OPUSCULO
DE UN NOSFERATU A PUNTO DE AMANECER
INTRODUCCIÓN
Hay un infierno interior
revestido de imágenes diáfanas
que rodean a los melancólicos vampiros
ninfas que despliegan universos de hermosa oscuridad
unicornios incólumes
tras los cuales se esconden
oscuros y retorcidos dragones.
Esta es la historia de amor
entre una ninfa y un vampiro
-curioso lector-
este es el juego de los espejos y la muerte.
I
Me preguntan
¿por qué vivo rodeado de murallas?
Atenuando mi amargura
-milenaria-
respondo sin mover los labios:
"los círculos de fuego
destruyen los bosques
para ser sabios".
II
Desde la cúpula de la antigua catedral.
El Nosferatu contempla neutro
el frenesí de la urbe
alumbrada por irreales luces
como inefables colmenas de neón.
Espera lacónico
a su próxima víctima.
Él es lo epicúreo en aquel instante
la poesía oscura
el verbo profano
el ángel negro
que perforará sensualmente
los cuellos vírgenes de las doncellas.
La poesía en sí eres Nosferatu y la metáfora primera.
III
En medio de los edificios
has logrado divisar a tu presa de hoy
hambriento Nosferatu.
Caminando
- digo, levitando -
la pequeña ninfa
entre calles agrietadas y peatones anónimos
ha logrado dejar en sortilegio
al anonadado depredador.
Es bella
«una belleza casi inhumana»
-dirías tú-
bella como los rostros pálidos de los camafeos de Keats
transparente como los versos incólumes de Luisa Labé.
Sorprendido el antiguo vampiro
ha visto crecer dentro de sí
una melodía interior que creía apagada.
La ninfa huye de pronto
percibiendo por intuición algo terrorífico
y desconocido en el ambiente
-sabe que los habitantes de la noche
en los reinos de la luz se esconden -
Él grita entonces desesperado:
"Ven
no escapes
¡oh, fiel devota de las fuentes!
no huyas, mi bella gema de la aurora
que conmigo conocerás
cielos amplios y mares eternos.
Ven:
solo quiero acabar
con tu callada e inmutable inocencia
y romper con mis labios
la soledad suicida de tu cuerpo».
La felicidad son pequeños instantes
que uno vuelve eternos.
¿Nosferatu
en esta noche inmensa
eres tú el verdugo o la víctima?
IV
Miras la noche
bebes la copa de vino
y extendiendo tus brazos desesperados
hacia el lóbrego cielo
«te amo
-exclamas-
te amo hacia la diáfana luna».
La melodía de Schönberg logra al fin doblegarte
e ingresa en ti como una ola gigantesca
colosal
épica
en tú cáustico ser.
La mano del escritor deja la pluma
bota el cigarrillo de los labios
se aleja impotente de la computadora
y se rompe exacta la creación.
Una lágrima negra se desliza
por tu cadavérico y pálido rostro
pesado como el último tramo de la noche
estéril como el inicio prístino del amanecer.
La roja araña maligna te grita ahora
con una voz aguda desde el techo:
«Estás muerto Nosferatu estás muerto
no te engañes más: nunca
volverás a amar".
Y el Nosferatu lúcido
con cierta amargura sabia
replegada en su antigua humanidad
responde:
«en los cuerpos inertes
existe el mayor movimiento».
Fragmento de Opúsculo
de un Nosferatu a punto de amanecer
© Leo Zelada |