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Las obras publicadas en Los Noveles son propiedad intelectual de sus autores.
Revista de literatura Los Noveles © 2001-2006
ISSN 1547-8114

 

...SURI CRUISE-HOLMES

Para María Lapachet

 

S: Quien con niños se acuesta, meado se levanta.

(Silencio se-pul-cral)

S: Eso es así.

(Lo asegura con entereza, con la sensación de piscina colmada a base de botes de colonia, que otorga un pañal cambiado veinte minutos antes. Me pregunto qué ha heredado Suri Cruise-Holmes, cinco o seis meses de vida, brotando de una chaqueta de cuero como si de un jarrón chino sustraído en unos grandes almacenes, y descubierto al doblar la esquina de la siguiente manzana, se tratase. Me pregunto a quién se parece, de quién es su mentón, dónde está su naricita. Se presenta ante mí vestida como su bisabuelo Sherlock. Mucho misterio. Sagacidad. Infancia estilo victoriano. Pide de beber. Quiere de comer. Y lo exige todo con una calma aristocrática, mesándose el flequillo, elevando al cielo dos dedos, en actitud pantocratoriana, resignándose al silencio: levanta la mano, extiende su palma, recibe por correo aéreo o paloma mensajera un sobao pasiego)

S: Ñam.

(Muerde)

S: Su carácter esponjoso me recuerda

(y se relame)

a los trajes de mis antepasados. Sus capas oscuras, su cuerpo a rayas, sus globos oculares de cristal, toc toc, miope si te caes y te rompes en mil trozos. Yo nací para saber, nací para custodiar bajo mi lengua una enciclopedia universal. A cada movimiento de mandíbula, a cada trago, empujo hacia mi estómago la teoría de la relatividad, el nombre del inventor de la penicilina, la fórmula de la Coca-Cola, sin vuelta atrás. Vomitar es de cobardes. Huelo a historia cuando me cambian los pañales. Cuando hago de vientre soy Ana Bolena. Si me pongo morada es que he cambiado a Colón por Pizarro. Yo lo sé todo: por las noches Bill Gates sueña con mi estómago. Yo sé cómo te llamas. Se lo que guardas dentro de tu corazón. Se lo que me soplan tus manos, quiromántica.

E: ¿Qué regalo te ilusionaría recibir en tu próximo cumplemeses?

S: Sigo con especial interés diversas series de televisión. Me gustan las historias narradas pormenorizadamente, pasadas por el microscopio, sin abandonar ningún detalle en la cuneta, rebañar el plato, cogerlo y chuparlo hasta no dejar ni una miguita. Los personajes que empiezan presentando su candidatura a la santificación, y acaban dando saltitos encima de la hoguera, en lugar de alrededor, como los indios. Las carcajadas que intentan librarse de una espina de sardina. Prefiero, antes que ir al cine, la temporada completa de una buena serie.

E: ¿CSI? ¿Se ha escrito un crimen? ¿La casa de la pradera?

S: Apuesto por Sexo en Nueva York, ya que la pasión por la filosofía se despertó muy temprano en mí. Mi pasión por la filosofía se parece a los cuellos con encaje, a los bordados de las abuelas, a los cursos de punto de cruz de las asociaciones de mujeres: es un vestido de terciopelo color púrpura, unas enaguas rematadas con puntilla, una fotografía color de calamar. Te hablo de Marx, te hablo de Chomsky; te hablo de Kant, te hablo de Heidegger, de Jung, te hablo de conocer los misterios del mundo, de colgarme al cuello la palabra metafísica, de tener por las noches pesadillas con tipos llamados Superhombre, Superego y Superyo, empeñados en diseccionar mi mente con cuchillo y tenedor, como si se enfrentasen a un filete vuelta y vuelta, y no a mi inteligencia.

E: Tu aspecto, sin embargo, no es el de una filósofa al uso.

S: Elemental, querida Elena. Mi imagen es la de un bebé en una fiesta de disfraces. Ningún enigma, ninguna resolución, es inalcanzable para mí. Me obsesiona una comparación entre los prejuicios y esa comida que sabes deliciosa pero que, sin embargo, acaba amontonándose entre tus dientes, y te forma un puente que dinamitarás con el primer cepillado. La tortilla de patatas mal cuajada, por ejemplo, ahí, con el huevo desbordándose, mitad cumpliendo-su-función, mitad aguándote-la-fiesta. O la bollería industrial. O el chocolate. El chocolate antes de masticarlo, recreándose en la boca, derretido por tu propio empeño.

(Muerde su pipa, mastica su pipa, mancha su boca de chocolate)

Esto no es una pipa. Que conste. Escribe y firma: esto es una pipa de chocolate. No la representación de una pipa, tampoco una pipa dibujada sobre papel y expuesta como obra-de-arte-conceptual: una chuchería, un regalo de mi prima la de Oklahoma. Ni más ni menos, ni más ni menos. Toma positivismo.

E: Quisiera preguntarte, por último, qué respondes a quienes te califican como «el niño Jesús de la Iglesia de la Cienciología»?

S: Y un jamón, con todos mis respetos para judíos y musulmanes, por supuesto. Que no me toquen la moral ni el respingo, por favor. Nacer en silencio en un hospital privado, y no en mitad del campo, rodeado de animales, que si bueyes, que si mulas, es un hecho diferencial. Reivindico mi unigénero. Yo soy una niña; si me hubiesen llamado Marajá, o Banana, otro gallo habría cantado

(en este preciso instante viene que ni pintada la expresión «se descojona viva»)

Y, lo más importante, mientras que Yisus Craist no se enteró ni de la misa la mitad

(está sembrada)

hasta los doce años, aquí me tienes a mí, dando sopas con hondas entre toma y toma de pecho.

(Extiende su mano hacia el cielo. Desvarío: de un momento a otro, Suri se blanqueará los ojos y dirá adiós al techo del dormitorio. Se limita, de momento, a tirar de biberón; y bien que hace)

E: Suri, ¿tienes algo que añadir?

S: Por supuesto. Encuentro la dieta mediterránea y la nouvelle cuisine en franca decadencia. Abogo por el reciclaje. La placenta está mejor adobada, regada con vino blanco, y unas uvitas de postre. Y, en cuanto al futuro profesional de mi padre, saludo desde aquí al gremio de carpinteros de Hollywood, por lo que pueda suceder. No tengo nada más que añadir.

© Elena Medel

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Elena Medel | España, 1985 | Es becaria de creación del Ayuntamiento de Madrid en la Residencia de Estudiantes. Ha publicado los poemarios Mi primer bikini (DVD, 2002), Vacaciones (El Gaviero, 2004) y Tara (DVD, 2006). También ejerce la crítica literaria, imparte talleres de creación, escribe artículos y cuentos y hace de las suyas (y de las de otros) en La Bella Varsovia. (Foto: José Antonio Chacón)