Qué espera, qué no espera,
empujado a otro destierro. El ojo
hacia alguna hora,
abierto a medias: cae,
al fondo de la escena,
un piano, en ralentí,
en un mar sin olas se hunde.
Qué vive, qué muere,
del lado ajeno, confuso,
un pez desgarra la superficie,
impide con su acto toda belleza.
Y no lo sabe. No sabe
cuánto arrastra la luna en su órbita,
hacia dónde se inclina
el relámpago cuando queda vacío,
si basta o no con encender un fuego
y arrojar al fuego el eco y la sombra.
Y está el tiempo, el óxido,
lo que despacio se deshace;
un rato antes se desnudan,
por un instante son menos ásperos,
oyen una música, se huelen
entre sí y lo que huelen
se presenta ancho y verdadero.
Pero, ¿cuánto dura? Enseguida
cruje la madera de la puerta,
se arruga la tela que cubre la tierra,
tercian el ganado,
el sismo, la malaria. Lo afín
se separa, se tuerce la plomada,
sólo huelen los perros
que buscan alimento
bajo montañas de hojas secas.


*

Por el suelo, en el aire,
al borde de las grietas,
en las ramas de los árboles.
Solitarios, en colonias, livianos,
Pesados. Ablandan con jugos
lo duro o lo perforan,
aun en lo oscuro noche
ven las invisibles líneas de los pétalos.
Frotan sus alas, raspan sus patas traseras,
cantan, captan ese canto
desde muy lejos.
Vuelan, corren, saltan,
desaparecen en la arena,
caminan sobre el agua de los lagos,
patinan, se emparejan en pleno vuelo, de a dos,
unos con otros en nutridos enjambres.
Como nosotros, parecen
estar en todas partes,
da la impresión de que nada les es ajeno,
que todo les pertenece.
Pero, como nosotros,
no pueden respirar bajo el mar
y el fuego no tarda en abrasarlos.


(MODIGLIANI)

Bebe porque tiene sed
y porque tiene sed se mancha.
Su dios es pequeño,
en cada otoño antes que las hojas.
En cada tela, un desnudo.
La cabeza hacia un lado.
Golpea el vidrio un viento:
¿quién detendrá su furia,
quién acariciará la frente de ese potro,
quién tocará una a una las cuerdas,
un sonido en progreso
en dirección a cierto amor,
a cierta isla cimentada en calma?


*

Los animales vienen a su encuentro.
Le ladran, mugen, balan,
gruñen, pían, chillan.
Le lamen las manos y la cabeza.
Algunos, los que tienen brazos, la abrazan.
Otros le pasan los lomos por sus piernas.
Todo como si se tratase de un sueño
soñado, sin sobresalto, por un niño.
Todo como si la vida se presentase tal cual es,
desnuda, sin artificio.


*

Es otra vida, temprana.
Es otra fruta, jugosa, ingrávida.
Desnuda, ágil,
en un amplio teatro de formas,
siempre la misma escena
nunca repetida.
--------------------No es idea,
es tal vez preludio,
perfil angélico,
un raro fulgor en los arbustos.
Y nueces, salmodia, oro entre nubes,
suave desmayo que deja estela.
Ahora la respiro,
bosque o limbo,
dejo sobre sus hombros
amoroso, inocente pasado,
Chardin, Watteau, Boucher...

© Carlos Barbarito

 

Argentina, 1958 | @ Nació en Pergamino, Buenos Aires. Es bibliotecario y forma parte del staff de la revista LOS NOVELES. Su obra comprende libros de poesía y de crítica de artes plásticas. Entre su trabajo publicado se encuentran los libros: Teatro de lirios, Éxodos y trenes, Páginas del poeta flaco, Acerca de las vanguardias, Bestiario de amor, Desnuda materia y Puntos de fuga. En Internet ha publicado Figuras de ojos y sombras. Su poesía ha sido traducida al inglés y portugués y aparece en varias antologías. Recientemente publicó el poemario La orilla desierta. Página web: Carlos Barbarito