AMOR, UN DIA ME VAS
A EXPLICAR ESO DEL NINTENDO 64
Decidí llevarles todos los juguetes que tenía
guardados a los niños de San Andrés Cholula.
Eran más juguetes que niños. Eran peluches.
Jugaron durante dos horas.
Los filmé mientras jugaban.
Les quité los juguetes. Me los llevé.
Los quemé.
A la siguiente clase, jugaron igual que el día anterior,
pero sin los juguetes.
Eran solo niños, jugando.
No los filmé. Jugaron.
“Maestra, me hice un disfraz con todo lo que encontré en
el jardín, me vestí de Dragon Ball. Mire.”
Tomás se había hecho un traje de hojas, de palitos,
de pastos de varios colores, había amarrado rocas con
el pasto seco para hacer una cola dinosáurica, tenía
cuernos amarrados a su pelo con tallos de flores amarillas
de las que ponen en las tumbas de pueblo, se hizo una capa
trenzando pasto verde con tallos amarillentos y húmedos.
Poco a poco fueron llegando,
convergieron en la fuente central del parque donde yo los esperaba
con una camarita desechable para eternizar este juego teatral
que ellos mismos habían
ideado.
“Yo soy una princesa, la princesa
Leah”
Anita me lo dijo con ojos
llorosos, posando para la cámara
subida en un árbol, con dos flores rosadas a cada lado
de su cabecita, con botones de flor unidos con tallos, que
sostenían una bolsa de plástico transparente
pero con el emblema de la Pepsi; era su capa.
“Soy Digimon”
Simón con una caja de cartón de la que salían
unas hojas grandes, verdosas y café, formando una especie
de plumaje de ave informe y construida.
“Una reina”
Corona de florecitas amarillas
y secas, pajitas con pasto adentro que se unían a más
flores haciendo un collar de perlas anudado.
Cada uno asumió su papel, en ese teatro verde y seco
del parque. Eran personajes que no sólo se habían
creado a sí, sino que se entretenían inmensamente
en jugar a serse. Uno saltaba de un árbol, la fuente
era un océano; la otra sentada en un trono, que era
la banca mal pintada del parque; corrían alrededor de
un océano, cada árbol era casa, castillo, guarida,
fuerte. Cada cerco dividía países distintos,
planetas inventados, gritaban incesantes sus nombres adquiridos,
dejaban a su paso hojas, tallos de plantas, flores de muerto
de pueblo, risas, gritos, bolsas plásticas con el logo
de la Pepsi...
Los vi jugar, les tomé fotos, luego se las di e hicieron
un collage.
© Beatriz Bonduel |