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the
joe schmo show
En un principio todos pensábamos que Matt Kennedy Gould era un idiota. Seamos sinceros. A mí hasta me hacía recordar a un compañero del colegio que era bastante lerdo, el popular Capa Audaz. Es cierto. La primera vez que vi a Matt Kennedy Gould en pantalla me vino a la mente la cara de tonto de Capa Audaz, su mirada nerviosa, e incluso la desgarbada disposición de sus encías. Recuerdo haberme dicho a mí mismo durante el primer episodio: “Vaya, los productores de reality shows sí que saben escoger a sus víctimas.”
A Matt Kennedy Gould lo han descrito como un All American Guy. Eso quiere decir que Matt es un hombre promedio, trabajador y consumidor de pornografía, entre otras cosas. En mi opinión, Matt no abarca todo lo que significa ser un All American Guy. Eso quizás se deba a que la imagen que tengo del All American Guy se asoma más a la que Paul Stanley, vocalista de Kiss, describe en la canción All American Man, del álbum Alive II, de 1978. En esa canción, Paul Stanley –el que lleva la estrella negra estampada en el rostro– canta que él es un: “Six foot, hot look, All American Man, yeah!” Es decir: ¡Soy un pimpollo estadounidense de seis pies, yea! Tomando en cuenta el retrato que pinta Paul Stanley, es evidente que Matt queda fuera de lugar porque ni mide seis pies (debe estar promediando los siete) y tampoco es un pimpollo, rorro, majo, churro, cuero o como quieran llamarle. Matt Kennedy Gould, sin ánimo de ofender a sus familiares, amigos y fanáticos, vendría a representar al All American Loser, tal vez algunas personas lo catalogarían de redneck , pero debido a que nació en Pittsburgh y no en una ciudad sureña como Savannah o Tuscaloosa, el apelativo de perdedor le sienta mejor que el de “cuellorojo”. Además, Matt cursó un par de años de derecho en la universidad y ya sabemos que un redneck a lo sumo pisa la primaria. De todas formas, la definición de All American Guy siempre será dudosa, pues depende del emisor. Para ciertas personas Rob Lowe es un All American Guy y para otras solo lo sería Johnny Cash. En todo caso, Matt Kennedy Gould es otro eslabón en la cadena de los mal llamados “requetegringos”, y aunque a él no le guste el nombre del programa, The Joe Schmo Show define mucho mejor su personalidad. Matt sí es un poco schmo, un poco tonto. Le duela a quien le duela. Pero creo yo que es un tonto bueno.
Es fácil hablar desde fuera y reírnos de ese tonto de Matt. Sin embargo, a ninguno de nosotros nos buscaron para participar en un reality show ficticio llamado Lap of Luxury sin decirnos que el show sería ficticio. Es más, nadie contrató a nueve actores para que nos hicieran creer que Lap of Luxury era verdaderamente lo que Matt suponía: un programa de televisión. Imagínense esto, ser un repartidor de pizzas de Pittsburgh, panzón y bobalicón, y de un día para otro convertirse en el foco de atención de millones de televidentes, televidentes que sí saben que el show no es real y que sintonizan la frecuencia de Spike TV simple y llanamente para reírse de Matt Kennedy Gould. Eso es cruel, pero la crueldad, desde luego, se traduce en sintonía, en ratings.
Vuelvo a repetir que la primera vez que vi The Joe Schmo Show pensé que Matt era un idiota. Desde luego, solo había que mirarle a los ojos para teorizar acerca de su idiotez, y esa voz de brontosaurio Juan Lanas tampoco lo favorecía. Eso es precisamente lo que pensaron los productores del programa. Creyeron haber encontrado en este oriundo de Pittsburgh a una tonta ratita de laboratorio que respondería invariablemente a los impulsos eléctricos, la comida envenenada y las ondas sonoras. No obstante, los genios de la televisión pasaron por alto algo fundamental, o tal vez supusieron erróneamente. Estos señores no se dieron cuenta de que Matt Kennedy Gould tenía cara de idiota, pero que solo era un tonto y, peor aún, que su calidad de tonto tenía un límite, luego del cual Matt Kennedy Gould se transformaba en un oso de goma gigante, blando, azucarado y con olor a esencia de frutilla. Conforme transcurría el programa, los televidentes íbamos dejando de lado las antiestéticas encías de Matt y nos fijábamos un tanto más en su gran corazón. Exactamente lo mismo le sucedió a los actores el día que todos juntos lloraron la descalificación de Earl y cuando Matt, en un gesto memorable, renunció al premio de las vacaciones en Utah para dárselo a Dr. Pat. Poco a poco nos fuimos percatando de la verdadera madera de Matt Kennedy Gould. Ya no nos importaba la forma en que vestía ni su risa boba. No nos molestaba que conociera a las actrices porno por su nombre ni que su parsimonia al hablar fuese una constancia deprimente. Episodio tras episodio nos fuimos enamorando de su buena voluntad y, sobre todo, de su voz sincera. Fue Matt Kennedy Gould quien dijo que del supuesto Lap of Luxury no le importaba el gran premio de $100,000 sino los amigos que estaba haciendo, y nosotros, los telespectadores, le creímos, porque fue la única persona en esa casa que nunca nos engañó. Matt no tenía un libreto.
De Matt, creo yo, hemos aprendido una gran lección: las apariencias engañan, pero no los corazones. Quizás Matt no sea ese All American Guy del que tanto se ha hablado. Quizás solo sea un American Loser con un poco de suerte y quince minutos de fama, pero ese repartidor de pizzas nos ha enseñado a todos que en esta vida también vale ser un tonto, como él o como mi amigo Capa Audaz.
Cuando Matt Kennedy Gould se enteró de la verdad de las cosas, todos los actores corrieron a abrazarlo, y Ralph, el conductor mentiroso del programa, le alcanzó un cheque por $100,000. Matt no pudo controlar las lágrimas, no entendía qué había ocurrido, todo era una confusión y se sentía engañado, pues nadie era quien dijo ser. Earl no era Earl. Ashleigh no era Ashleigh. Kip y Hutch, y Gina y Molly y Dr. Pat tenían otros nombres en la vida real, y Brian, su best buddy en el show, no solo era un actor sino también uno de los guionistas: su mejor amigo había colaborado a escribir el programa en el que experimentaban con él. Pero nuestro Joe Schmo no golpeó a nadie, no demandó un juicio. Al preguntarle qué haría con el dinero del premio, Matt Kennedy Gould dijo: “Se lo daré a mi madre porque vivo con ella. Quiero ir a Pittsburgh, a casa.”
©
Salvador Luis.
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