LA GUERRA DE LAS GRULLAS
Sobre el poema conocido como Geranomaquia o “Guerra
de las grullas” es muy poco lo que se sabía hasta
el descubrimiento del mismo en los primeros años de
la década de 1940. Con la presente edición
he querido, antes que nada, difundir el texto a un público
más amplio. Por ello he realizado la primera traducción
española completa del poema, aunque por motivos de
espacio, en esta oportunidad solo publico el primero de sus
cantos. Ciertamente, el poema circuló y circula en
la versión griega de la edición facsimilar
que F. Chiappe hizo en 1954 del papiro único conservado
en el Irish Museum (p. LJ 99), pero eso no es motivo para
condenar a esta obra a una circulación estrecha y
limitada a un sector reducido de la filología clásica.
Solo resta explicar que dicho poema está numerado
a la usanza de lo que los alejandrinos entendieron como “ático”;
es decir, se numero en función de las letras del alfabeto
griego clásico del mismo modo que se hizo con los
poemas homéricos: la letra “alpha” equivale a “uno”...
La existencia de este poema solo se conocía a partir
de testimonios alejandrinos como la Vita Æsopi,
en la que el protagonista, Esopo, es comparado, en calidad
de contrahecho, con uno de los pigmeos de la Geranomaquia.
Si bien dicho poema fue calificado por muchos críticos
como paródico (en vista de que su nombre se compone
semánticamente de manera similar a textos como la Batracomiomaquia),
la realidad que os ofrece este documento es diversa.
Esperamos que esta primera lectura, sea motivadora respecto
del interés que la épica grecolatina de índole
animal puede suscitar, sobre todo por la extrema “humanidad” de
sus personajes y de los sentimiento en ella volcados...
Elio Vélez
Marquina
 (La guerra
de las grullas)

(Orfeo
Díscolo)
Versión directa
del griego
por
Elio Vélez Marquina
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Caen sobre el fuego los primeros hielos,
calla la brasa,
gimen las crías porque la muerte
[...] el corazón [1].
¿qué lanza o pica podría más
sobre sus carnes rendidas
que se dejan, cual gorda prez, lamer por todos los costados?
ni picas ni lanzas suyas contra el colmillo singular 5
de su miseria podrán durar. mil copos de nieve más
tarde, con harto acero, siembra peste y
sangre ël
Invierno [2].
toda luz huyó del seno blando y dejó la Tierra
fría.
esa su luz, ya ïda, sembró el sabor de las secas
ruinas
sin favila que prometa latidos de lava o venganza. 10
mas, Señora del Viento [3],
tú que traías robustos premios,
siempre víctimas, nunca muerte, nunca silencio infernal;
tú, Señora del Verbo, ¿porqué nutres
con sangre mis versos?
con la sangre de aquella cría que probó el
filo del hielo
sobre los débiles plumones de su todavía blando
15
cuello, con la del joven que corría por entre las
eras,
con la del sacerdote, con la de Néos, tierno heredero
de maldita casta que supo del frío ën sus entrañas
ya por el sable que del cielo tracio llegó a su pecho.
[...] 20
caen sobre las testas de grullas los trastos de un enojo
que recoge rabias espumosas de una Edad malamente
forjada con el yerro áspero de una ciega casta sola,
temida por lo inmenso de sü amor que fácilmente
odio
vuelve [...] 25
[...] las grullas de Tracia guardamos en
el vientre pena [4].
oíamos de su lengua los lamentos, pocos murmullos
últimos para el pueblo desolado, perdido y ya gris;
era Gerón, primero de las grullas, mejor de palabra,
quien mordido enteramente y desgarrado y mutilado 30
rondaba la nieve bermeja a vista de pocos vivos.
Gerón.- “¡beban mi sangre esparcida
sin reclamos, cenen mi carne
maltratada semejando los círculos que moribundo
trazo; así compartan en ágape sagrado el cuerpo
rancio
de quien tanto esforzó a favor del fuego y los cantos
secretos! 35
sepan que estos hielos punzantes del Invierno sí confirman
nuestro sino: impedidos somos de fijo nido y cultivo
fructífero [...]
somos migratorios, somos grullas condenadas al ciclo
emotivo de la Tierra, al llanto del Viento y a las armas
40
del maldito y sombrío Invierno que puja su rencor
contra
nuestras plumas. ha muerto Néos, hijo de Ágata
y de Bárathron,
quien debía surcar la senda ortodrómica hacia ël
Nilo,
cuidando las crías, las madres y la bandada reunida,
cabe sus pies sin marca, de fuertes uñas y escamas
sólidas. 45
grullas, dejen la sanguaza de ëste reino y los escombros
dejen para siempre lejos del recuerdo ÿ de su centro.”
moría el sabio Gerón hinchado
de penumbra [5], moría
de peste y de terror, pues veía el final de aquella
raza
tan suya como el seso y la carne, suya como el deseo. 50
no pudo el fuego devorar sus restos [...]
