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Las obras publicadas en Los Noveles son propiedad intelectual de sus autores.
Revista de literatura Los Noveles © 2001-2005
ISSN 1547-8114

 

 

 

INTERMEZZO

 

–¿Vas mucho al cine, Postigo?

–¿Mande?

–No me digas ‘mande', por favor...

–¡Y qué chingados quieres que diga!

–‘¿Qué?', ‘¿ah?', ‘¿disculpa?'... tienes muchísimas expresiones útiles... ¿o prefieres que te mande como si fueras mi esclavo?

–Pos en mi pueblo se dice ‘mande'

–¿Y qué esperas?... indios mugrientos que no pueden quitarse el complejo de servidumbre...

–Pérate tantito, pendejo... ¡a mí no me digas indio!

–No te he dicho indio.

–Pinche peruano... ¿a poco me crees pendejo?

–Pues en Lima sería un cumplido.

–¿Llamarme indio?

–No, Postigo, llamarte pendejo.

–¿A poco en Perú los pendejos son chidos?

–Un pendejo es un pobre huevón con suerte. O un ratero popular. O un analfabeto agraciado. Todo depende.

–¿Y una pendeja?

–Una pendeja es una puta.

–Todas las mujeres son unas putas, güey. Te lo digo por experiencia.

–¿De qué experiencia me hablas?, ¡si siempre andas solo!

–Ando solo porque las viejas que tuve me chingaron.

–Indias todas, supongo.

–No, güey, cómo crees...

–De tu pueblo, digo.

–Güeritas, cabrón, unas escuinclillas chulísimas.

–¿Indias pintadas entonces o rubias-rubias?

–¿Cómo rubias-rubias?

–Así, pues, como la mujer de Súper Ratón.

–¡Uta, cabrón! si el mero mero te oye, la neta que te arroja a los leones.

–¿Se lo vas a decir?

–Ni que fuera rajón... pero yo me andaría con cuidado...

–Bueno, rubias-rubias ¿o cómo?

–No entiendo ni madres, peruano, ¿rubia-rubia no es güera-güera?

–A ver, Postigo: una flaquita rubia es una huevona blanquita con pelo amarillo natural, ¿manyas? No es india ni chola. Las indias o cholas rubias son rucas teñidas y, como dices, todas son unas putas de mierda, ¿estamos?

–Una güerita es una güerita, güey, al menos para mí.

–Estás mal, pues, y te lo voy a demostrar.

–A ver...

–Te acostabas con tus güeritas, supongo.

–Simón.

–¿Alguna vez te fijaste en sus pendejos?

–¡Cuáles pendejos, cabrón!

–En sus vellos, Postigo, en sus vellos púbicos.

–Yo cuando cojo me fijo en todo.

–¿De qué color eran los pendejos de tus güeritas?

–¡Chale!, ahí sí me agarraste de bajada...

–Si eran rubiecitos entonces eran rubias-rubias. Si eran negros o marrones y su cabello era rubio, entonces eran indias o cholas o mulatas. En realidad no importa, es casi la misma huevada.

–¡Ah, qué peruano! Mulatas, dice el gallo... Pos, yo te veo bien marroncito cabrón ¿no serás un zambito mamón?

Vuelve a decirme zambo y te mato a golpes.

Cálmate, güey...

–¿Te repito la pregunta mejor?

–Órale

–¿Vas mucho al cine?

–Pos claro.

–¿Mucho mucho?

–Un chingo.

–No jodas...

–Me cai, güey

–Te puedo hacer una pregunta de cine, entonces.

–Las que gustes...

–¿Te gustan las películas de Scorsese?

–¿Mande?

–...

–¡No entendí ni madres, güey!

–¡Scorsese, cojudo, Es-cor-se-se!... ¿No me digas que no sabes quién es Scorsese?

–No pos no sé quién chingados es ese güey

–¿No que ibas al cine?

–A ratos.

–Y cuando vas ¿qué ves?

–Pos la mera verdad, voy al cine cuando a la güera le da la chingada gana y siempre me quedo dormido ni bien apagan la luz.

–¿Y la güera va mucho?

–Pos depende. Si por la cabrona fuera yo creo que iría menos, pero si el mero mero está pedo y ya se cansó de cogérsela o ha llegado una nueva ruca a la colonia, entonces me llama... «Postigooo», me dice el bato con su vocecita de popis, «venga para acá, Postigo», como si fuera el pinche chofer o el fresco del mayordomo, «me lleva a la señora adonde ella le indique, ¿está claro?... Usted se encarga de que ningún putito insolente se le acerque», me dice bajito y luego me da lana...

–Y entonces la güera elige el cine...

