LOS
HABITANTES DE LAS CUEVAS DE CATÉTER
Nosotros
los niños enfermos
seguíamos jugando
en las esquinas de las salas comunes
unos
amontonados en sillas de ruedas
otros
sujetos a una cama donde descansaban
nuestras cabezas condenadas a cascos respiradores
de astronautas abandonados en atmósferas extrañas
o
atornillados
a balanzas que mantenían nuestras columnas en su lugar
A
la mayoría de nosotros le habían nacido alas de
aviones
que obligaban a nuestros brazos
a ser amigos de sueros y calmantes
Cada
vez que volvíamos de ser abiertos
seguíamos jugando
y entre mareos posteriores al sueño anestésico
nos contábamos del tiempo
anterior a la morfina
y a las cicatrices
de
nuestras casas con sábanas dibujadas
de nuestro propio televisor
de las peleas con hermanos sanos y ausentes
que no dejarían entrar
No
llorábamos por las heridas
ni por las enfermeras
ni por el constante perforar de pieles
no acostumbradas a ser cuevas de catéter
ni
por la comida que ingeríamos sin molestar
o
la continua carencia de padres
Llorábamos
por las noches
por el niño nuevo de la cama de al lado que lloraba
que se iría en uno o dos días
que
nos recordaba la obligación del llorar.
De
La enfermedad del dolor
LA PERRA SIN NOMBRE
La
perra sin nombre viajó toda quiltra
de ciudad en ciudad
de patada en patada
El
inicio del viaje fue su propio nacimiento
Sabe
que tuvo una madre
No la recuerda
Sabe que tuvo hermanos
No los recuerda
Su
recuerdo:
Haber sido la mascota de unas monjas secas
que como higueras amontonaban niños y perros
en un patio
y unas piezas con camas
Los
niños eso sí le pegaban chicles en su lomo perro
pero a la perra igual le daban pena
sus ojos llenos de rabia, los nombres de santos
que las monjas les habían dado:
Antonio, Mateo, María
Niños
inexistentes emparentados en el abandono con la perra sin nombre
Nunca
pudo soportar tanta tristeza
nunca pudo soportar las ruedas de los autos
que
amenazantes le gritaban desde los caminos
a los que partió hastiada de tanto sobajeo en su lomo
sobajeos de monjas aburridas
Perra
sin nombre
perseguía y perseguía
así como su cola
así como a las bicicletas estúpidas
que se alejaban burlándose
Perra
sin nombre se llenó de rabia en la calle
Su
cabeza anónima aplastada por un auto en la ruta 68
Ella iba camino a la playa
Le
habían dicho
Que allí los botes tenían nombre
LA PERRA DESOLADA
Este
no es un blues quieto que aparece lejano en una calle que se
llama noche
No es un parque
No es un lomo perro abierto por las manos de un niño
enjaulado en su antejardín
o una mosca en un vidrio verde
Esta
es la perra desolada vagando por los caminos
Esta
es la perra desolada entrando a los bares y a los supermercados
con una pata chueca y una manta de tiña comiéndole
los pelos
Es
la perra desolada
No
No es un supermercado
Ni una calle
o una noche
No es un blues
Es
una perra desolada
Una perra tango
dando vueltas
torpemente
De
Jauría
CANTO DE LA HEMBRA ANCIANA
Cada
uno de estos hijos los he parido sin dolor
Cada uno de estos hijos ha caído al suelo
Como cuesco de aceituna
Y sin ningún padre
se han levantado
negros y olorosos
hay
algunos que se han encamado con putas
hay otros que han traído mujeres decentes
pero yo a todos los nietos los quiero igual
sean o no sean
hijos de puta
todos
colaboran en la casa
y a nadie se le pregunta
de dónde viene la plata
a
veces son diez lucas
o un kilo de arroz
o 2 litros de bebida
a
veces incluso han sido un par de chalas blancas
que todavía tengo en su caja
En
el baño la lavadora está tapada con un pañito
bordado
y en esa misma lavadora lavo
toda la ropa de mis hijos
con el amor de la mami
el amor de la comida
el amor de la comida
el amor de la comida
Aquí
la mami se respeta
por sobre todas las cosas
por sobre todas las mujeres
por sobre todos los vecinos
por sobre Carabineros
e Investigaciones
Porque
da de comer
Porque deja vivir en la casa
porque no hace preguntas
De
El libro de la Pobreza
©
Alejandra Sofía González Celis

Chile,
1976 |
Nació en Santiago de Chile. Ha
asistido a talleres literarios con Mauricio Redolés,
Andrés Morales y fue becada por la Fundación
Pablo Neruda en el año 1998. Asimismo ha participado
en tres publicaciones en calidad de antologada: Apuntes
a la base del fuego, Yo
no me callo y Vagonetas
presidenciales. Es Trabajadora Social de
la Pontificia Universidad Católica de Chile y
cursa actualmente su primer año de Magíster
de la misma disciplina. Ha publicado La
enfermedad del dolor bajo Ediciones del
Temple, 1ra Edición 2000, 2da Edición
2003, y tiene al menos dos libros inéditos (Jauría
y El libro de la Pobreza)
que esperan se levante de su cama y los publique.
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