[...] en silencio, guiados por música negra
alcanzaron el sabor de su partida. mordían plena
su materia evitando ël crudo frío de su mirada.
quien devoró el hígado del anciano con suma
apetencia 55
fue Pólemos, expulsado del vientre de la bella Xeima,
lleno de la sangre de Xolé, primero de los herreros;
y la entraña del sabio sazonó de amargo su
plumaje:
Pólemos.- “¡débiles y castrados
serán los que vomitan
sus pellejos rasgados con pico vacilante! 60
esta carroña es dulce pues brinda nuevas llamas
a las gruesas cenizas que tiñen su presente.
ustedes dicen muerte de la vida reciente
cuyo precio es menor al de la guerra próxima.
¿que lloremos a Néos murmuran con desgarro?
65
Ágata, la muy fértil, ¿detentas nueva
cría?
vemos que ni dos huevos recela tu nidal,
y son pichones tuyos estos que poco vuelan.
si eres de corazón sensato sabrás darme
los aceros de tu hijo. ofréceme tu respeto 70
por ser quien lo mejor devora del cadáver.”
[...]
repleta de lágrimas yacía Ágata, la
de fértil
belleza, cabe las carnes inertes de su primogénito
80
y con rabia maligna y necesaria contestó gruñendo:
Ágata.- “por madre sufro doblë aguijón
en mis venas
y mi vientre sin huevos solo cultiva arena.
el durísimo pecho de mi reciente Néos
se cascó con la furia helada de la Tormenta 85
preñada por la verga podrida del Invierno.
tu blando pico irrita mi luto y despierta
la bilis más profunda de todos mis recuerdos.
quisieras ser cual Néos, quisieras ser su sombra
y por eso reclamas el acero de su alma, 90
mas me ofendes, cobarde, siendo muerto mi Bárathron,
padre de buenas armas, quien desterró los miasmas
negros de tu prosapia con hartos filo y fuego.
y siendo tu linaje ël de Gérona intuyo
que muchos de los nuestros cuellos derramarán 95
toda su sangre en vano [...]
¡jamás entregaré para tus grises ansias
las dagas y corazas templadas bajo Luna
de quien silentemente descansa sobre nieve!
¡devora hambriento, sí, los músculos
del viejo 100
y sus entrañas traga sin pudor y respeto!”
[...] lleno el pico de sangre, arremetió con voz
[...]
Pólemos.- si todos te veneran es porque
fuiste el seno
de la leche de Bárathron, rijoso y bravo herrero.
ahora las grullas somos tierno blanco del hielo; 105
ya el frío cristaliza los ojos a zarpazos
y perfora con ira la obscuridad el seso
[6],
con duro ritmo y con aliento miserable.
sabemos por relatos de niñez y de plaza
que del suelo nos viene el suero que reanima 110
todo el flujo de sangre que recorre la carne,
carne que gime penas, sangre que pierde fuego.
Antigua Madre, ¿lloras más el fin de una cría
que el comienzo del fin de toda una bandada
amante de tu herencia, sedienta de tu don? 115
deja quë abracemos tibias aguas del Nilo,
arenas muelles claras, gordos peces azules
y los frutos melosos que retardan la muerte.”
habló Pólemos, el zurdo, cubriendo con miel
la hiel fresca
de su pico, diciendo el bien de una raza con falso centro.
120
los aún vivos de la bandada nada veían de
sombra
en los actos del peor de Xeima: reviviendo el viejo rito
imitaban su furia, su ceguera sin saber de lo áspero
del mañana, del dolor visceral de sus pérdidas
porque
creíanla justa grulla, salubre guía, acaso
limpio 125
dios que valeroso enfrenta el miedo y reta a la muerte siempre
con grito elevado y sangre dispuesta en la joven mirada.
maternal Ágata de dulce y nutrido seno ¿pronuncias
también los dones de Pólemos, el de fría
sangre, hijo
de la muerte y seguro naufragio de nuestras recias naves?