–Pos asegún... si está encabronada o empieza a lloriquear en la troca, eso significa que va a reventarle la tarjeta al bato con chingaderas que después ni usa. Pero si no dice nada, si se queda mirando como mensa las avenidas o a la gente que pasa, entonces sé que nos vamos al cine.

–Aguanta un toque, Postigo, ya estamos saliendo de la ciudad, ¿seguro que es por acá?

–Ya mero llegamos, peruano. Dale derecho.

–¿Estás seguro que la nota es con García?...

–Simón.

–¿Estamos yendo a su casa?

–A la de su vieja.

–No entiendo. ¿Y qué chucha le hizo García? ¿No es de los más antiguos?

–Por lo mismo, güey. García es un gandalla, un hocicón, un pinche ojete sin ir más lejos. El mero mero no me dijo nada pero yo ya lo había wachado de antes. Debe ser chivato. Ni te apenes, güey. No le hace. El bato nunca se equivoca con los jales.

–Creo que la coca lo está loqueando...

–¡Más respeto, peruano!... No te saques de onda, güey, ya ves cómo es el bato de azotado... Mientras no sea marro no hay pedo ¿no?...

–Siempre hay pedo, Postigo... Tendrías que ver más cine.

–¿Y qué chingados tiene que ver el cine acá?

–Un huevo... Las películas de Scorsese, por ejemplo... Buenos muchachos , por ejemplo... ¿Seguro no la has visto?

–No, güey, ¿de qué va?

–Es de un patita que desde mocoso sueña con ser gángster. ¿Sabes por qué? Porque se da cuenta de que en el mundo sólo hay dos tipos de personas. Los cojudos, o sea los que trabajan como negros. Y los pendejos, o sea los que roban, tienen a las hembritas más ricas y hacen lo que chucha les da la gana sin que nadie los joda.

–¡Qué chingón! ¿Así como nosotros?

–No, Postigo, estos huevones son otra cosa... Ni te imaginas los tremendos hembrones que se tiran...

–¿Rubias-rubias?

–Y morenas, y pelirrojas... Claro, sólo carne blanca. Nada de negras... Al único negro que sale en toda la película, le meten plomo de una.

–¿Por negro?

–Claro, y también porque uno de los mafiosos se está loqueando...

–Ya wacho por dónde vas.

–Estos huevones no tienen jefe, Postigo. Lo que hay es un gordo con cara de estreñido pero no es su jefe, ¿manyas?

–¿Tons qué es?

–Es como su viejo. Mejor: es como el padrino pero más solapa... Es decir, tiene pinta de tío honrado y hasta es popular el puta pero ni cagando es su jefe... ¿Tampoco has visto El padrino?

–Mano, la neta... a mí me gustan las películas de Tin Tan...

–No me sorprende.

–Ya wacho por donde vas...

–A ver, explícame.

–Como la güera del mero mero está requete buena y también están las otras viejas chulas de la colonia, a diferencia de nosotros, el bato sí es un gángster, ¿sobres?

–Súper Ratón es un narco de mierda, Postigo, no me jodas. ¿O te parece que tiene pinta de honrado? ¿O te parece elegante con esos trajecitos Miami Vice que se manda?

–Pos al menos más que yo...

–Lo que tiene es pinta de maya, Postigo, de cholo superado... Además, se me hace que él y la gringa ya ni cachan.

–¿Ya ni qué?

–Cachan. Tiran. Cogen. Follan, Postigo, ¿eres analfabeto o qué chucha? Si tengo que explicártelo todo mejor no hablemos.

–O sea que dices que el bato no se coge a su vieja, eso dices.

–Una vez la escuché hablando por teléfono. De casualidad, claro. Como Súper Ratón no sabe inglés, la gringa asume que nadie en la colonia sabe y habla y habla conchudísima...

–¿A poco sabes inglés?

–Inglés, francés... portugués también.

–No manches pinche peruano, ¡cómo le echas crema a tus tacos!... A ver, dime gallo, ¿cómo se dice ‘verga' en inglés?

Dick. O penis.

–¿Y en francés?

Le diqué o Le Pen.

–¿Y en portugués?

–Ésa te la debo, calichín.

–¡Ah, qué peruano fufurufo!, te la debo dice...

–...

–¿Sí te fijaste en cómo habla?

–¿Quién?

–La güera... Es un desmadre, “nou mames” dice la pinche gringa como chicanita fresa.

–Postigo, ¿me dejas terminar la historia?

–Sobres.

–Ya. ¿Qué te decía?... Ah, sí, de la gringa, que habla con un hombre la muy pendeja. No decía nombres, pero, a ratos, así como que se le arrechaba la voz...

–Entonces le está poniendo los cuernos al machín, eso dices.

–No he dicho eso. Lo que digo es que me parece que ya no cachan.

