LAS ESCALERAS DEL GIGANTENANO


En las gigantografías aún son las personas, sus imágenes, sus contornos, que nos llegan. Sin embargo hay algo en la luz, en la cantidad de filtros interpuestos entre el material y nuestros sentidos por el software del momento, por la obsesiva digitalización de la luz, que nos comienza a dar una sensación de lejanía y desconfianza frente a esa estética de alta resolución. Pero también hay una idea de lo divino. No hay duda que el continuo de grandes imágenes aplasta incluso el andar de los más prepotentes acorazados de la ciudad. No hay duda de que no hay casualidad ni inocencia, sólo causalidad.


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El gigantenano recorre las escaleras del mundo
haciendo el catastro de las alteraciones de todo
del estado de avance del deterioro
decide sobre la fragilidad de los sistemas


Escaleras públicas

Aquí descansa el peso de las veredas
y duermen los más ofuscados enanos que no llegaron a ser gigantes
estiran sus manos recordando el hambre que en otras escaleras no sentían
las vuelven a estirar señalando (advirtiendo)
que el ser gigante no es virtud


Las escaleras públicas deben ser protegidas de los peajes


Escaleras corporativas

En el descanso de las escaleras
entre el piso 27 y 28 se conversa de las enanas del 29
que serán paseadas por una noche de videos y papas fritas
hasta el manoseo catártico extracotidiano
salvador y condenatorio de una enorme monotonía


Las escaleras corporativas están hechas a la medida del gigantenano


La oficina del gigantenano queda en el penthouse que no se alcanzó a construir


Las escaleras de los albañiles

Contra las paredes o en forma de A
grafican la tensión de los sistemas,
la inestabilidad de toda idea,
y las necesidades de los enanos patrones
en ese afán de mandar pintar los techos


El gigantenano tiene problemas para abarcar los escalones de las escaleras de los albañiles.
No logra entender el tamaño de su zancada y la estructura cruje
No soporta más los pies de este burgués


Escaleras de los viejos edificios

Se pueden observar desde la vereda entre las penumbras
--------------------------------------------------------------------los peldaños a contra luz
----------------------------------que se encaraman en su propia estructura
aún se escuchan los tacos y charoles trepando a sus refugios
aún se huele
----------------------------------pues allí habita
-----------------------la soledad
como el precio ineludible del confort de sus celdas


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El gigantenano quiere que nadie habite su edificio
ha expulsado a todos los inquilinos y se ha tragado tantas llaves
que su estómago resuena como un gran sonajero
que pena a los intrusos que invaden su escalera


*

Algún día las escaleras serán reliquias
y tendremos ascensores de bolsillo con puertas naciendo a nuestro paso
y nos limpiaremos los pies sobre felpudos voladores

Algún día
cuando no queden más preguntas
devolveremos la piedra angular de la locura
y simplemente no sonreiremos más.
Más bien seremos sombras pasantes
sobre pasillos holográficos.

Algún día cuando las escaleras al fin sean reliquias
y debamos conservarlas en museos
recordaremos el tiempo en que debíamos enfrentarlas
y nos ahogaremos de nostalgia.


© Federico Eisner

 

Uruguay, 1977 | Nació en la República Oriental del Uruguay. A los nueve años de edad viaja a Chile para quedarse. Estudió Química en la Universidad de Chile, y trabaja en conservación y restauración de patrimonio cultural. Es bajista y autor del poemario Pequeño compendio para un amigo. Desde mediados del año 2000 se desempeña como editor de Ediciones del Temple, proyecto editorial que reúne nuevos talentos poéticos chilenos.