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La
deshollinadora: La permanente obra de Charles
Perrault
Hace
exactamente cuatrocientos dos años se publicaron Los
Cuentos de Mamá Oca, libro que se constituyó
en el más leído y conocido de todo occidente. Su
autor era Charles Perrault, a quien se puede considerar el primer
autor de literatura infantil. No obstante, hasta hoy no puede
afirmarse si su literatura estaba dirigida a los adultos, a los
niños, o era, simplemente, literatura. La popularidad que
alcanzó Caperucita Roja, La Bella Durmiente
del Bosque, El gato con botas o Barba Azul,
no tuvo precedentes en su tiempo.
Había
nacido en París en 1628, hijo de un abogado del Parlamento,
y falleció en la misma ciudad en 1703. Durante mucho tiempo
se discutió si fue él realmente el autor de su obra,
puesto que ninguna de las ediciones aparecidas en vida llevan
su nombre. Se supone que en algunas colaboró con él
su hijo Pierre.
Perrault
fue un hijo de su época: en él convivían
la intención moralizante y racionalista con la más
profunda fe católica. Su primer cuento Grisélidis
apareció en 1691. Se trataba de una obra en verso que narraba
las peripecias de una mujer continuamente golpeada por el destino.
Perrault compuso un total de tres cuentos en verso y el resto
de su obra (ocho cuentos) está en prosa. La recopilación
completa es la que apareció en 1697 bajo el título
Cuentos de Mamá Oca.
Todos
los temas en prosa de Perrault, incluso Riquete el del Copete
al que se consideró durante mucho tiempo como un cuento
netamente literario, son cuentos populares. La obra se originó
a través de una recopilación folklórica;
Perrault se tomó el trabajo de escuchar y quizá
de registrar por escrito los cuentos que se contaban en la campiña
francesa. Existe una gran discusión acerca de si en realidad
estos cuentos no eran versiones de historias de El Pentamerón
de Basile, autor napolitano que aún no había sido
traducido al francés. La teoría de Marc Soriano,
quien estudió la obra del autor en profundidad, afirma
que más allá de que Perrault pudiera leer napolitano,
también la obra de Basile remitía a un contexto
folklórico.
Las
historias de Perrault fueron tan populares que llegaron al campo,
fueron leídas con avidez por los mismos campesinos que
las habían narrado y las re-transmitieron en una nueva
forma. Esto explicaría, por ejemplo, que la Caperucita
Roja de los Hermanos Grimm no acabe muerta en la panza del
lobo, sino que es rescatada por un cazador del bosque. Es sabido
que los Grimm, estaban obsesionados por respetar la versión
original del cuento. En Perrault, en cambio, aparece una mirada
irónica sobre los hechos narrados. Valga como ejemplo de
la ironía que utilizaba el cuento Las hadas, donde
el Príncipe tasa a una joven virtuosa que escupe joyas
por la boca pero no tiene dote: “no importa que no esté
dotada”, dice el Príncipe, “las joyas bastan”.
Algo parecido sucede en Riquete el del Copete, donde
Riquete transforma su fealdad en belleza gracias al poder del
amor, pero Perrault, agrega, al final, “Quizá no
se transformó en un joven bello, quizá fue el amor
sentido el que hizo que la princesa lo viera bello”.
Otra
característica de los cuentos de Perrault, es que allí
los protagonistas están aggiornados del relato
popular original. Las hadas se visten con los mejores modistos,
los reyes sin hijos toman baños en termas -como se hacía
en aquel entonces- para inducir a la fecundación.
Los
cuentos de Perrault fueron leídos en los salones literarios
que eran moda en Francia. Aquellos sitios fueron, sobre todo los
forjadores del llamado amor galante. Se iba a un salón
a galantear, es decir, a practicar una nueva forma de la cortesía.
La propia sobrina de Perrault, Mme. Lheritier, tuvo un salón
literario y llegó a escribir cuentos de hadas. En parte,
la confusión sobre la autoría de Perrault de Los
Cuentos de Mamá Oca, proviene porque en aquel momento
no estaba bien visto firmar una obra. Mme. de Lafayette, por ejemplo,
hasta el final de su vida negó ser la autora de La
princesa de Cléves (1769), y la posteridad lo supo
gracias a que lo había confiado a una amiga. Además,
los cuentos de hadas hicieron furor en Francia, y hasta se organizaron
concursos de cuentos. Los salones literarios dieron autoras de
historias feéricas como la Condesa D’Aulnoy que escribió
El pájaro azul, Mme. de Beaumont, la autora del
célebre relato de La bella y la bestia, y la Condesa
de Murat quien escribió, entre otros, el relato El
príncipe de las malas pasiones.
Fueron
los cuentos de hadas, sin duda alguna, los que dieron uno de los
puntapiés iniciales del género fantástico
que se forjó con el Romanticismo alemán. De allí
que pueda pensarse que quizá el representante más
importante del fantástico alemán, E. T. A. Hoffmann,
en algún punto, no hizo sino incorporar los conceptos de
verosimilitud y de siniestro a los cuentos de hadas tradicionales.
La influencia de Perrault en la literatura fue fundamental para
nuestra cultura. Abrió un camino desconocido -o poco literaturizado
hasta ese momento- cuyos legados llegan hasta la actualidad. La
novela rosa, el folletín, la telenovela, los largometrajes
de la Disney, parte de la obra Angela Carter, de James Barrie
-autor de Peter Pan-, de Frank Baum -autor de El
Mago de Oz-, de Barry Gifford, y de Oscar Wilde, forman hoy
el gran legado de los cuentos de hadas.
©
Patricia Suárez
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p
a t r i c i a | s u á r e z |
Argentina,
1969 | @
Escritora
rosarina y colaboradora de LOS NOVELES. Ganadora
del Premio Clarín de Novela 2003 con la obra
Perdida en el momento.
Ha incursionado en todos los géneros y publicado
la novela Aparte del Principio
de la Realidad. En 1997, su cuento Historia
de Pollito Belleza le valió uno de
los premios en el Concurso Juan Rulfo. Su novela inédita,
Flor de lino,
fue finalista del XL Premio Casa de las Américas.
También es autora de varios libros de cuentos, poemarios,
obras teatrales y del ensayo La
escritura literaria. Página
web en LOS NOVELES: Patricia
Suárez |
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