BANDE À PART
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| Francia, 1964 |
Dirección y guión:
Jean-Luc Godard |
Actuaciones: Anna Karina,
Sami Frey, Claude Brasseur |
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A JLG
le tomó sólo veinticinco días filmar Bande à part.
Algo que no debería
extrañar a nadie, ya que sus películas, particularmente
las que concibió en los años 60, surgieron
de rodajes de corta duración, es esta premura parte
notable de su estilo como integrante de la Nouvelle Vague,
sin dejar de señalar, desde luego, que por aquellos
años una película francesa producida para distribución
nacional no debía exceder los 90 minutos de metraje.
A pesar de ello, Bande à part es uno de
los títulos más apresurados de JLG, inclusive
para los modelos que él mismo había fijado
en sus filmes anteriores. Así tenemos una marca olímpica
de 25 días, diálogos escritos minutos antes
de oprimir el botón de la Mitchell, sustituyendo un
guión
imaginario, y lo que en suma viene a constituir la improvisación
dominante del autor: hoy rodamos en el Louvre, mañana
tal vez la secuencia de la barca, si se me ocurre algo mientras
tomo el café. Esto quizá se debe a la encarnación
de sus impulsos, recordemos que antes de Bande á part,
su sétimo largometraje, JLG había fracasado
en salas de cine y diarios con Les carabiniers (1963).
Aquella pequeña frustración, que no pudo ser
resuelta con los rastros rojos que la Bardot planta a lo
largo de Le
mépris (1963), obligó a JLG a revolver
su pasado cinematográfico para cobijarse y, de la
misma manera, redescubrirse con la que se podría llamar
la temática más lograda de sus primeros años:
los detectives y ladrones filmados en blanco y negro. Para Bande à part preferiría
a los últimos, llamándoles: Arthur, Franz y
Odile. Estos tres personajes, según el propio JLG,
forman una verdadera banda aparte, pero no a consecuencia
de que vaguen insociables retirándose de la civilización
conocida, sino porque la civilización, sin que el
trío lo demande en un manifiesto rojo, se aleja de
ellos y de su singular naturaleza.
Salvador Raggio |