INTERMEZZO
–¿Vas mucho al cine, Postigo?
–¿Mande?
–No me digas ‘mande', por favor...
–¡Y qué chingados quieres que diga!
–‘¿Qué?', ‘¿ah?', ‘¿disculpa?'...
tienes muchísimas expresiones útiles... ¿o
prefieres que te mande como si fueras mi esclavo?
–Pos en mi pueblo se dice ‘mande'
–¿Y qué esperas?... indios mugrientos que
no pueden quitarse el complejo de servidumbre...
–Pérate tantito, pendejo... ¡a mí no
me digas indio!
–No te he dicho indio.
–Pinche peruano... ¿a poco me crees pendejo?
–Pues en Lima sería un cumplido.
–¿Llamarme indio?
–No, Postigo, llamarte pendejo.
–¿A poco en Perú los pendejos son chidos?
–Un pendejo es un pobre huevón con suerte. O un ratero
popular. O un analfabeto agraciado. Todo depende.
–¿Y una pendeja?
–Una pendeja es una puta.
–Todas las mujeres son unas putas, güey. Te lo digo
por experiencia.
–¿De qué experiencia me hablas?, ¡si
siempre andas solo!
–Ando solo porque las viejas que tuve me chingaron.
–Indias todas, supongo.
–No, güey, cómo crees...
–De tu pueblo, digo.
–Güeritas, cabrón, unas escuinclillas chulísimas.
–¿Indias pintadas entonces o rubias-rubias?
–¿Cómo rubias-rubias?
–Así, pues, como la mujer de Súper Ratón.
–¡Uta, cabrón! si el mero mero te oye, la neta
que te arroja a los leones.
–¿Se lo vas a decir?
–Ni que fuera rajón... pero yo me andaría
con cuidado...
–Bueno, rubias-rubias ¿o cómo?
–No entiendo ni madres, peruano, ¿rubia-rubia no
es güera-güera?
–A ver, Postigo: una flaquita rubia es una huevona blanquita con
pelo amarillo natural, ¿manyas? No es india ni chola.
Las indias o cholas rubias son rucas teñidas y, como
dices, todas son unas putas de mierda, ¿estamos?
–Una güerita es una güerita, güey, al menos
para mí.
–Estás mal, pues,
y te lo voy a demostrar.
–A ver...
–Te acostabas con tus güeritas, supongo.
–Simón.
–¿Alguna vez te fijaste en sus pendejos?
–¡Cuáles pendejos,
cabrón!
–En sus vellos, Postigo, en sus vellos púbicos.
–Yo cuando cojo me fijo en todo.
–¿De qué color eran los pendejos de tus güeritas?
–¡Chale!, ahí sí me agarraste de bajada...
–Si eran rubiecitos entonces eran rubias-rubias. Si eran
negros o marrones y su cabello era rubio, entonces eran indias
o cholas o mulatas. En realidad no importa, es casi la misma
huevada.
–¡Ah, qué peruano!
Mulatas, dice el gallo... Pos, yo te veo bien marroncito
cabrón ¿no
serás un zambito mamón?
– Vuelve a decirme zambo y te mato a golpes.
– Cálmate,
güey...
–¿Te repito la pregunta mejor?
–Órale
–¿Vas mucho al cine?
–Pos claro.
–¿Mucho mucho?
–Un chingo.
–No jodas...
–Me cai, güey
–Te puedo hacer una pregunta
de cine, entonces.
–Las que gustes...
–¿Te gustan las películas de Scorsese?
–¿Mande?
–...
–¡No entendí ni madres, güey!
–¡Scorsese, cojudo, Es-cor-se-se!... ¿No me
digas que no sabes quién es Scorsese?
–No pos no sé quién chingados es ese güey
–¿No que ibas al cine?
–A ratos.
–Y cuando vas ¿qué ves?
–Pos la mera verdad, voy al cine cuando a la güera
le da la chingada gana y siempre me quedo dormido ni bien
apagan la luz.
–¿Y la güera va mucho?
–Pos depende. Si por la
cabrona fuera yo creo que iría
menos, pero si el mero mero está pedo y ya se cansó de
cogérsela o ha llegado una nueva ruca a la colonia,
entonces me llama... «Postigooo», me dice
el bato con su vocecita de popis, «venga para acá,
Postigo», como si fuera el pinche chofer o el fresco
del mayordomo, «me lleva a la señora adonde
ella le indique, ¿está claro?... Usted se encarga
de que ningún putito insolente se le acerque»,
me dice bajito y luego me da lana...
–Y entonces la güera elige el cine...