130
la de luciente belleza, reina paridora, proclamando
funesto mañana, dijo ya sin temores y ataduras:
Ágata.- “¡ah! pudre tu saliva cada
fruta que besa
y toda mi alma pudres con gordas añagazas.
destrozada la bella Xeima de blanco cuello 135
debe con ansia grande pedir pronta la muerte
de su enfermo linaje. y el magnífico herrero,
Xolé, caro a los dioses, junto a Xeima en el Hades,
maldiga tu mañana ÿ así seas carroña.
la estrechez de tu entraña central ya te asemeja
140
a Gérona, maldita reina de los pigmeos,
quien nos une con mala tripa a ese pueblo.
aquí, ën este falso ritual de carniceros,
cúbreme con la noche que nos transporta al Hades,
pues las armas de Néos, el bien de mi prosapia, 145
he de celar con rabia, lejos de tu plumaje.”
así habló; y la rabia que antes solo carcomía
la tripa
de la bella y tan blancä Ágata nutrió el
tumor que Pólemos
ya incubaba en su pecho, de donde obtenemos las palabras
o bien nutridas de ingenio o bien sazonadas de cicuta. 150
así, con cicuta y con gélido filo, Pólemos,
el zurdo,
ofendía la belleza de Ágata, la hërmosa
madre,
habiendo escupido tanto sobre su patricio linaje
como se escupe sobre los animales muertos por peste.
él gritaba [...] [ella] callaba, mas gemía
su centro. 155
© Elio
Vélez Marquina [1] Este
es un típico
comienzo in medias res: el autor describe el momento
exacto en el que el pueblo de las grullas es atacado por
una lluvia de heladas flechas (que también podría
traducirse como “estacas” o “lanzas”). Sobre este motivo
véase el análisis del Papiro Macedonio 369
de la Biblioteca de Estudios Griegos de la Universidad de
Cerdeña que realizó G. Sammarco (Minerva 3
(1998): 567-598). Sammarco realiza una lectura poco fáctica,
puesto que insiste en el carácter ficcional de dicho
fenómeno, para negar toda posible referencia a un
fenómeno atmosférico. Sin embargo, en el Proemio
de la ya citada traducción parcial de Nemes, se considera
como fuente oportuna el caso de la famosa Lápida Tracia
conservada en el Museo Arqueológico de Ferrara, en
la que se menciona una “inmisericorde lluvia helada que partió más
de una cabeza...” [2] Las
personificaciones de fuerzas naturales o elementos de la
misma (lluvia, vientos, ríos, etc.) se mantienen como
tales. Por otra parte, conviene recordar que los nombres
mismos de los protagonistas del poema refieren a elementos
de la naturaleza o rasgos propios del saber fisiognómico
del pensamiento derivado de los textos pseudoaristotélicos.
[3] Atendemos ya la invocatio
musæ: los apelativos de “Señora del
Viento” y “del Verbo” evidencian la esfera filosófica
a la que se adhiere el poema en cuestión. Sobre
la presencia de la gnosis en la Geranomaquia (sobre
todo en lo que toca a las alusiones a la pystis sofía,
véase el libro de Federico de Iriart, Philo-Sofía:
deidades femeninas en la cerámica mediterránea.
Ahí, el antropólogo andorrano, lejos de las
tendencias de los homines posmodernes, trata
con la lucidez que lo caracteriza la presencia de ciertas
evidencias arqueológicas, cuyos ecos se pueden percibir
en textos de la literatura grecolatina imperial, que acusan
la vigencia del culto de ciertas deidades femeninas. En
dicho estudio, además, aborda la problemática
del Asno de oro de Apuleyo en lo que concierne
a la mención del culto de Isis.
[4] La historia subyacente
a la Geranomaquia es la siguiente: las grullas
tracias, debido a un conflicto que por primera vez se ha
revelado en este texto, deben migrar en época de invierno
hacia el Norte de África. En dicho lugar habrán
de enfrentarse con una tribu de pigmeos, con la que sostendrán
una guerra crudelísima. Todo este primer canto relata
los prolegómenos a dicho enfrentamiento que por la
tradición posterior había sido leído
en clave paródica. Por el contrario, Orfeo Díscolo
ofrece un texto serio en el que se relata con una verosimilitud
desconcertante los motivos del conflicto interno que padeció la
raza de las grullas tracias.
[5] Aquí se hace
referencia a la “bilis negra”.
[6] A lo largo del texto,
se puede percibir que el campo semántico “noche” es
manejado en un sentido negativo; es decir, el color negro,
junto con la familia semántica que de él deriva,
se configura como estatuto de la muerte que asola a las grullas;
en primera instancia en las guerras intestinas que destruyen
el linaje imperante; en segunda, ya en el momento preciso
del combate contra los pigmeos en África.
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