TIENDA DE BROMAS
Ante mi asombro, ya que para nada estábamos en carnaval,
aquel hombre alto y flaco vestido de negro con cara de funeral,
entró en la famosa tienda de bromas "El rey
de las fiestas", saliendo al poco tiempo
transformado, luciendo una ostentosa nariz roja y unos grandes
mostachos color naranja, su cabeza cubierta con uno de esos
gorritos de chino mandarín. Sin embargo fijándose
en él con detenimiento se observaba fácilmente
que la seriedad de su rostro no había variado en absoluto,
lo seguí durante unos minutos pero pronto lo perdí de
vista entre las nubes de turistas que aquellos días
abarrotaban la ciudad.
Volví a mi trabajo de portero y me olvidé del
asunto hasta que meses más tarde en la consulta de ingresos
del hospital, reconocí las facciones de aquel hombre
serio, tremendamente pálido, en el rostro del cirujano
que iba a realizar con mi dañado corazón, una
delicada operación a vida o muerte.
LEYENDAS
Los padres estaban ilusionados, se pasaban el uno al otro
el niño enfermo a través de aquel hueco formado
en el árbol seco. La antigua leyenda vasca decía
que el hacerlo de ese modo la noche de San Juan, era el mejor
remedio para todos los males.
Y fieles a la tradición, así lo hicieron, pero
tal vez entusiasmados por lograr su curación, pusieron
en ello demasiado ímpetu, lo cierto es que en una de
esas vueltas de los brazos del uno a los del otro, inesperadamente,
el niño salió disparado volando a gran velocidad,
perdiéndose tras las montañas.
Pasados los años, aquel niño volvió ya
curado, hecho hombre, con una larguísima trenza y hablando
perfectamente el chino. Lo primero que hizo fue investigar
el extraño suceso que le catapultó en plena infancia
hasta el palacio imperial de Pekín donde fue adoptado
como hijo del emperador.
Dado su alto rango, obligó a las autoridades locales
a procesar a sus antiguos padres ya muy ancianos, basándose
en la idea de que había existido un complot por parte
de éstos para librarse de su hijo enfermo. Estos inútilmente
negaron una y otra vez semejante acusación, jurando
que lo único que pretendieron aquella lejana noche de
San Juan fue curar a su hijo siguiendo en todo momento lo que
dictaba el rito y la leyenda.
El hijo adoptivo del emperador no les creyó absolutamente
nada, él no había oído hablar nunca en
China de semejante leyenda. De nada les valió alegar
que de un país a otro cambian las tradiciones, que lo
que en una tierra cura, tal vez en otra mate, que todo es cuestión
de geografías y culturas distintas. Todo fue inútil,
fueron ejecutados inmediatamente bajo la acusación de
infanticidio.
DE LAS APARIENCIAS
Era un hombre tan delgado que a menudo se lo llevaba el viento.
Así que en previsión de este tipo de catástrofes,
se había llenado los bolsillos de piedras. Pero la suerte
no estaba de su lado. Ocurrió durante una de aquellas
noches en las que un fuerte viento no lograba llevárselo;
el pobre hombre loco de contento celebraba su dicha con los
marineros por las tabernas del puerto. Nunca fue tan feliz.
Al amanecer, caminaba completamente ebrio como un ángel
frágil junto a los embarcaderos, dicen que debió resbalar
y caer al mar mientras cantaba. De todas formas esta versión
de los hechos nunca fue escuchada. La oficial fue la del suicidio,
llenos de pesadas piedras sus bolsillos.
MALETAS
En mi caso hacer el equipaje es toda una batalla, tengo pocas
cosas pero mal definidas, hasta el punto que desconozco qué poseo
en realidad, tan solo sé que algunas pertenencias son
ligeras y ovaladas pero éstas a veces se alargan inesperadamente
hasta romperse y vaciarse por completo. Otras en cambio son
pesadas y con solo pensar en ellas modifican su forma, estorban
por todas partes, me tropiezo con ellas, tengo las piernas
llenas de hematomas, algún día van a lograr que
me caiga y me de un mal golpe.
Hay incluso algunas cuya existencia es dudosa, a menudo ignoro
si pertenecen al pasado, al presente o tan solo al universo
de mis sueños. Así que no es extraño que
a la hora de hacer las maletas nunca sepa si voy a tardar mucho
o poco, son tantas las conjeturas, las hipótesis...
La sucesión de enigmas me rompe los nervios, me fatiga
en extremo, me deja sin fuerzas para nada, y claro, en esas
circunstancias siempre acabo anulando mis viajes.
OTO DE AQUISGRÁN
Cuentan que el emperador Oto de Aquisgrán era tan sumamente
perfeccionista, que, acometiéndole una vez un agudo
ataque de melancolía profundísima, y decidiendo
en medio de tristes delirios acabar con su vida, tuvo tan extremado
cuidado en dejar bien acabados y atados los asuntos de la corte,
que antes de pasar a mejor vida, pasó años y
años despachando con sus consejeros, firmando tratados,
y recibiendo en mil audiencias. Hasta el punto de que al fin
todo en orden, el pobre emperador Oto, ya muy anciano y enfermo
desde su lecho de muerte, no recordaba realmente el extraño
motivo que le había tenido toda su vida sumido en aquel
delirante y frenético ritmo de trabajo, no conocido
jamás en ninguna corte imperial.
© Julia Otxoa |