–Pos asegún... si está encabronada o empieza
a lloriquear en la troca, eso significa que va a reventarle
la tarjeta al bato con chingaderas que después ni
usa. Pero si no dice nada, si se queda mirando como mensa
las avenidas o a la gente que pasa, entonces sé que
nos vamos al cine.
–Aguanta un toque, Postigo, ya estamos saliendo de la ciudad, ¿seguro
que es por acá?
–Ya mero llegamos, peruano. Dale derecho.
–¿Estás seguro que la nota es con García?...
–Simón.
–¿Estamos yendo a su casa?
–A la de su vieja.
–No entiendo. ¿Y qué chucha le hizo García? ¿No
es de los más antiguos?
–Por lo mismo, güey. García es un gandalla,
un hocicón, un pinche ojete sin ir más lejos.
El mero mero no me dijo nada pero yo ya lo había wachado
de antes. Debe ser chivato. Ni te apenes, güey. No le
hace. El bato nunca se equivoca con los jales.
–Creo que la coca lo está loqueando...
–¡Más respeto,
peruano!... No te saques de onda, güey, ya ves cómo
es el bato de azotado... Mientras no sea marro no hay pedo ¿no?...
–Siempre hay pedo, Postigo... Tendrías que ver más
cine.
–¿Y qué chingados tiene que ver el cine acá?
–Un huevo... Las películas de Scorsese, por ejemplo... Buenos
muchachos , por ejemplo... ¿Seguro no la has
visto?
–No, güey, ¿de qué va?
–Es de un patita que desde mocoso sueña con ser gángster. ¿Sabes
por qué? Porque se da cuenta de que en el mundo sólo
hay dos tipos de personas. Los cojudos, o sea los que trabajan
como negros. Y los pendejos, o sea los que roban, tienen
a las hembritas más ricas y hacen lo que chucha les
da la gana sin que nadie los joda.
–¡Qué chingón! ¿Así como
nosotros?
–No, Postigo, estos huevones son otra cosa... Ni te imaginas
los tremendos hembrones que se tiran...
–¿Rubias-rubias?
–Y morenas, y pelirrojas... Claro, sólo carne blanca.
Nada de negras... Al único negro que sale en toda
la película, le meten plomo de una.
–¿Por negro?
–Claro, y también porque uno de los mafiosos se está loqueando...
–Ya wacho por dónde vas.
–Estos huevones no tienen jefe, Postigo. Lo que hay es un
gordo con cara de estreñido pero no es su jefe, ¿manyas?
–¿Tons qué es?
–Es como su viejo. Mejor: es como el padrino pero más
solapa... Es decir, tiene pinta de tío honrado y hasta
es popular el puta pero ni cagando es su jefe... ¿Tampoco
has visto El padrino?
–Mano, la neta... a mí me gustan las películas
de Tin Tan...
–No me sorprende.
–Ya wacho por donde vas...
–A ver, explícame.
–Como la güera del mero mero está requete buena
y también están las otras viejas chulas de
la colonia, a diferencia de nosotros, el bato sí es
un gángster, ¿sobres?
–Súper Ratón es un narco de mierda, Postigo,
no me jodas. ¿O te parece que tiene pinta de honrado? ¿O
te parece elegante con esos trajecitos Miami Vice que
se manda?
–Pos al menos más que yo...
–Lo que tiene es pinta de maya, Postigo, de cholo superado...
Además, se me hace que él y la gringa ya ni
cachan.
–¿Ya ni qué?
–Cachan. Tiran. Cogen. Follan, Postigo, ¿eres analfabeto
o qué chucha? Si tengo que explicártelo todo
mejor no hablemos.
–O sea que dices que el bato no se coge a su vieja, eso dices.
–Una vez la escuché hablando por teléfono.
De casualidad, claro. Como Súper Ratón no sabe
inglés, la gringa asume que nadie en la colonia sabe
y habla y habla conchudísima...
–¿A poco sabes inglés?
–Inglés, francés... portugués también.
–No manches pinche peruano, ¡cómo le echas
crema a tus tacos!... A ver, dime gallo, ¿cómo
se dice ‘verga' en inglés?
– Dick. O penis.
–¿Y en francés?
– Le diqué o Le Pen.
–¿Y en portugués?
–Ésa te la debo, calichín.
–¡Ah, qué peruano
fufurufo!, te la debo dice...
–...
–¿Sí te fijaste en cómo habla?
–¿Quién?
–La güera... Es un desmadre, “nou mames” dice
la pinche gringa como chicanita fresa.
–Postigo, ¿me dejas terminar la historia?
