LA CONDICION HUMEANA
Carta
violada (pero al fin y al cabo, abierta) del Dr. Herodotus
Doxus a:

De la última horneada de economistas escupidos hacia
América Latina por la Universidad de Chichago, Ill&noise
[1], John Polidori, PhD. [2], joven y presunto experto en
conductismo tributario, tuvo a bien adelantarme –espero no
muy seriamente— su proyecto de reforma para la administración
de impuestos en vuestro país, inspirada, según él
mismo escribe, «en el estudio plenario de la realidad
nacional peruana basándose en sondeos demográficos,
pirámides estamentarias, índices estadísticos
de ingresos, egresos, regresos y pertrechos».
Antes de seguir sería bueno que os hicierais de una
idea general de los lineamientos, harto virtuales, del conductismo
tributario al que refiere Polidori: se trata nada menos que
del último grito de la coctelería económica
propuesta por su casa de estudios, y es, o así tengo
entendido, de las modas académicas mejor acogidas
por el establecimiento imperante esta temporada.
El conductismo tributario
se desarrolla en la Universidad de Chichago durante los años 80 como obra conjunta
de Edward Heathens [3] y Klaus Bureau [4]. Su propuesta general
es a muy grandes rasgos la siguiente: ya que no podemos exonerar
a la sociedad de impuestos, hagamos tanto del cobrar como
del rendir tributos un placer. Podría espetársele
al conductismo tributario el ser un cruce no muy logrado
de psicología moderna y utilitarismo de bodegón
(cosas que en algún momento pareciéronme la
misma). Pero si éste es el nuevo humanismo, adónde –si
es que a alguna parte— iremos a parar…
El hecho es que su ya clásico Foundations of
Tax Conductivism sentó, en términos
hoy casi irreconocibles, los cimientos del actual conductismo
tributario, que, me urge insistir, ha discurrido –vaya
a saberse cómo y a causa de qué—, por cauces
menos teóricos que propiamente imprácticos.
Evidencia concluyente de ello es para mí el mentado
adelanto del Dr. Polidori, que comienza, como todo absurdo,
ahí donde habría –y donde eventualmente habrá en
razón— de terminar.
Dice pues el doctorcillo:
«Mi interés no radica en el Perú,
sino concisamente en Lima: creo haber dado con
que el limeño –por motivos que no tengo aún en claro— es
el único ser del que se tenga noticia que responde
con perfecta eficiencia a la falta absoluta de estímulos.
Sin duda se imaginará usted lo que un descubrimiento
de esta envergadura implica».
Claro. ¡Sin duda!
Si he de serle franco, algo
en mí se rehúsa hondamente a
comprender cómo semejante estupidez sería posible,
mucho menos enunciable. Esto, mi querida, no es un descubrimiento (aunque
muy probablemente revista el vellocino más artificioso
de la invención). Como insensatez, paréceme,
en virtud de nuestra previa correspondencia y vuestros amables
comentarios sobre el ser limeño (o como tiene Vd.
a bien decir, tan elegantemente, ‘liminar'), prometedora
-sobre tablas y bajo la dirección de Roger Blin o
Lugné-Poe-.
O es el limeño una contradicción en términos –cosa
que Vd., en tanto persona y personalidad, no termina de darme
a entender—, o es algo bien distinto a lo que entiende Polidori
(sea por limeño, sea por contradicción).
Espero no achaque mi sorpresa a mi denostado ‘escolasticismo',
pero hasta el más extremo estado invertebrado del
posmodernismo ha de tener sus límites (reparen o no éstos
en la arquitectura ínsita –y creo yo, hasta comprobable— de
su hermoso dios salvaje). Algo debe de diferenciar a la propuesta
de Polidori del sin-sentido consumado (caso contrario, seguramente
no podríamos hablar, por más difícil
que nos fuera ya pensar siquiera, --y es que ¿es
posible, acaso? – de o en una falacia polidoriana).
Ya me dirá.
Y así observada, o eso pensé, la diferencia
entre entropía económica y economía
entrópica, mande la siguiente réplica al buen
señor:
De asini umbra disceptare.
Eso, y nada más. Su respuesta tampoco se hizo esperar.
En términos no tan cordiales, que me he tomado el
trabajo de editar, contestó –y espero el contenido,
presentado ad usum Delphinae, no ofenda a su sensibilidad
o intelecto— que:
«Su objeción era de esperarse. Vd. debe pensar
una de tres cosas:
a) que el limeño,
al no responder sino a una total falta de estímulos,
hace del desestímulo
un estímulo-en-sí;
b) que el limeño,
a falta de estímulos,
los genera espontáneamente; o
c) que existe algún
estímulo sin
observar que genere la respuesta del limeño.
Acierto, ¿cierto?»
De ahí me comparte –ya parecería que de mejor
humor—, el esquema de la fase experimental de su primer proyecto
en Lima, el que le llevó a sus actuales conclusiones:
una argucia diseñada por su gente «a lo ancho,
hondo y largo de las circunstancias» denominada agresIVA,
que consiste en potenciar el rendimiento de tributos «si
es que no hedónica, entonces por lo menos sí prácticamente».
