TRACTATUS COLICO-CULOSOPHICUS
La presente es una respuesta sucinta, parcial e incompleta a quienes quieran saber ¿qué es el escatolicismo? o, lo que es lo mismo, ¿qué no es?
Lo verdaderamente importante para fieles e infieles por igual es que se sepa que Su SantiEntidad Mónica Belevan, líder de nuestra iglesia, extremaungida y traductora del presente, ha decretado con preclara autoridad en su Elipse de la Cuarta Descontracturada (2004), y con la infalibilidad con que la invistiera su predecesor y pararreligionario Sixto Nervo Empírico, ex post facto, que nuestra congregación sí acepta donaciones materiales o en especie, de la especie y material que sean.
Respétese, en todo caso, que el estándar métrico de nuestra iglesia es la hectárea, y que por cuestiones de ética, y en observancia de la política de extrema austeridad respaldada por Su SantiEntidad, la Iglesia Escatólica y Profana no acepta nada de quien le ofrezca menos. |
Palabras seleccionadas como antesala a una exhibición de arte PH (Lima, 2003) Fragmento de la obra de M.K. Mancuso Breve introducción trasera al arte de retaguardia del siglo XX, vol. 2 (The Later Retrospectivists and Their Reception). Londres: Mohscale & Leiris, Ed., 2002
«…De todos los medios concebibles para la expresión artística, el papel higiénico estaría entre los más difíciles y exigentes en materia técnica. La mayoría de las fuentes consideran su desarrollo una consecuencia natural de los avances en la técnica del aguafuerte –la incorporación de tratamientos ácidos al proceso de grabado en vacío, aunada a la consolidación del prestigio fisioquímico del PH a principios del siglo XX (operación también necesitada de un profundo sentido del vacío), parecen haber llevado de lleno a la experimentación con papel higiénico—.
Merece destacarse, sin embargo, la importancia del estudio Shite and Western Man (1999) conducido por Moritz Barbas y Pelagius Slit del Departamento de Teología de la Universidad de Estrasburgo, que permitió determinar que el aislamiento y la estetización restringida –aunque quizás más justa— del papel higiénico o de un material lo suficientemente afín a este como para considerarlo su equivalente, podría rastrearse hasta los pitagóricos, quienes a su vez muy probablemente la habrían adoptado de antiguos usos de exorcismo preventivo de Lejano Oriente. El punto de encuentro entre papel higiénico y pitagorismo, aunque oscuro, parecería estar relacionado a la creencia en la trasmigración de almas; Barbas y Slit sugieren que el papel higiénico habría representado, con más o menos literalidad, al alma en tránsito, y que la retención de muestras de papel higiénico por miembros de la secta habría cumplido la función de señalero, indicando la indisposición defensiva de un cuerpo ya ocupado a alojar más de un alma a la vez (se trataría, posiblemente, de una alusión a la esquizofrenia como mal dual que cobraría con el tiempo y el esfinterismo una consideración distinta).» [p.8]

«El esfinterismo, en sus inicios una rama disidente del pitagorismo de la que no existe hoy mayor información fuera de la proporcionada por Ireneo de Lyon (140-¿?) –quien la denuncia en su Adversus haereses, parecería erróneamente, como a una «antigua herejía gnóstica» –, y cuyo éxodo en el siglo III A.C. de la Hélade a actuales territorios búlgaros marca el origen mítico de la que sería la futura Iglesia Escatólica (hoy latente); parece marcar la incorporación ritual del papel higiénico al culto esfinterista, quedando así sellada la simbiosis entre la función propiamente higiénica del papel y el ejercicio de la inteligencia excrementicia. Parece tener fundamento la tesis de Dirk Euvenhoot según la cual una cierta raigambre de escritores –de Aristófanes a Rabelais, de Rabelais a Swift, de Swift a Joyce, de Joyce a Artaud— habría tenido algún tipo de contacto, serio –cuando no fatal—, con el escatolicismo, único brazo sobreviviente del esfinterismo clásico, condenado al silencio tanto por las involuciones de la Contrarreforma, como por la institución de los buenos modales y la asepsia intelectual consiguiente terminadas de imponer, tiempo más tarde, por el Iluminismo.
Pero lo que parecería una digresión en la historia de las religiones no lo es tanto, pues conduce a la eventual resolución de los cómos y porqués del uso artístico del papel higiénico. Así pues, el rito esfinterista ya lo celebra no como una protección contra almas invasoras, sino como emblema de la transubstanciación del alma en «sustancia dual» (el prestigio otorgado por el esfinterismo a lo esquizoide, don de dos, parece haber sido uno de los motivos de más fuerte disensión con el pitagorismo original, y la causa primera de la escisión entre ambas sectas).
Durante su período búlgaro, el esfinterismo parece haber transado significativamente con el zoroastrismo o alguno de sus subproductos derivados; esto habría reforzado una postura dualista, seguida, como es bien sabido, por el presunto asentamiento de un dogma escrito del que no se tiene, sin embargo, ya ninguna evidencia material. El hecho es que ya con el esfinterismo medio y tardío (siglos I-III), el papel higiénico pasa de ser un fetiche a ocupar un sitial privilegiado en la iconografía del culto –el recuento exacto de las prácticas sectarias se ha perdido, pero su espíritu pervive en el rito escatólico moderno—. Pese a ser secreto, se cuenta con las suficientes fuentes sobre el rito como para determinar que el papel higiénico sigue estando al centro de sus manifestaciones artísticas, y que las técnicas originales de su aislamiento, sublimación y destilado se corresponden palmariamente a las insinuadas por S?rensen primero, y Echomann después, en nuestro siglo. Las correspondencias serían, en efecto, tan exactas, que estudios realizados en estos últimos años parecerían indicar que nos encontramos ante el extraño advenimiento abonador preconizado por Merryweather Christmas, presunta profetisa escatólica, durante la década de los 60. De ser así, el afloramiento del papel higiénico en el arte contemporáneo estaría pautando el camino hacia la consumación del apocalipsis escatólico que, como su nombre indica, afirma con total seguridad que el fin del mundo habrá de coincidir con un alzamiento general de las cloacas.
Y es la ciudad de Lima, otrora un litoral guanero, la que parece ser la sede elegida para el advenimiento (ya inmerecidamente postergado) del final…» [pp. 58-60]

