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Las obras publicadas en Los Noveles son propiedad intelectual de sus autores.
Revista de literatura Los Noveles © 2001-2005
ISSN 1547-8114

 

 

 

LA GUERRA DE LAS GRULLAS

 

Sobre el poema conocido como Geranomaquia o “Guerra de las grullas” es muy poco lo que se sabía hasta el descubrimiento del mismo en los primeros años de la década de 1940. Con la presente edición he querido, antes que nada, difundir el texto a un público más amplio. Por ello he realizado la primera traducción española completa del poema, aunque por motivos de espacio, en esta oportunidad solo publico el primero de sus cantos. Ciertamente, el poema circuló y circula en la versión griega de la edición facsimilar que F. Chiappe hizo en 1954 del papiro único conservado en el Irish Museum (p. LJ 99), pero eso no es motivo para condenar a esta obra a una circulación estrecha y limitada a un sector reducido de la filología clásica.

Solo resta explicar que dicho poema está numerado a la usanza de lo que los alejandrinos entendieron como “ático”; es decir, se numero en función de las letras del alfabeto griego clásico del mismo modo que se hizo con los poemas homéricos: la letra “alpha” equivale a “uno”...

La existencia de este poema solo se conocía a partir de testimonios alejandrinos como la Vita Æsopi, en la que el protagonista, Esopo, es comparado, en calidad de contrahecho, con uno de los pigmeos de la Geranomaquia. Si bien dicho poema fue calificado por muchos críticos como paródico (en vista de que su nombre se compone semánticamente de manera similar a textos como la Batracomiomaquia), la realidad que os ofrece este documento es diversa.

Esperamos que esta primera lectura, sea motivadora respecto del interés que la épica grecolatina de índole animal puede suscitar, sobre todo por la extrema “humanidad” de sus personajes y de los sentimiento en ella volcados...

Elio Vélez Marquina


 

(La guerra de las grullas)

 

(Orfeo Díscolo)

 

Versión directa del griego

por

Elio Vélez Marquina

 

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Caen sobre el fuego los primeros hielos, calla la brasa,

gimen las crías porque la muerte [...] el corazón [1].

¿qué lanza o pica podría más sobre sus carnes rendidas

que se dejan, cual gorda prez, lamer por todos los costados?

ni picas ni lanzas suyas contra el colmillo singular 5

de su miseria podrán durar. mil copos de nieve más

tarde, con harto acero, siembra peste y sangre ël Invierno [2].

toda luz huyó del seno blando y dejó la Tierra fría.

esa su luz, ya ïda, sembró el sabor de las secas ruinas

sin favila que prometa latidos de lava o venganza. 10

mas, Señora del Viento [3], tú que traías robustos premios,

siempre víctimas, nunca muerte, nunca silencio infernal;

tú, Señora del Verbo, ¿porqué nutres con sangre mis versos?

con la sangre de aquella cría que probó el filo del hielo

sobre los débiles plumones de su todavía blando 15

cuello, con la del joven que corría por entre las eras,

con la del sacerdote, con la de Néos, tierno heredero

de maldita casta que supo del frío ën sus entrañas

ya por el sable que del cielo tracio llegó a su pecho.

[...] 20

caen sobre las testas de grullas los trastos de un enojo

que recoge rabias espumosas de una Edad malamente

forjada con el yerro áspero de una ciega casta sola,

temida por lo inmenso de sü amor que fácilmente odio

vuelve [...] 25

[...] las grullas de Tracia guardamos en el vientre pena [4].

oíamos de su lengua los lamentos, pocos murmullos

últimos para el pueblo desolado, perdido y ya gris;

era Gerón, primero de las grullas, mejor de palabra,

quien mordido enteramente y desgarrado y mutilado 30

rondaba la nieve bermeja a vista de pocos vivos.

Gerón.- “¡beban mi sangre esparcida sin reclamos, cenen mi carne

maltratada semejando los círculos que moribundo

trazo; así compartan en ágape sagrado el cuerpo rancio

de quien tanto esforzó a favor del fuego y los cantos secretos! 35

sepan que estos hielos punzantes del Invierno sí confirman

nuestro sino: impedidos somos de fijo nido y cultivo

fructífero [...]

somos migratorios, somos grullas condenadas al ciclo

emotivo de la Tierra, al llanto del Viento y a las armas 40

del maldito y sombrío Invierno que puja su rencor contra

nuestras plumas. ha muerto Néos, hijo de Ágata y de Bárathron,

quien debía surcar la senda ortodrómica hacia ël Nilo,

cuidando las crías, las madres y la bandada reunida,

cabe sus pies sin marca, de fuertes uñas y escamas sólidas. 45

grullas, dejen la sanguaza de ëste reino y los escombros

dejen para siempre lejos del recuerdo ÿ de su centro.”

moría el sabio Gerón hinchado de penumbra [5], moría

de peste y de terror, pues veía el final de aquella raza

tan suya como el seso y la carne, suya como el deseo. 50

no pudo el fuego devorar sus restos [...]

