EN
BUSCA DE BELEN Y NURIA
Hacia 1976 Leonard Nimoy ya había dejado en el armario
su traje de oficial de la nave espacial Enterprise y, seguramente,
pocas veces, tan sólo en reuniones con esos amigos
que entre copa y copa rememoran las cursilerías más
fanatizadas, llevaba a cabo el ya clásico ritual de
su saludo vulcaniano: aquella famosa V inspirada en la letra shin de
los hebreos. Transcurrió el tiempo –el reloj nunca
cesa su tictac, ahora mismo, fíjate, se escapó un
segundo sin que lo vieras correr- y Nimoy tuvo una marcha
fugaz interpretando a Paris The Great en la serie de televisión Misión
Imposible. Luego de ser Paris por un día la
vida le dio opciones, más de una opción estamos
seguros –porque eso tiene de guasona la vida, que abre y
cierra puertas, como abre y cierra bocas, como sube y baja
escaleras, etcétera, etcétera-.
Desde luego, y ya sin las
gafas de los Doctores en Farándulas
Extranjeras por la Universidad de Startrek, después
de un párrafo y tantos segundos perdidos para siempre,
debemos decir, en honor a la verdad, que no tememos la
más puñetera idea de todas las insípidas
y sabrosas propuestas que Nimoy tuvo a su alcance al asomar
mediados de los 70; tal vez, sí, si leyésemos
su biografía, si hubiésemos investigado, claro.
Pero no se dio el caso, porque Leonard Nimoy, al menos para
efectos de esta pesquisa, tan sólo nos sirve como
el mejor pretexto para moldear nuestra aventura pervirtiendo
el nombre de uno de sus programas de televisión en
su época postviajealasestrellas: En busca de… (1976-1982)
En busca de… solía
abrir con un Leonard Nimoy en algún lugar de las rocallosas,
siempre con pantalones acampanados, sin apéndices
postizos de goma en las orejas, o muy abrigado en pleno invierno
escocés,
el pelo lacio flameando con el viento, un Nimoy explorador
que se interesaba en las abducciones atizadas por seres de
otras galaxias, en los dinosaurios acuáticos confinados
en agua dulce o en los pies grandes de un bípedo peludo
que ni es simio ni humano, según los creyentes. De
esta manera, el otrora Sr. Spock nos entretenía por
media hora con las crónicas espeluznantes de pilotos
que nunca llegaban a su destino, brújulas magnetizadas,
avivando nuestra relación con el mundo fuliginoso
y desconocido.
Ahora, en el año 2005, ya sin Nimoy a la cabeza,
Los Noveles se dispone a revivir aquella fenecida serie de
televisión con una busca transoceánica jamás
antes vista u olfateada: En busca de
Belén y Nuria.
Por tres largos años los editores de esta revista
han estudiado el fenómeno que son Belén Gopegui
(La escala de los mapas, Lo real, La conquista del aire)
y Nuria Barrios (Amores patológicos, El zoo sentimental),
calificándolo de sobrenatural, paranormal, misterioso,
inexplicable, hermético, esotérico, convirtiéndolo,
en definitiva, en material perfecto para este programa sin
presupuesto ni cámaras, falto de Nimoy, pero con un único
y trascendentalísimo objetivo que es hallar a Belén
Gopegui y Nuria Barrios, ambas narradoras vitales y merecedoras
de nuestra consideración.
Esta es, entonces, la manera
más original, descabellada
e insólita que pudimos concebir para ubicarlas. Hemos
preguntado, seguido huellas, sin embargo, ambas nos eluden
como los ovnis a los radares. He aquí nuestra búsqueda,
nuestro interrogante: ¿dónde están Nuria
y Belén? Y el pedido de editores difusos en su desesperación,
presos en triángulos de las Bermudas. Alguien auxílienos,
por favor.
Buscamos a Belén
Gopegui (Madrid, 1963), registrada como
Belén
Ruiz de Gopegui, que ha escrito, mucho, y tiene la siguiente
fisonomía:
Y a Nuria Barrios (Madrid,
1962), de sexo femenino, doctora en Filosofía, con
dos ojos que se semejan a estos:
No son monstruos residentes en altiplanicies indóciles,
tampoco seres que se convierten en polvo al contacto con
la luz. Sólo se trata de dos escritoras, magníficas
escritoras, y estamos en busca de ellas desde siempre. Alguien
debe conocerlas. ¿Alguien puede ayudarnos?
Los Noveles
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