
Manu Chao
Cola para embarcar. Un viaje largo, doce horas con suerte y puntualidad en el despegue, conexión en un aeropuerto más bien estación de autobuses de minúscula capital de minúscula provincia, otro vuelo nacional de dos horas y media. Anoche guardaste en la maleta el pijama, mudas limpias suficientes para los días que pasarás fuera, el cepillo de dientes y la pasta y el peine, algunos pantalones vaqueros y camisetas para superponer, dependiendo del frío o el calor. En la mochila algunos libros para el trayecto, otros más junto a los calcetines para reponer en la vuelta, cargadores diversos: teléfono móvil, ordenador portátil, reproductor de música.
Entregas la tarjeta a la azafata, caminas, localizas tu asiento. En la mochila algunos libros para el trayecto. La abres. Y sacas el portátil y la agenda, pero recuerdas que olvidaste la novela de seiscientas páginas en el despacho, y el poemario breve en la mesilla de noche, y que en el disco duro del portátil no conservas ninguna película.
Pero un iPod. Un iPod al fondo de la mochila. Un iPod que enciendes, un iPod sin batería, un iPod que sirve para lo mismo que un coco sin abrir o un zapato en impar. Y te desplomas sobre el asiento 35-F.
—Qué ocurre —lo pregunta el ocupante del asiento 35-G, gorro de lana, sonrisa chispeante, lector de Naomi Klein. Y evocas tu flexo, el despertador, el equipaje facturado, la falta de previsión. Él agarra su mochila étnica, con mucho cuero y mucha lana entretejida, adquirida en un mercadillo del mundo o en una tienda de comercio justo o regalada por el mismo artesano que la parió, y sobre tu bandeja extiende sus tesoros: un iPhone, uno de esos ordenadores de batería infinita, prestaciones moderadas y tecnología japonesa, varias biografías sobre el Che, con ch de Chiapas, y un iPod—. Toma, compañero. Yo dormiré y leeré, así que tú puedes entretenerte con esto —y en tu mano la carcasa, los auriculares.
Escuchar música en un iPod ajeno equivale a viajar a la mente de su dueño. Te minimizas, te consumen igual que una pastilla, en lugar de bucear hasta el estómago trepas por los pelillos de la nariz, te zambulles en el hipotálamo. He aquí el resultado de la carpeta On-The-Go, tu temporada en el infierno:
http://es.youtube.com/watch?v=qWV2kM1laIc
http://es.youtube.com/watch?v=Y_eR78wlJiQ
http://es.youtube.com/watch?v=XCb0qfJUZ2w
http://es.youtube.com/watch?v=GUAO7OaGKxU
http://es.youtube.com/watch?v=ul7TT98Na9s
http://es.youtube.com/watch?v=MXRvJlNqOVU
http://es.youtube.com/watch?v=4ihdGn9zuyA
http://es.youtube.com/watch?v=H2W4wglPW2c
http://es.youtube.com/watch?v=KJB6bMVCV5Q
http://es.youtube.com/watch?v=k50emadHTJ4
http://es.youtube.com/watch?v=mzgjiPBCsss
© Elena Medel
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