MIEDO DEL TIGRE

Tenéis que disculpar su aliento cavernoso;
él no sabe que el mundo es de los mansos.
Es verdad: para el tierno corderito
ganarse el cielo, el beso, la caricia del niño,
es coser y cantar. El tigre sin embargo
lo tiene bien jodido.
Alegaréis que a Borges
le fascinaba tanto su pelambre...
En sus rayas veía una especie de símbolo,
metasímbolo, ultrasímbolo, archimegasímbolo de todo.
Pero yo nada entiendo de infinitos,
ni de espejos y dobles. Yo digo que esas rayas
no son rayas, Señor, son cicatrices;
desgarrones prehistóricos, de tiempos del mamut,
arañazos de bala, latigazos, quemaduras con hierro...
o acaso son los surcos que dejan las miradas
de todos esos niños que prefieren
al manso corderito, los muy cerdos.
Tenéis que disculpar que su piel no sea blanca,
que se quede de piedra delante de la pieza,
porque en ese momento,
--------------------------------respirando despacio,
el triste tigre tiene muchísimo más miedo
que usted y yo juntos.


DESENMASCAREMOS A CHET BAKER
(que murió en Ámsterdam hace ahora 15 años)


Este tipo no sabe lo que dice.
Se nos muere de andrógino.
Se nos cae entre los dedos,
con ese acento casi pornográfico,
en que cada palabra
tiene la superficie de una fruta carnosa.
Pero cuidado:
no se deje engañar por tanto almíbar.
No es ningún angelito, sino un monstruo divino,
un súcubo leyendo el evangelio,
un querubín borracho con la boca partida.
No se confíe, amigo;
porque hay hombres que son como un hilo rompiéndose.
porque hay hombres que son como un arco al tensarse.
Y al final llega el día en el que esclarecerse
(ahora se dice “descodificar”).
Cuando iba a explicarnos su ambigüedad tremenda,
Su Majestad, Chet Baker,
se nos cae del balcón de un hotel en Holanda.
O se tira. Quién sabe.


MIEDO DE LOS VIEJOS

“¿Vivir no era mirar?”
Luis Rosales


los viejos son no sé cómo decirte
tal vez como vampiros de cosas desgastadas
cosas que a nadie importan
---------------------------------------tan mirones
observan cualquier hueco cualquier ventana abierta
y entre sí se discuten cualquier cosa
cualquier fecha y en esto
pueden llegar a ser realmente despiadados
los viejos lo vigilan todo personalmente
ángeles de la guarda del silencio del mundo
todo lo vigilan
el hervor de la leche en las cafeterías
el desliz de una chica que enseñara un pezón
admiran los andamios emiten sus pronósticos
revisan trece veces la vuelta de la compra
les chifla dar pellizcos a las niñas pequeñas te lo advierto
les pirran las palomas
---------------------------------yo diría
que deambulan así con los ojos abiertos
por el puro terror a que algo se los selle
por el puro terror a que de pronto
les explote en la cara
la fruta de la muerte.


LOS IMPUNTUALES

De todos los lugares
y todos los instantes,
escogimos el único,
exactamente el único en que ella,
o un indicio de ella,
o el más mínimo eco de algo que ella dijo
ya no está.
Mas si preguntas
te dirán que la orquesta de vuestros corazones
viene con el compás cambiado. Porque ella
recién se fue, recién dejó en el aire
sus pasos como puntos suspensivos.
Tropezarás por todas partes
con la espina dorsal de su vacío,
el trazado sin huella de sus cosas.
El caso es que no está. Y es muy probable
que ande besando a alguno en este mismo instante.
O que algunos prismáticos la espíen a lo lejos
tomando el sol desnuda en la azotea.
Tendrás que apresurarte
si quieres que se enteren de que te pertenece.
Porque es más que probable que alguno esté ya a punto
de cobrar con su lengua
la cúspide carnal, la cereza del pecho.
con su lengua siniestra, babeando.
Y nosotros aquí, con los pies congelados.


MIEDO A LAS AGUJAS

Es un genio este médico oriental:
donde pone su aguja hace un vacío,
borra un hecho terrible de tu vida
----------------------(uno de esos momentos que Vallejo
----------------------bautizó como los “heraldos negros”.
----------------------Esos golpes
----------------------“tan fuertes en la vida, yo no sé...”).
Es un genio este médico oriental, insisto en ello:
agujita a agujita
pinta una abreviatura de ti mismo,
te deja en silueta, en tus puntos neurálgicos,
y todo es resplandor, entusiasmo sin límites;
eres tú resurgiendo de ti como la espuma.
Y ves subir tu vida como una flor desnuda,
sin cargas trascendentes ni enigmas sobre el ser.
Es un genio, ya digo.
---------------------------------Porque ahora
el dolor no aparece en tus pupilas.
El dolor no ha existido. Tan solo hay lugar para
esa modalidad del sufrimiento
afirmativa,
atlética,
que se observa en la mueca del corredor de fondo.
Claro, alguno protesta y pontifica
que el dolor es nocturnamente cierto,
que el dolor es la última lección de la palabra;
que sufrir es saber.
---------------------------------Aunque alguno restañe
el valor pedagógico del trauma y la penumbra,
el doctor oriental simplemente responde:
(sic)
qué saber, qué enseñanza, qué carajo.


Del libro Todos los miedos (IX Premio Surcos de Poesía)

© Mario Cuenca Sandoval

 

España, 1975 | @ Nació en Sabadell, Barcelona. Es Licenciado en Filosofía. Reside en Granada, donde ejerce como profesor en el Instituto Mariana Pineda. Formó parte del grupo poético Nochedumbre, junto a Raúl Pérez Cobo, Benjamín Pérez Cobo, Inmaculada Serrano, y Francisco José Molina, con los que organizó numerosos recitales de poesía y música. Ha publicado artículos en Tragaluz. Revista de filosofía, Angélica, Alas, El Parnaso, así como en diversos medios electrónicos. En la actualidad tiene en prensa el libro de poemas Almacén de signos fracasados, tras resultar finalista de la actual edición del Premio Artífice de Poesía.