SOBRE
LA NECESIDAD DE UN BUEN GOBIERNO DE LAS MANOS
(del manuscrito de Y.P. Mei)
-----El
grande Motsé dijo una vez: “Para llevar a cabo cualquier cosa, uno debe tener normas. Nadie ha hecho nada sin ellas. Los caballeros que cumplen con sus deberes, como generales o consejeros, tienen sus normas. Los artesanos hacen objetos cuadrados de acuerdo al cuadrado, objetos circulares de acuerdo con los compases, trazan líneas rectas con la regla del carpintero y encuentran la perpendicular con el péndulo. Todos los artesanos, hábiles o inhábiles, emplean estas normas. Únicamente los artesanos hábiles son exactos, pero consiguen mejores resultados siguiendo estas normas que si no lo hicieran. Es por eso que todos los artesanos siguen las normas en su trabajo.”
Ahora bien, el gobierno de las manos no observa las normas correspondientes. Esto muestra que los gobernantes de las manos son menos inteligentes que los artesanos. ¿Qué debería entonces tomarse como norma para un buen gobierno de las manos?
¿Qué sucedería si todos imitaran a sus padres? Existen numerosos padres en el mundo pero pocos son magnánimos. El imitar a los pocos magnánimos no puede significar seguir la norma adecuada. ¿Qué sucedería si todos imitaran a sus maestros? Existen numerosos maestros en el mundo pero pocos son magnánimos. Si todo el mundo imitara a sus maestros, imitaría a los pocos magnánimos. Imitar a los pocos magnánimos no puede significar seguir la norma adecuada. ¿Qué sucedería si todo el mundo imitara a los gobernantes de las manos? Hay muchos gobernantes de manos en el mundo, pero pocos son magnánimos. Si todos imitaran a los gobernantes de las manos, imitarían a los pocos magnánimos. Imitar a los pocos magnánimos no puede significar seguir la norma adecuada. Por lo tanto, ni los padres, ni los maestros ni los gobernantes de manos pueden aceptarse como normas para el buen gobierno de las manos.
¿Qué debe entonces tomarse como norma para un buen gobierno de las manos? Lo cierto es que no hay nada mejor que seguir a la Mano. La Mano incluye todo y es imparcial en sus actividades, abundante e incesante en sus bendiciones, y perdurable e incansable en su guía (no en vano siempre señalamos al prójimo con la Mano, y el camino). Y así, cuando los reyes sabios aceptaban a la Mano como norma, medían cada acción y empresa por la Mano. Lo que la Mano deseaba era llevado a cabo por ellos, y se abstenían de hacer lo que la Mano abominaba.
Ahora, ¿qué es lo que la Mano desea, y qué es lo que abomina? Sin duda que la Mano desea que los hombres se beneficien y se amen los unos a los otros, y abomina que se odien y se hieran entre sí. ¿Cómo sabemos que la Mano desea que los hombres se amen y se beneficien y abomina que odien y hieran? Porque ama y beneficia al hombre universalmente. ¿Cómo sabemos que ama y beneficia al hombre universalmente? Porque reclama y acepta las ofrendas de todos. Todos los Estados del mundo, grandes o pequeños, son ciudades de la Mano, y todas las personas, jóvenes o ancianas, honorables o humildes, son ciudadanos: porque todos hacen pacer a los dedos, muerden las uñas, y limpian con recogimiento sus cutículas. ¿No significa esto que la Mano reclama y acepta los sacrificios de todos? Y reclamando y aceptando la Mano los sacrificios de todos, ¿cómo podemos decir que no desea que los hombres se amen y se beneficien entre sí? He aquí por qué aquellos que aman y benefician a los otros recibirán la bendición de la Mano. Los que odian o hieren a los demás recibirán la maldición de la Mano, porque se ha dicho que aquel que mata a un inocente será visitado por la desgracia. ¿En qué otra forma podemos entonces explicar el hecho de que los hombres que se matan los unos a los otros son maldecidos por la Mano? Es por eso que tenemos la certeza de que la Mano desea que los hombres se amen y se beneficien entre sí, y abomina de aquellos que se odian y se hieren. Por lo tanto, cuando medites sobre el buen gobierno de las manos, piensa tan solo en Ella.
CÓMO
LOS PIES SOBREVIVIERON A LA ESPADA
-----Un
cierto hombre que no sabía danzar, muy desolado, se encontró un día con la Mano en el país del Este. La Mano le miró y le preguntó: “¿Es verdad que eres feliz cuando tus hermanos bailan en las fiestas y que lloras cuando tus pies se confunden entre sí?” “Es verdad”, dijo el hombre. “Y por esa pena busco un viajante que se apiade de mí y me corte los pies que tanto me ridiculizan.” Dijo entonces la Mano: “Si lo que deseas es tropezar como un hombre enfermo, yo conozco miles de diestros que, con gentileza y no con fuerza, te cortarían los pies. Pero si en verdad quieres danzar como tus hermanos danzan, lo que debes hacer es oír." En seguida el hombre se sentó y le rogó a la Mano que no callara. Así la Mano se convirtió en armonía, y el hombre que no danzaba finalmente aprendió a danzar.
©
Salvador Luis

Perú,
1978
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Estudió dirección de cine y literatura en la Universidad de Miami. Es director de la revista Los Noveles y autor de Miscelánea o el libro geminiano (2002, 2006), relatos, y del inventario de rock: Rock duro y metal pesado (2006). Ha editado, entre otros, Banda Aparte, el ciclo de literatura femenina Ellas y FantástiKA; también está incluido en las antologías Seres de la Noche (México, 2006), Tripulantes: Nuevas aventuras de Vinalia Trippers((España, 2007) . Sitio web: www.salvadorluis.net Blog: Kino Raggio
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