[...] en silencio, guiados por música negra

alcanzaron el sabor de su partida. mordían plena

su materia evitando ël crudo frío de su mirada.

quien devoró el hígado del anciano con suma apetencia 55

fue Pólemos, expulsado del vientre de la bella Xeima,

lleno de la sangre de Xolé, primero de los herreros;

y la entraña del sabio sazonó de amargo su plumaje:

Pólemos.- “¡débiles y castrados serán los que vomitan

sus pellejos rasgados con pico vacilante! 60

esta carroña es dulce pues brinda nuevas llamas

a las gruesas cenizas que tiñen su presente.

ustedes dicen muerte de la vida reciente

cuyo precio es menor al de la guerra próxima.

¿que lloremos a Néos murmuran con desgarro? 65

Ágata, la muy fértil, ¿detentas nueva cría?

vemos que ni dos huevos recela tu nidal,

y son pichones tuyos estos que poco vuelan.

si eres de corazón sensato sabrás darme

los aceros de tu hijo. ofréceme tu respeto 70

por ser quien lo mejor devora del cadáver.”

[...]

repleta de lágrimas yacía Ágata, la de fértil

belleza, cabe las carnes inertes de su primogénito 80

y con rabia maligna y necesaria contestó gruñendo:

Ágata.- “por madre sufro doblë aguijón en mis venas

y mi vientre sin huevos solo cultiva arena.

el durísimo pecho de mi reciente Néos

se cascó con la furia helada de la Tormenta 85

preñada por la verga podrida del Invierno.

tu blando pico irrita mi luto y despierta

la bilis más profunda de todos mis recuerdos.

quisieras ser cual Néos, quisieras ser su sombra

y por eso reclamas el acero de su alma, 90

mas me ofendes, cobarde, siendo muerto mi Bárathron,

padre de buenas armas, quien desterró los miasmas

negros de tu prosapia con hartos filo y fuego.

y siendo tu linaje ël de Gérona intuyo

que muchos de los nuestros cuellos derramarán 95

toda su sangre en vano [...]

¡jamás entregaré para tus grises ansias

las dagas y corazas templadas bajo Luna

de quien silentemente descansa sobre nieve!

¡devora hambriento, sí, los músculos del viejo 100

y sus entrañas traga sin pudor y respeto!”

[...] lleno el pico de sangre, arremetió con voz [...]

Pólemos.- si todos te veneran es porque fuiste el seno

de la leche de Bárathron, rijoso y bravo herrero.

ahora las grullas somos tierno blanco del hielo; 105

ya el frío cristaliza los ojos a zarpazos

y perfora con ira la obscuridad el seso [6],

con duro ritmo y con aliento miserable.

sabemos por relatos de niñez y de plaza

que del suelo nos viene el suero que reanima 110

todo el flujo de sangre que recorre la carne,

carne que gime penas, sangre que pierde fuego.

Antigua Madre, ¿lloras más el fin de una cría

que el comienzo del fin de toda una bandada

amante de tu herencia, sedienta de tu don? 115

deja quë abracemos tibias aguas del Nilo,

arenas muelles claras, gordos peces azules

y los frutos melosos que retardan la muerte.”

habló Pólemos, el zurdo, cubriendo con miel la hiel fresca

de su pico, diciendo el bien de una raza con falso centro. 120

los aún vivos de la bandada nada veían de sombra

en los actos del peor de Xeima: reviviendo el viejo rito

imitaban su furia, su ceguera sin saber de lo áspero

del mañana, del dolor visceral de sus pérdidas porque

creíanla justa grulla, salubre guía, acaso limpio 125

dios que valeroso enfrenta el miedo y reta a la muerte siempre

con grito elevado y sangre dispuesta en la joven mirada.

maternal Ágata de dulce y nutrido seno ¿pronuncias

también los dones de Pólemos, el de fría sangre, hijo

de la muerte y seguro naufragio de nuestras recias naves? 130

la de luciente belleza, reina paridora, proclamando

funesto mañana, dijo ya sin temores y ataduras:

Ágata.- “¡ah! pudre tu saliva cada fruta que besa

y toda mi alma pudres con gordas añagazas.