Es muy de su escuela el no distinguir entre placer y pragmatismo,
de ahí que insista con que Polidori es un conductista
tributario bien particular.
AgresIVA consistía
en sindicar al delincuente común de tal manera que
la delincuencia quedara, como estila hacerse ya en tantos
países con «altos
niveles de desarrollo», bajo la égida del gobierno
de turno («que es, por lo menos en términos
delincuenciales y bajo cualquiera de sus posibles acepciones
y usanzas, una entidad casi perfectamente predecible en todas
partes». Polidori dixit). El delincuente,
teniendo ciertas condiciones básicas de bienestar
aseguradas ya por el Estado (i.e., feriados, vacaciones pagas,
seguro médico y social, comidas) podría dedicarse
en pleno y sin miedo a la mera amenaza de su profesión,
que prometería resumir sólo y sólo
sí las condiciones pactadas fueran a incumplirse.
De modo, asegura Polidori, que el contribuyente estaría
orgánica y gozosamente impelido no sólo a pagar
impuestos, sino a pagarlos a tiempo, y la sociedad
limeña podría operar como una especie de represa
de contención social que Polidori no dudó en
llamar, públicamente y en su momento: «Latin
America's Socioeconomical Three Gorges».
Da a entender que –por razones y de formas que tampoco aclara—,
fue la propia Lima la que reaccionó «anhedónicamente» (¿pero
no es acaso esto una reacción?) a su propuesta.
En todo caso, Polidori, ciegamente empeñado en lo
suyo, no regresó a los Estados Unidos sino que se
quedó en Lima, casi sin noticias de sus peripecias,
durante casi un año. Transcurrido ese período,
reaparece, con esta carta, en las casillas de correo electrónicas
(o más retardatarias, como es el caso de la mía)
de unas pocas personas cuya opinión parecería
estimar. Vaya a saberse en razón de qué me
eligió a mí, a quien ni siquiera conoce. El
hecho es ese, y más que no saber qué pensar
de ello, preferiría simple y llanamente no pensar
en él en lo absoluto.
Por lo demás, es la tercera vez que le envío
esta carta, y sigo hasta la fecha, mi querida: sin respuesta.
Un abrazo de vuestro,

[1] Los mismos que representaron el primer y último
paso en falso de la economía chilena bajo Pinochet;
cf. con apéndice a mi artículo de 1989, ‘'L´université:
c´est l´antonyme de la diversité?''
[2] John Polidori (1970--). Descendiente directo
del desastrado médico de cabecera de Lord Byron, cuyo único éxito
en vida –el cuento que sellaría la imagen del vampiro
moderno, irresistible y seductor —, fue también universal.
Generaciones de Polidoris llevaron, a partir de allí,
vidas convincentemente vampirescas usufructuando, sin gran
inventiva pero sí con éxito insistente, del
vampiro. La penúltima bandada de Polidoris tiene a
su vanguardia al mentado John, rara alma mediterránea
aparecida en Birmingham, economista de la Universidad de
Chichago y –hay quienes dicen— discípulo terciarizado
de Bureau, aunque Bureau no haya emitido comentarios al respecto.
Como cualquier explotador de vampiros, no inspira confianza.
Parecería, sin embargo, que se las arregla para hacer
las cosas sin ella: esta sería, en efecto, la evidencia
concluyente de que el principio ordenador del conductismo
tributario partiría del tener fe tanto en la mala
fe de uno como de los otros. El éxito particular de
Polidori daría fe, a su vez, de esto.
[3] Edward Heathens, Esquire (1953--). Nacido
en el seno de una familia de la alta burguesía neoyorquina,
Piscis con ascendente en Leo, dedicado desde muy temprana
edad al consumo de insumos «varios», pretende
estudiar medicina pero las progresivas fracturas de salud
sufridas le impiden hasta el escurrirse de la cama de una
madre sobreprotectora y preocupada por las consecuencias
de una proporción perfecta entre máxima emisión
enérgica y máximo desgaste físico en
la eficiencia general del hijo. Desde la cama de su madre,
y a causa de una mala salud y un aislamiento incontestables,
Heathens desarolla, entre su apostólica lectura del Illustrated Reader´s
Digest y Sport´s Illustrated, no sólo
un gusto hipertrofiado por la ilustración (sea del
tipo fuere), sino la conjunción de este nuevo interés
con su antigua vocación médica. A partir de
allí, Heathens llega, hacia fines de los años
70, a la conclusión de que el híbrido entre
Ilustración y Medicina es, como acota en su ya clásico
tratado Mediconomics and the Illustrated Lifestyle «el
rubro más prometedor de lo que da por entenderse como
economía moderna, en tanto permite fusionar las dos
grandes tendencias de la existencia en sociedad –la vital
y la mortuoria (N.E: tipificadas, respectivamente, como los
negocios infalibles del supermercado y de las casas fúnebres)— en
una amalgama imbatible de ingresos altos, cuando no ascensionales».
