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Las obras publicadas en Los Noveles son propiedad intelectual de sus autores.
Revista de literatura Los Noveles © 2001-2005
ISSN 1547-8114

 

 

 

AMOR, UN DIA ME VAS A EXPLICAR ESO DEL NINTENDO 64

 

Decidí llevarles todos los juguetes que tenía guardados a los niños de San Andrés Cholula.

Eran más juguetes que niños. Eran peluches.

Jugaron durante dos horas.

Los filmé mientras jugaban.

Les quité los juguetes. Me los llevé.

Los quemé.

A la siguiente clase, jugaron igual que el día anterior, pero sin los juguetes.

Eran solo niños, jugando.

No los filmé. Jugaron.

 

“Maestra, me hice un disfraz con todo lo que encontré en el jardín, me vestí de Dragon Ball. Mire.”

Tomás se había hecho un traje de hojas, de palitos, de pastos de varios colores, había amarrado rocas con el pasto seco para hacer una cola dinosáurica, tenía cuernos amarrados a su pelo con tallos de flores amarillas de las que ponen en las tumbas de pueblo, se hizo una capa trenzando pasto verde con tallos amarillentos y húmedos.

Poco a poco fueron llegando, convergieron en la fuente central del parque donde yo los esperaba con una camarita desechable para eternizar este juego teatral que ellos mismos habían ideado.

“Yo soy una princesa, la princesa Leah”

Anita me lo dijo con ojos llorosos, posando para la cámara subida en un árbol, con dos flores rosadas a cada lado de su cabecita, con botones de flor unidos con tallos, que sostenían una bolsa de plástico transparente pero con el emblema de la Pepsi; era su capa.

“Soy Digimon”

Simón con una caja de cartón de la que salían unas hojas grandes, verdosas y café, formando una especie de plumaje de ave informe y construida.

“Una reina”

Corona de florecitas amarillas y secas, pajitas con pasto adentro que se unían a más flores haciendo un collar de perlas anudado.

Cada uno asumió su papel, en ese teatro verde y seco del parque. Eran personajes que no sólo se habían creado a sí, sino que se entretenían inmensamente en jugar a serse. Uno saltaba de un árbol, la fuente era un océano; la otra sentada en un trono, que era la banca mal pintada del parque; corrían alrededor de un océano, cada árbol era casa, castillo, guarida, fuerte. Cada cerco dividía países distintos, planetas inventados, gritaban incesantes sus nombres adquiridos, dejaban a su paso hojas, tallos de plantas, flores de muerto de pueblo, risas, gritos, bolsas plásticas con el logo de la Pepsi...

Los vi jugar, les tomé fotos, luego se las di e hicieron un collage.

 

© Beatriz Bonduel

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Beatriz Bonduel | Guatemala, 1977 | Artista plástica y escritora. Ha expuesto sus obras en galerías de México, Ciudad de Guatemala y Madrid. Actualmente estudia Creación Literaria en España. También ha publicado críticas de arte, cuentos y poemas en revistas como El nido del escorpión, Los Noveles y Revista Kitsch.