«…Como es sabido, en 1909 el Dr. Soren Sorensen (Dinamarca, 1868—1939) determinó que la naturaleza química del papel higiénico (PH) hacía de él poco más que hidrógeno en potencia (pondus hydrogenii); de ahí que la feroz acidez ocasionada por su ingestión se deba a la predominancia de iones de hidrógeno en una solución acuífera –a saber, nosotros—. Para mejor ilustrar ésta verdad química, basta con beber agua del inodoro antes y después de incorporar PH al agua, y comparar: en condiciones óptimas, el experimento debe realizarse previa deposición de heces y/o urea en el mismo reducto y bajo idéntica presión atmosférica, para así después proceder a la ingestión de la mezcla y controlar picos de acidez o alcalinidad de acuerdo al ángulo e inflexión del rictus en el rostro.
Se sigue que la conversión del hidrógeno en potencia en papel activo –proceso industrial de cierta sofisticación— nos propicie un producto de una exquisitez casi inservible, cuyo uso se ha limitado, en lo tradicional, ora a la ocultación de evidencia delicada (i.e., rastros de galleta, sangre, orina, esperma o llanto, en pequeñas cantidades), o a la generación espontánea de evidencia más espesa (proceso suscitado, hoy se sabe, por el deslindamiento físico del PH de los anteriormente citados ejemplos de ‘'evidencia delicada'', pero que los antiguos griegos atribuían a desórdenes no tanto de la voluntad, sino del , o intestino grueso)». [pp.137-38]

«Ya hacia los años ´20, en el Principado de Liechtenstein, una facción de artesanos suizos escapados de los horrores del arte moderno liderados por un tal Faustus Echomann (Ginebra, 1898-1956), se empeñaba en construir primorosas catedrales góticas ornamentadas con guirnaldas de PH que se diluían «como aire» ante la menor brizna de brisa (de ahí que en la comuna de Planken, el uso del vocablo Geist, entre los más ricos del léxico alemán, incluya entre sus muchas acepciones la de PH).
Echomann sería el principal ideólogo de lo que dio con conocerse –aunque a muy pequeña escala, pues derivó rápidamente en kitsch—, como «arte de retaguardia». Hay quienes consideran que el Primer Manifiesto Retroguardista (no hubo en realidad más que uno, bajo ese nombre) es una traslación, críptica aunque esencialmente exacta, del dogma escatólico a la esfera del arte. Sus cuatro puntos cardinales quedan dispuestos, en clave y aún sin descifrar, en correlato a los cuatro estómagos de la vaca: panza, bonete, libro y cuajar (la adopción de la panza para designar la unidad estándar de una «sustancia dual» tendría posibles influencias patafísicas).
Se sabe que el «libro», como cada una de las panzas, es en esencia una estructura díptica, investido de un símbolo universal y de otro ítem, «ínsito a la vez que separable», referido a lo particular. En el caso del primero, el Libro tiene como icono una esfera terráquea (plausiblemente inspirada en los «libros redondos» de los inventarios salmantinos de tiempos del Primer Imperio, puesto que los escatólicos, falsarios por amor a Dios, estuvieron allegados por siglos a las fronteras íntimas y desiderativas de la cartografía); el icono particular es un libro repleto de páginas de PH, generalmente representado en acto de disolución, recordatorio, muy probablemente, del «eterno efímero» cuya revelación se debe a la obra conjunta y desigual del binomio Irkegaard y Folly, profetas ambos, --y los dos, profesamente falsos—, del escatolicismo.
La resistencia de Echomann a dar aclaraciones de su manifiesto –o talvez, su auténtica incapacidad de hacerlo—, resultó en la eventual pérdida de la mayor parte de las técnicas de la retaguardia. El consenso de los académicos, sin embargo, tiende a considerar que Faustus Echomann fue el primero y menos elocuente de los últimos dos emisarios (nuevamente, el díptico y el 2 sagrado) del escatolicismo. El segundo debería estar obrando ya entre nosotros, y habría nacido en Lima –simulacro kitsch del Escorial—, en el curso de la última treintena. El especial desasosiego de los desagües registrado en tiempos recientes por ingenieros sanitarios, y la red binaria de disturbios en los índices poblacionales típicos de consumo de PH, indicarían que la gesta del Escatólico marcha acorde a plan (o incluso a falta de uno)». [pp. 218-219]
Traducción del inglés: Mónica Belevan, 2004
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