–O sea que para ti el mero mero puede ser mayate.

–¿Mayate?

–Mayate. Puñal. Joto. Puto, peruano culero, ¡cuántos pinches meses llevas en el DF y no has aprendido ni madres!

–...

–¡No te agüites, peruano!

–Ríete mejor, conchatumadre... Ríete bien que yo me voy a reír luego.

–No te pongas gacho, güey, no hay pedo...

–¡Cuánto chucha falta!

–Ahora sí, ya mero estamos, ponte chango... ¿Y qué pedo con la güerita, entonces?

–¿Cómo qué pedo?

–Pos si el mero mero no es joto, ¿por qué chingados ya no se la coge?

–¿Qué tiene que ver que sea o no rosquete, Postigo?...

–Dime tú.

–No tiene nada que ver.

–Ahora que lo dices, güey, ya me cayó el veinte... ¡Pinche García! Yo lo vi echándole los perros a la güera... El muy cabrón... Seguro por eso el bato quiere darle chicharrón.

–¿García? ¡Con el cacharro de orangután que se maneja! No te pases, Postigo. La gringa será cochina pero no seas malo.

–Si no es García es otro gallo, pero fijo tiene un detalle...

–¿Y tú cómo sabes?

–¿A poco crees que eres el único que escucha?

–¡Si habla en inglés!

–Uta, peruano, cómo eres güey... Cuando la güera está grifa dice puras chingaderas y se le entiende todano.

–Déjame ver si te sigo...

–Órale.

–La flaca tiene otro jinete.

–Simón

–¿Es gringo?

–Nel, gabacho no es...

–¿Y Súper Ratón lo sabe?

–Pos el otro día le partió la madre...

–¡Pero si siempre le pega!

–Ya. Pero ésta fue gachísima...

–¿Y tú crees que es García?...

–Sea o no García, igual lo vamos a chingar.

–Estamos cagados, entonces...

–¿Por?

–¿Comprendes lo que eso significa, Postigo?

–¿Chingarnos a García?

–No, cojudo, que nos lo carguemos y no sea él.

–No, güey, cómo crees… ¡A huevo es él!

–¿Cómo puedes estar tan seguro?

–Pos… Si no es García, peruano, ¿quién va a ser?

–…

–Dóblale en la siguiente vereda.

–A lo mejor tienes razón...

–Bájale al pedal, güey, nos vamos a pasar...

–Postigo...

–¡Que le bajes, cabrón!

–A lo mejor sí es García...

–A huevo.

–... total, si la gringa tiene estómago para Súper Ratón, ¿por qué no para García?

–Sobres... y además ya te he dicho que el bato nunca se equivoca con los jales.

–La muy puerca... Mira que meterse con García.

–¡Hasta me da hueva, güey!... Menos mal que ya llegamos. Ponte detrás de ese árbol.

–¿Cómo que llegamos? ¿En dónde está?

–Ahí mismito ¿no ves?...

–No veo ¿qué?

–¡La pinche casa!

–¿Esa cagada es la casa de García?

–De su vieja.

–¿Y dices que García está dentro?

–Pos claro.

–Con la flaca…

–Simón.

–García y su flaca viven aquí... en este establo... perdidos.

–Que sí... ¿te estás haciendo pendejo o qué?

–Ya...

–¡Lánzate, güey!

–¿Cómo es la cosa?

–¡Cómo que cómo es la cosa!

–Sí, ¿cómo es?, ¿cómo la hacemos?

–¿Y cómo va a ser? Como siempre, tú vas por delante y yo te cubro la espalda.

–No creo.

–No crees ¿qué?

–Esta vez salimos juntos, Postigo.

–¿Cómo juntos?

–Ya oíste.

–¿Qué onda traes?

–No hay onda.

–No, en serio, cabrón, ¿qué pedo?

–Ninguno. Hoy salimos juntos, es todo.

–No entiendo.

–¿Qué no entiendes?

–¿Qué chingados te pasa?

–No me pasa nada.

–¿Y por qué me estás mirando con esos pinches ojos de loco, entonces?

–No hables cojudeces, Postigo... Yo siempre te miro igual.

 

© Diego Trelles Paz

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Diego Trelles Paz | Perú, 1977 | Estudió cine y periodismo en la Universidad de Lima. Obtuvo la maestría en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Austin e hizo crítica de cine en el diario El Comercio. En 1999, escribió y dirigió el cortometraje Como si la muerte fuera para ellos. Es colaborador de la revista Quehacer, estudiante del doctorado en Literatura Hispanoamericana y director de la revista Pterodáctilo. Ha publicado Hudson el redentor. El círculo de los escritores asesinos, su segunda novela, aparecerá en Barcelona este año.