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Revista de literatura Los Noveles © 2001-2005
ISSN 1547-8114

 

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Hace unos días intentaba recordar qué hacía yo cuando tenía cuatro años. Lo primero que tuve que lograr fue volver a 1982… Al remontarme, vi un capítulo pasado de Buck Rogers en el Siglo 25, la serie de televisión, y el robotito aquel, Twiki, que sólo sabía decir: BIDIBIDIBIDIBIDI. Yo no sé cómo Buck Rogers le entendía, pero, claro, en el siglo XXV tal vez se pueden interpretar discursos científicos y sustentar tesinas tan sólo con un BIDIBIDIBIDIBIDI. El futuro siempre nos reserva más de un asombro, eso quién lo duda.

Después, ya bien sentado en mi butaca, pensé en CHiPs, Patrulla motorizada, yo con mi casco jugando a ser el oficial “Ponch” Poncherello, permitía que mi hermano fuera el otro motorizado, el rubio, porque era a quien menos consideraban y nunca nadie se acordaba de su nombre. Pero yo era Ponch, y ningún civil podía sugerir lo contrario. Vamos, portaba una pistola de plástico y una placa que decía: Highway Patrol. Eso es de temer, vayas donde vayas, de día o de noche, arriba o abajo.

Hasta que, luego de revolver mi pasado, recordé en serio. Y recordé que lo que más me sugestionaba a los cuatro años era ser amigo y consumidor de Naranjito. Naranjito y yo éramos uno. Mi madre tenía que salir de sus planos y sus maquetas, dejar el tablero y la regla T y comprarme el cuaderno con la tapa de Naranjito, la taza de Naranjito, la camiseta de Naranjito, el muñeco de peluche de Naranjito, la mochila de Naranjito. No podía decir ni A, ni B, ni C cuando yo dibujaba a Naranjito en las facturas, en los libros, en la primera plana del diario.

Hola a todos. Mi nombre es Salvador y fui adicto a Naranjito. A los cuatro años no conocía nada mejor.

A los cuatro años de esta revista que se llama Los Noveles, debo agradecerles, porque, no lo sé, estoy envejeciendo con estas páginas pero todavía no utilizo un bastón, y eso es algo que hay que aplaudir. Quisiera nombrar a Viviana Paletta, Ana Gorría, Cecilia Podestá y Romina E. Freschi, por ayudarme a reunir a ciertos personajes de esta historia. Y a Clara Obligado, que aún cree en nosotros.

Por tradición, ningún cuarto aniversario es tan llamativo como el tercer aniversario, o como el quinto. La gente nunca habla del cuarto año de nada. Es uno más. Desdichadamente, hay algunos números que pasan desapercibidos hasta por sus submúltiplos más fieles. Sin embargo, yo espero que este tenga mejor suerte que otros números 4s. Eso deseo, pues me parece que el 4 no merece seguir siendo discriminado por no poseer curvaturas en su símbolo, y porque, ya es un hecho irrebatible, un carialegre Naranjito se encuentra de nuestra parte.

Salvador Luis

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