CASA DE LA ESCRITURA

La sagrada escritura se parece
a una casa de muchos aposentos
con numerosas llaves en su sitio
aparentando que abren cerraduras.
Borrada ya la cifra en cada cuarto,
acertijo difícil es abrirlo,
necesitamos líricos rabinos
con el soplo de Dios en su cerebro.
Así Kafka vivió con la escritura:
dueño del gran llavero de la casa,
abrió la habitación que conocía;
la clave: sufrimiento de los hombres.
Dejó para otro místico tarea:
hallar a Jehová en la oscura noche.


ESTHER VALLEJO EN JERUSALEM

Jerusalem se ofrece a sus ojos
deslumbrante en el centro de lo estéril:
once tribus y aquella de Levi
pululan en las calles de abrojos
y piedras y zafiros y rubíes
con su rara belleza. Atardeceres
anidan en sus pupilas y ahí crecen
tal lirios de blancura que no se mide.
Sabatt. Revolotean los rabinos
entre la multitud. Leen la Torah,
incitan a cerrar todas las puertas.
Meditan las colinas de Judea,
los lamentos del muro están vacíos.
-----Esther Vallejo piensa en Dios a solas.


MEDITACIÓN SOBRE LA TORAH
Escribe Joseph Chillita (1280)

El trabajo del escriba es notable,
es una entrega diaria al Creador,
si omitiera una letra o añadiese otra,
destruiría la tierra.
Escrita con el fuego negro sobre
el fuego blanco, Torah significa
Dios, con todas sus leyes y sus dones.
Torah es amor de Dios.
La Torah está tejida con el hilo
más oculto de Dios, invisible nombre,
tan misericordioso, tan clemente,
tan grande y respetable.
Todo nombre sagrado es de Yavé.
Toda combinación de consonantes
hecha por talmudistas conduce
al laberinto de Dios.
Sólo los iniciados bien conocen
los caminos inversos que nos llevan
al trono de Yavé sin dar vueltas.
Mana ahí luz eterna.
Hubo la creación y anteriormente
Dios y todos sus nombres ya tejidos.
Digo que la sagrada Torah es luz.
Y esto es todo el saber.


REFLEXIÓN SOBRE LA TORAH

Escribe Moisés de León (1290)

La Torah no contiene aquello inútil
en una sola línea de sus libros,
bella totalidad de lo divino,
semeja al cuerpo humano en el orden.
Como existen los miembros, los órganos,
las articulaciones que funcionan
con una perfección que nos asombra,
que a los más entendidos los alela,
de parecido modo la palabra
de Dios guarda intactos los orígenes
indispensables para que los hombres
puedan buscar la luz en las tinieblas.
La Torah es algo vivo, un organismo
donde respira Dios en cada poro.


LA TORAH EN SU NUEZ

Escribe Moisés de León (1290)

Como la nuez, la Torah tiene capas,
tiene cáscara, pulpa muy sabrosa.
Deja salir palabras de su cofre,
las oculta enseguida.
Dibuja a una muchacha comedida,
oculta en el recóndito aposento.
Tiene un único amante que escondido
permanece para otros.
Por amor merodea ante la puerta
el galán interesado, cuyos ojos
entornados se quedan en el quicio
buscándola, buscándola.
La muchacha abre apenas la ventana
y desvela un instante el bello rostro,
apresurada se oculta pudibunda,
y el amante la aguarda,
la ve su corazón, su alma la ve,
sabe que por su gesto ha sonreído,
entiende la esperanza como fuego
bondadoso del amor.
La verdad de la Torah solo muéstrase
para los hombres que arden en la zarza,
en la sabiduría del amor
de Dios y su merced.
La Torah se revela a quien la ama,
a él le hace las señas desde lejos;
con su sabiduría el elegido
llega a los aposentos.
La Torah parece hermética a quienes
desisten de estudiarla con ahínco,
se enciende de pasión por el amado,
despierta el amor de él.
Al principio hace leve seña clara
que al amado conviene comprender.
Insensato lo llama si callara,
mándalo reprender.
Cortina de palabras los separa,
los junta por primera vez en rito;
ahí por fin revela sus secretos
la palabra de Dios.



© Marco Martos

 

Perú, 1942 | Estudió en la Pontificia Universidad Católica y en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos; en esta última ejerce la docencia y ha ocupado el puesto de decano de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas. Es autor de los poemarios Casa nuestra (1965), Cuaderno de quejas y contentamientos (1969), Donde no se ama (1974), Carpe diem (1979), El silbo de los aires amorosos (1989), Cabellera de Berenice (1990, 1992 y 1994) y Muestra de arte rupestre (1990). En 1996 reunió su obra poética en el volumen Leve reino; posteriormente, entregó los poemarios El mar de las tinieblas (1999), Jaque perpetuo (2003) y la antología personal Dondoneo (2004). Sus poemas han sido publicados en alemán, francés, húngaro, italiano e inglés.