CITY
premonición
El ruido y la furia serán sólo palabras que recordarás
la mañana siguiente a la partida de los animales
cuando el último cardo arrancado del parque esté seco
y preguntes si el Apocalipsis ha llegado
y no tengas respuesta
y te resulte difícil arrancar de tu memoria las tardes morosas
y la calidez de la fruta
El concreto se hará cal entre tus pies.
No habrá brisa salina, ni canto de sirenas
cuando el mar se haya secado
y el último pez haya muerto lejos de tus manos
y de tus dientes
y no habrá fruta jugosa con que manchar tu barbilla
ni quién que te espere, ni muslos que besar
la mañana siguiente a la fuga de todos los animales
La Luna no se habrá vaciado de luz todavía
y no se habrá acercado aún
cuando te hayas decidido a coger tus bártulos
para evadir el juicio
y el viento aún silbe entre tus cabellos
y te retiras a quién sabe dónde.
mudez
El sonido se disipará entre las nubes
y no será el trueno que canta
ni las últimas aves llorando
sabes que no nacerán más horas entre las ramas
ni las palabras se acabarán entre tus ojos
(entrecerrados como las mañanas)
y los pasos
que tuvimos que dar cuesta arriba cada mañana
pero que ahora sólo van
de a uno
como la garúa de la tarde, casi sin sentir
pero también casi sin llegar.
No habrán flautas,
no cantos
no fugas
no arias
no habrán ruido ni música
sólo certezas
con ella vendrá el silencio
y después tus huellas.
Sucede que a veces incluso el ruido renuncia a su esencia.
tú
Tu voz en el teléfono no es ya todo lo cálida
que
debiera
no aprendiste a saludar nunca
y tu sonrisa cuando me dices que no soy
el monstruo que pintan.
Ya no muestra más
que unos dientes filudos reunidos en comité
tu ausencia se equipara al vapor de mis mañanas
y al sol que enfría mi café las tardes de agosto.
Avenida
es de tarde
y solo deseo recordar el color
de tus piernas exhibidas en vitrina
ofrecidas por unos soles
abrigadas bajo el dulce y espeso humo
que emana tu boca
el sabor de tu piel
adherido a mi lengua
oculto bajo juegos de lenguaje
que no terminas de articular
y muerdes la tela de mi camisa
mientras descargas tu ansia sobre las sábanas
Sonríes un trademark,
El sol sangra sobre la acera
la javier prado se convierte
en una serpiente de concreto negro
aferrándose
lujuriosa a tus palabras
cuando cierras la puerta sobre mi espalda
todas las luces se apagan.
office
bajo las persianas
el sol se convierte en corteza seca
y desecho de borrador
bajo tus dedos.
Una cinta enredada en el rodillo del walkman
tus oídos enllagados por el auricular
te señalan el camino
autoimpuesto
del aislamiento
del silencio
(como diogenes en su tonel)
te encierras en tu oficina
la cinta reemplaza al candil
tu monitor al pergamino
tu odisea no implica ya
el hallazgo de un hombre
pero sí recordar haberlo sido
alguna vez
en algún lugar.
pero sin embargo
estás condenado
a la inamovilidad
en el vacío de la avenida
espejada por la garúa de agosto
no haces más que esperar al sol deshojándose sobre tus hombres
y callas las pocas certezas que te quedan.
descenso
cada descenso tenía tu nombre grabado en el aire
el infierno
estaba envuelto en tantas ansias
como la certeza de tu ausencia
a tu lado de la vereda
se acumulan cenizas, latas, boletos
el cerbero te pide para su pasaje,
mientras te mira con legañas, con sueño
y el vapor de su aliento te envuelve
narcótico
una moneda en su boca como salvoconducto
nada está a salvo de la muerte, ni esa sola moneda
ni tu nombre en mi boca.
Fragmentos de City,
Tranvías Editores
© Carlos
Wertheman |