–Sobres.
–Ya. ¿Qué te decía?... Ah, sí,
de la gringa, que habla con un hombre la muy pendeja. No
decía nombres, pero, a ratos, así como que
se le arrechaba la voz...
–Entonces le está poniendo los cuernos al machín, eso dices.
–No he dicho eso. Lo que digo es que me parece que ya no
cachan.
–O sea que para ti el mero mero puede ser mayate.
–¿Mayate?
–Mayate. Puñal. Joto. Puto, peruano culero, ¡cuántos
pinches meses llevas en el DF y no has aprendido ni madres!
–...
–¡No te agüites, peruano!
–Ríete mejor, conchatumadre... Ríete bien
que yo me voy a reír luego.
–No te pongas gacho, güey, no hay pedo...
–¡Cuánto chucha falta!
–Ahora sí, ya mero estamos, ponte chango... ¿Y
qué pedo con la güerita, entonces?
–¿Cómo qué pedo?
–Pos si el mero mero no es joto, ¿por qué chingados
ya no se la coge?
–¿Qué tiene que ver que sea o no rosquete,
Postigo?...
–Dime tú.
–No tiene nada que ver.
–Ahora que lo dices, güey, ya me cayó el veinte... ¡Pinche
García! Yo lo vi echándole los perros a la
güera... El muy cabrón... Seguro por eso el bato
quiere darle chicharrón.
–¿García? ¡Con el cacharro de orangután
que se maneja! No te pases, Postigo. La gringa será cochina
pero no seas malo.
–Si no es García
es otro gallo, pero fijo tiene un detalle...
–¿Y tú cómo sabes?
–¿A poco crees que eres el único que escucha?
–¡Si habla en inglés!
–Uta, peruano, cómo eres güey... Cuando la güera
está grifa dice puras chingaderas y se le entiende
todano.
–Déjame ver si te sigo...
–Órale.
–La flaca tiene otro jinete.
–Simón
–¿Es gringo?
–Nel, gabacho no es...
–¿Y Súper Ratón lo sabe?
–Pos el otro día le partió la madre...
–¡Pero si siempre le pega!
–Ya. Pero ésta fue gachísima...
–¿Y tú crees que es García?...
–Sea o no García, igual lo vamos a chingar.
–Estamos cagados, entonces...
–¿Por?
–¿Comprendes lo que eso significa, Postigo?
–¿Chingarnos a García?
–No, cojudo, que nos lo carguemos y no sea él.
–No, güey, cómo crees… ¡A huevo es él!
–¿Cómo puedes estar tan seguro?
–Pos… Si no es García, peruano, ¿quién
va a ser?
–…
–Dóblale en la siguiente vereda.
–A lo mejor tienes razón...
–Bájale al pedal, güey, nos vamos a pasar...
–Postigo...
–¡Que le bajes, cabrón!
–A lo mejor sí es García...
–A huevo.
–... total, si la gringa tiene estómago para Súper
Ratón, ¿por qué no para García?
–Sobres... y además ya te he dicho que el bato nunca se
equivoca con los jales.
–La muy puerca... Mira que meterse con García.
–¡Hasta me da hueva, güey!... Menos mal que ya
llegamos. Ponte detrás de ese árbol.
–¿Cómo que llegamos? ¿En dónde
está?
–Ahí mismito ¿no ves?...
–No veo ¿qué?
–¡La pinche casa!
–¿Esa cagada es la casa de García?
–De su vieja.
–¿Y dices que García está dentro?
–Pos claro.
–Con la flaca…
–Simón.
–García y su flaca viven aquí...
en este establo... perdidos.
–Que sí... ¿te estás haciendo pendejo
o qué?
–Ya...
–¡Lánzate, güey!
–¿Cómo es la cosa?
–¡Cómo que cómo es la cosa!
–Sí, ¿cómo es?, ¿cómo
la hacemos?
–¿Y cómo va a ser? Como siempre, tú vas
por delante y yo te cubro la espalda.
–No creo.
–No crees ¿qué?
–Esta vez salimos juntos, Postigo.
–¿Cómo juntos?
–Ya oíste.
–¿Qué onda traes?
–No hay onda.
–No, en serio, cabrón, ¿qué pedo?
–Ninguno. Hoy salimos juntos, es todo.
–No entiendo.
–¿Qué no entiendes?
–¿Qué chingados
te pasa?
–No me pasa nada.
–¿Y por qué me estás mirando con esos
pinches ojos de loco, entonces?
–No hables cojudeces, Postigo... Yo siempre te miro igual.
© Diego Trelles
Paz |