titubeos del grillo
Entienda usted,
después de medianoche,
ya no hablo como aquellos
sino despacio y
titubeando,
en cada puesta de sol
en cada mañana soleada de abejorros
que yace sobre mi helado cuerpo.
Entienda usted,
hablo despacio y
titubeando
no por temor,
sino esperando
que alguien me arrastre
asomando hacia la ventana
su mirada sobre mi viril cuerpo insatisfecho.
Entienda usted,
ya no soy quien teme
sino aquel a quien oigo despacio
desde su habitación
desperdiciar papel bond;
sirviendo a sorbos el ron
para no embriagar su espera
mientras se precipita sobre ella
y titubeando,
desespera
y erecta
su osado pie izquierdo.
Yo no haría
eso que usted hace
eso de esperar y contar
cada titubeo del grillo.
Solo despierte,
Acomode la almohada
e imagínela ebria
tosiendo su nombre
y piense
de espaldas,
contemplando.
(Poema inédito)
Si hubiese nacido a las 15:00 horas
del segundo jueves de junio del año 37
sería un jazzista negro con saxofón en mano
tocando en los honky tonks de New Orleans;
no levantaría la ceja derecha cuando soplo
ni tocaría la cítara a medianoche cuando no te veo llegar,
no sufriría de tourette
ni asistiría al psiquiatra dos veces por semana,
no fumaría una cajetilla de cigarros a diario
ni rechazaría a los perros por temor a que orinen
encima de mí.
Pero lamentablemente,
resulta ser que no soy nada de lo que hubiese sido
de haber nacido en la fecha apropiada.
Y aunque no soy negro
ni saxofonista
ni conozco New Orleans,
a la mañana siguiente
nuevamente pensaré en lo que no he sido
por no haber nacido el segundo jueves del año 37;
resignándome a haber nacido el día de la salamandra
que pocas veces cae jueves
y que a las 15:00 horas
me recuerda a un jazzista negro con saxofón en mano
tocando en los honky tonks de New Orleans.
De Vuelta alrededor del parque
vacas negras en la noche
Nada pienso
Cuando toca mi mano
El papel
Y aparece el Cangrejo
Sonriente
Sobre mi mano
Y nada pienso
A la hora del sexo
Ni en amar
Tu baba sangrante
A la hora de amar
Y tengo miedo
De la torpeza
Con que toco tus pies
Tus exagerados ocho pies
Cual vacas negras
En la noche
Rumiando
Babeantes
Una encima de otra
Fundidas y negras
Desapareciendo en la obscenidad
De Vacas negras en la noche
Yo no he tenido la suerte de algunos
de hacerse el nudo de la corbata frente al espejo.
Yo desperté un día sobre mi cama
con un libro de Gérard de Nerval
entre mis manos.
¡Ah, esos poetas locos
que tanto hablaron del suicidio
y terminaron ahorcados en las puertas de sus casas!.
Un día desperté con la piel erecta
copulando sobre mi mano
erigiendo la razón de mi placer
sorprendido por lo que hallé.
-No soy un muerto!- grité,
colgado, y con los ojos abiertos,
vigilé una muchedumbre escandalosa acercándose,
observando mi regocijado cuello lagarto
y murmurando:
-¡Era uno de esos poetas locos
que tanto hablaron del suicidio
y terminaron ahorcados en las puertas de sus casas!-
(Poema inédito)
© Romy Sordómez |