EXTRACTOS DE BLASÓN DEL CUERPO FEMENINO DE HENRI-MAXIMILIEN LIGRE

traducidos por Elio Vélez Marquina


Lo que hay que saber sobre el autor de estos versos es que vivió a la manera de los peregrinos del siglo XVI: formando alegres jaurías con la milicia, anduvo por la península Ibérica, los Alpes e, incluso, Italia. Amó y calló, así como conoció el poco pudor de los puertos y el vino rancio de los alemanes. Miembro de una prestigiosa familia de banqueros, Henri-Maximilien renunció a los lujos, mas no a las letras. Su Blasón del cuerpo femenino no solo atestigua la lectura del De mulieres illustribus de G. Boccaccio, sino que acusa un fino saber de Marcial, Plutarco y Petronio, sin olvidar a su querido Petrarca. Muerto casi ad portas del siglo XVII, solo nos dejó este pequeño opúsculo escrito en francés y la inmensa curiosidad por recrear su vida y caminos (nota del traductor).


SONETO XVII

“Varona serás, dueña mía, tanto
Como para lucirte todavía
Por las vencidas calles de Pavía,
Sedientas de tu nombre y de tu encanto.

Muy discreta Atalanta, entretanto,
Serás: corriendo siempre por la vía
Recta del amor, venablo que envía
Eros, premio de Venus sin el manto,

Habrás de ser espejo de tu amado.”
Ah, imita de Eco voz y triste sino
Para agradar a necios y lascivos:
Descree mitologías; su llamado
Te piensa Adana u Orfea de argivos,
Siempre Quimera esquiva del destino.


APOLOGYA PRO DIVA PICCOLOMINI


La viudez no es guadaña de los fuegos
Del amor, ni clausura el Templo Arcano,
Cuyos ardores llagan sin desgano
Los ojos cristalinos de los ciegos.

Libre tu carne está, como los pliegos
En blanco en los que escribo; bien la mano
Puesta, y la tinta lista sobre el plano
De los trazos sutiles de tus ruegos.

Honesta ya me pides que abandone
Los halagos, promesas y canciones;
Mas yo impedido ardo porque veo
Tus caricias venidas de himeneo,
Porque rozo tu voz en las prisiones
Sin paredes de amor que me perdone.


DANZA DEL OBSCURO MEDIODÍA

Si süave sentimos que tus pasos
Claros dan el compás de nuestra ronda
Es porque el tinto cae de los vasos.

¿O tu rostro es de nieve, o redonda,
Tu faz se hiela débil por las penas
De una partida nueva que se ahonda?

¿O tus manos, palomas albas, buenas
Que deshacen su nido en el otoño,
O huesudas gallinas que condenas?

¿O tu visita trae buen retoño
Que nos auspicie infinitos días,
O, peor, la sequía de Logroño?

Vino es la sangre viva del Mesías
Y vino es el festín de nuestra vida,
Hurtado de la vid ya por sangrías.

No quieras, pues, huesuda malparida
Recortar nuestros hilos y los plazos,
Para apurar tu negra bienvenida.

Si süave sentimos que tus pasos
Claros dan el compás de nuestra ronda
Es porque el tinto cae de los vasos.



© Elio Vélez Marquina

 

Perú, 1979 | @ Bachiller en Literatura Hispánica por la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Ha sido galardonado en diversos certámenes como el Concurso Binacional de Poesía Argentina-Perú. Es colaborador del Centro de Estudios Orientales de la PUCP y miembro de las revistas de literatura Ajos y Zafiros y LOS NOVELES. También es autor del poemario En el bosque, publicado en 2003, y de otros libros inéditos. Actualmente se desempeña como docente en la Universidad Católica.

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