destrozada la bella Xeima de blanco cuello 135

debe con ansia grande pedir pronta la muerte

de su enfermo linaje. y el magnífico herrero,

Xolé, caro a los dioses, junto a Xeima en el Hades,

maldiga tu mañana ÿ así seas carroña.

la estrechez de tu entraña central ya te asemeja 140

a Gérona, maldita reina de los pigmeos,

quien nos une con mala tripa a ese pueblo.

aquí, ën este falso ritual de carniceros,

cúbreme con la noche que nos transporta al Hades,

pues las armas de Néos, el bien de mi prosapia, 145

he de celar con rabia, lejos de tu plumaje.”

así habló; y la rabia que antes solo carcomía la tripa

de la bella y tan blancä Ágata nutrió el tumor que Pólemos

ya incubaba en su pecho, de donde obtenemos las palabras

o bien nutridas de ingenio o bien sazonadas de cicuta. 150

así, con cicuta y con gélido filo, Pólemos, el zurdo,

ofendía la belleza de Ágata, la hërmosa madre,

habiendo escupido tanto sobre su patricio linaje

como se escupe sobre los animales muertos por peste.

él gritaba [...] [ella] callaba, mas gemía su centro. 155

 

© Elio Vélez Marquina


[1] Este es un típico comienzo in medias res: el autor describe el momento exacto en el que el pueblo de las grullas es atacado por una lluvia de heladas flechas (que también podría traducirse como “estacas” o “lanzas”). Sobre este motivo véase el análisis del Papiro Macedonio 369 de la Biblioteca de Estudios Griegos de la Universidad de Cerdeña que realizó G. Sammarco (Minerva 3 (1998): 567-598). Sammarco realiza una lectura poco fáctica, puesto que insiste en el carácter ficcional de dicho fenómeno, para negar toda posible referencia a un fenómeno atmosférico. Sin embargo, en el Proemio de la ya citada traducción parcial de Nemes, se considera como fuente oportuna el caso de la famosa Lápida Tracia conservada en el Museo Arqueológico de Ferrara, en la que se menciona una “inmisericorde lluvia helada que partió más de una cabeza...”

[2] Las personificaciones de fuerzas naturales o elementos de la misma (lluvia, vientos, ríos, etc.) se mantienen como tales. Por otra parte, conviene recordar que los nombres mismos de los protagonistas del poema refieren a elementos de la naturaleza o rasgos propios del saber fisiognómico del pensamiento derivado de los textos pseudoaristotélicos.

[3] Atendemos ya la invocatio musæ: los apelativos de “Señora del Viento” y “del Verbo” evidencian la esfera filosófica a la que se adhiere el poema en cuestión. Sobre la presencia de la gnosis en la Geranomaquia (sobre todo en lo que toca a las alusiones a la pystis sofía, véase el libro de Federico de Iriart, Philo-Sofía: deidades femeninas en la cerámica mediterránea. Ahí, el antropólogo andorrano, lejos de las tendencias de los homines posmodernes, trata con la lucidez que lo caracteriza la presencia de ciertas evidencias arqueológicas, cuyos ecos se pueden percibir en textos de la literatura grecolatina imperial, que acusan la vigencia del culto de ciertas deidades femeninas. En dicho estudio, además, aborda la problemática del Asno de oro de Apuleyo en lo que concierne a la mención del culto de Isis.

[4] La historia subyacente a la Geranomaquia es la siguiente: las grullas tracias, debido a un conflicto que por primera vez se ha revelado en este texto, deben migrar en época de invierno hacia el Norte de África. En dicho lugar habrán de enfrentarse con una tribu de pigmeos, con la que sostendrán una guerra crudelísima. Todo este primer canto relata los prolegómenos a dicho enfrentamiento que por la tradición posterior había sido leído en clave paródica. Por el contrario, Orfeo Díscolo ofrece un texto serio en el que se relata con una verosimilitud desconcertante los motivos del conflicto interno que padeció la raza de las grullas tracias.

[5] Aquí se hace referencia a la “bilis negra”.

[6] A lo largo del texto, se puede percibir que el campo semántico “noche” es manejado en un sentido negativo; es decir, el color negro, junto con la familia semántica que de él deriva, se configura como estatuto de la muerte que asola a las grullas; en primera instancia en las guerras intestinas que destruyen el linaje imperante; en segunda, ya en el momento preciso del combate contra los pigmeos en África.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Elio Vélez Marquina | Perú, 1979 | Estudió Literatura Hispánica en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Premio Nacional de Poesía PUCP 2004 con el libro Sansón ebanista. Es co-fundador de Los Noveles, así como colaborador de la revista Ajos y Zafiros. En 2002, publicó el poemario En el bosque. Actualmente, se desempeña como docente y como Secretario Académico de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Católica.