En 1988 recibe el doctor honoris causa por la
Universidad de Chichago, donde dicta teleconferencias cargadas
de un fuerte contenido hipnótico desde 1992. Funda
la Facultad de Conductismo Tributario de esta misma universidad
con la asistencia del Dr. Bureau en 1997. Además de Mediconomics
and the Illustrated Lifestyle (1980), ha publicado dos
libros más ( Digestion & Emission, 1985; The
Foundations of Tax Conductivism, co-escrito con K.Bureau,
1994) y artículos en revistas especializadas. Vive,
junto a su aparato para teleconferencias, en la cama de su
madre, con su madre.
[4] Klaus Bureau (1938--). Nacido Klaus Parfyonovich
Burov en Austria, descendiente de joyeros ruso-judíos
llegados a Graz desde Odessa, nadie sabe bien cómo
(aunque se presume que a pie). Tras el Anschluss de
1939, la familia Burov emigra a los Estados Unidos y se asienta
en Nueva York, donde alteran su apellido a Bureau (pronunciado
bü-ro, con un fuerte acento alemán) para disimular,
con un cierto «equilibrio alsaciano», una formación
por lo demás ferozmente germánica.
Se dice que Klaus descubrió su vocación siendo
aún muy niño. Como explicó en una entrevista
de 1999 a la BBC: «creciendo en Nueva York y siendo
desde muy temprana edad un fino observador, noté que
no existía en los Estados Unidos una distinción
entre estímulo y dinero, lo cual hacía del
comportamiento general un mmm asunto harto predecible del
que yo mismo fui, y soy aún, partícipe y heredero.
Mi deseo, sin embargo, era dedicarme –si tan sólo
para encontrarle otra pata al estímulo rector— al
estudio del estímulo parafílico, del que en
aquel entonces no se estilaba hablar, por considerársele
una singularidad o «respuesta aberrante»; caso
de excepción en los Estados Unidos que no por ello –y
esto es lo que quería probar— resultaba extraño
en otras partes, lo que hacía –y en efecto, hizo— de
los Estados Unidos, no digamos un caso, mmm, aislado, pero,
dentro de todo, una…mmm…sí, excepción. En aquel
entonces, sin embargo, yo era un muchacho mmm joven, lleno
de fines y sin medios: no se me ocurrió nada mejor
que financiar mis investigaciones cosquilleando primero al
estímulo-rector nacional, para, a partir de allí gestar
un mmm plan de estudios de mayor alcance que me permitiera
observar y, en lo posible, enmendar, cualquier desviación
en la relación estímulo-respuesta que pudiera
suscitarse en las periferias más pesadillescas del
gran sueño estímulo-respuesta de orden puro
que es este país. Mmm. Sí».
Obtiene el título de bachiller en psicología
clínica (Universidad de Cornell) y se doctora con
una tesis sobre Eros y Tánatos en Freud,
filón contradictorio pero decisivo de interés
personal que encontraría su contraparte en el impulso
vital-mortuorio de Heathens tiempo después. Tras doctorarse
en el Politécnico de Graz, Bureau pasa años
alternando entre el clima abrazador de las latitudes dilatadas
y los abrazos climáticos de ricas y eventuales diletantes
neoyorquinas. Es en una de estas incursiones que Bureau descubre
a Edward Heathens al coincidir los dos, como por accidente,
en cama de Heather Warwax-Heathens, madre del teórico;
la atracción entre ambos, pese a lo oneroso de las
sábanas, fue magnética en tal grado que la
señora Heathens, según recuerda Bureau: «fue
eyectada al rimland de su propia cama. Edward,
mientras tanto, se abanicaba afanosamente con el último
tomo del Reader´s Digest y me hablaba,
con una claridad irrefutable y diríase hasta calculada,
de los misterios develados por su economía tras años
de convalecencia e intelección ¡Que ideas tan
sencillas hayan podido siquiera articularse en
circunstancias tan complejas! Supe que mi vocación
yacía allí, hablándome, sobre esa cama,
con el pelo alborotado, baba en el pijama y un folletín
barato entre las manos, compartiéndome –en contrapunto
a los sollozos de su madre— la clave a la auténtica
demanda, al significado mismo, de la vida
buena…». Con las periferias bien establecidas y la
Heathens puesta a los bordes, ora del hijo, ora del amante –a
quienes se dice subvencionó íntegra e indiscriminadamente— nace
la consultora Heathens & Bureau, Heathens; la conjunción
de intereses que desembocaría en la disciplina de
interés mayor que es hoy el conductismo tributario.
Klaus Bureau, co-autor de The Foundations of Tax Conductivism,
fue el primer director de la ya mencionada facultad de altos
estudios en la Universidad de Chichago entre 1997 y 2000.
Su obra más reciente, Critical Mass and the Atomic
Tribute (2001) fue voceada, aunque sin éxito,
para el Premio Nobel de Economía. La causa eficiente
del doctor honoris causa de Edward Heathens fue
el Dr. Klaus Bureau. La causa final del Dr. Klaus Bureau es Edward
Heathens, primer motor inmóvil.
© Mónica Belevan |