el amor, y empieza a sentirse inquieto por esta falta. De manera que, aunque no del todo convencido, se decide a cortejar a una mujer de 35 años, Leonor, esposa de un noble. Leonor, al comienzo, pone obstáculos para la consumación de ese amor, y es gracias a estos mismos obstáculos que la pasión de Adolfo adquiere consistencia. De allí que, como es de esperar, cuando los obstáculos se allanan, el ardor de Adolfo languidece y permanece junto a Leonor por pena pero no por amor.

Durante todo el relato, Adolfo no hace sino culparse e indagar en las razones de su inconstancia, concluyendo con reflexiones acerca del carácter y de las lides amorosas que un poco recuerdan a La Bruyere o a Diderot hablando de las mujeres. Constant escribe: “Las circunstancias son muy poca cosa, el carácter lo es todo; es en vano que se rompe con las cosas y los seres exteriores, si no es posible romper con uno mismo”.

Durante casi ciento cincuenta años, toda la fama de Constant como novelista remitió a exclusivamente al Adolfo. Póstumamente fueron editándose cartas suyas, fragmentos de su Diario y El cuaderno rojo, crónicas breves y en forma de apuntes sobre su vida y sus relaciones con las dos mujeres que marcaron su existencia: su amante durante más de quince años, Madame de Stäel, y Carlota Hardenberg, quien llegó a ser su segunda esposa. Fuera de ampliar aspectos de la vida de Constant para quien quiera conocerlos, El cuaderno rojo no tiene mayores méritos literarios. Recién en 1950, y gracias a un descendiente de Constant, se editó el fragmento de novela Cecilia, que el autor había escrito poco después de 1809 y que guarda estrechas relaciones con Adolfo.

Esta segunda novela parece más bien un cuaderno de apuntes del Adolfo o una breve autobiografìa que una novela independiente. En ella narra los años que pasa hasta casarse con Cecilia y la dificultad que encuentra para romper con la tiránica Mmé. de Malbée, (a la sazón Madame de Stäel), a la que describe de la siguiente manera: “...la persona más célebre de nuestro siglo por sus escritos y por su conversación. Yo nunca había visto nada igual en el mundo. Me enamoré locamente.”

Probablemente, vista desde hoy, la figura de Constant semeje la de un amador inescrupuloso y cobarde (él sabía decir de sí mismo, bromeando con su apellido: “solamente constante en la inconstancia”). No obstante, recuérdese que vivió en una época en la que se enfatizaban las relaciones amorosas, pasionales, y clandestinas (baste recordar que Constant fue contemporáneo de Casanova, por ejemplo) y donde los obstáculos a ese amor lo avivaban con un acento completamente neurótico. Lo absolutamente genial es que de sus propias neurosis, Constant haya dejado sentado un estilo literario que habría de gravar su impronta hasta nuestros días.

 

© Patricia Suárez

p a t r i c i a | s u á r e z | Argentina, 1969 | @ Escritora rosarina y colaboradora de LOS NOVELES. Ganadora del Premio Clarín de Novela 2003 con la obra Perdida en el momento. Ha incursionado en todos los géneros y publicado la novela Aparte del Principio de la Realidad. En 1997, su cuento Historia de Pollito Belleza le valió uno de los premios en el Concurso Juan Rulfo. Su novela inédita, Flor de lino, fue finalista del XL Premio Casa de las Américas. También es autora de varios libros de cuentos, poemarios, obras teatrales y del ensayo La escritura literaria. Página web en LOS NOVELES: Patricia Suárez

 

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