el camino de ometepe

 

'Cover me, while I crawl into the world of the unknown'. Cover me.
Björk

 

En camino a Ometepe, saliendo de San Jorge, el barco se empieza a hundir.

Sin embargo, no siento pánico. Se hunde porque no lo sabe. No sabe que yo voy a bordo y con él, y en él mismo, se acaba el tiempo. Ya no está esa sensación de seguridad que te da tener un destino, y eso me gusta. En este barco hay un principio, pero no hay fin o destino. El lago arrulla suavemente, vaivén que te mece y mece en el viento, a la luz de un sol que todo extingue.

Poco a poco el barco se convierte en un suspiro, en un rezo suave y profundo. Se diluye, desaparece. El lago disuelve el barco para no verlo más, disuelve a la isla, disuelve a la costa, al cielo, y todo se hunde en el agua. Bienvenidos al universo acuoso.

Nadie se acuerda que hace solo cinco minutos la realidad venía en six packs. Hace cinco minutos la felicidad era inyectable, las novelas eran píldoras para matar el tedio de una noche en donde no tenías ni podías hacer nada. Podías cambiar de canal o respirar más hondo el olor del desinfectante con olor a primavera.

Pero todo está disuelto. Nadie se acuerda que hace sólo cinco minutos vivíamos entre la carne y el hueso. Éramos víctimas de autopistas y autopsias en vida, viendo vidas terminarse sin que éstas empezaran a vivirse. Fe, amor y felicidad al dos por uno hasta agotar existencias.

Nadie se acuerda que hace solo cinco minutos, las ideas eran vendidas desde libreros. Podías comprar una enciclopedia en el semáforo, ver Discovery Channel, olvidarte de los conceptos al final de los tiempos o cambiar de canal, cambiar de opinión.

Pero basta de filosofía, Ometepe está listo para amanecer. En la uniformidad a donde llegamos se acabaron los contrarios. Todo es fluido, el tiempo es un juego de chibolas. No hay extremos, todo fluye, a las dos de la mañana nos visitan. No sabemos quiénes son, pero nadie se queja por eso. Todo es azul. Azul como el cielo, como el aire, azul como el agua, como la tierra, como el sol o como la noche. Azul. Se hunde porque no lo sabe. No sabe que estoy aquí. Yo estoy aquí porque soy egoísta. Me sentía más seguro en. El aire era conducido por mis fosas nasales hasta mis pulmones y de vuelta hasta mis fosas nasales. El aire se ha convertido en mi sangre y en castillos de vapor paso la noche. En el ozono me hace falta cerebro y el azul está más cielo que antes. Paz en el aire. Hasta el viento sintió ganas de descansar.

Me invade un desarme total de las fuerzas anímicas. Rendición al abismo y nubes de ozono sobre las montañas. El lago. El camino de Ometepe es una sombra. El tiempo vuelve papel trazado. Lo doblo, lo rompo, lo tiro por la ventana. La marea del lago me da un nuevo ritmo. Lentamente, todo empieza otra vez. Todo desapareció silenciosamente para volverse a crear. Al lago también se lo llevaron por la ventana, pero días después regresó por su cuenta.

La luna llegó con sus maletas a hospedarse en la finca Magdalena. Se iba a quedar con esta noche, su noche. El lago trajo vino o eso nos hizo creer. Nos emborrachó a la luna y a nosotros.

El lago fue el criminal perfecto. No quería rehenes, ni dinero, nada más nuestras almas. El lago a cambio nos dio una botellita de agua purificada para frotar tres veces con deseos que nadie recuerda cuáles fueron.

5:46 a.m. Ducha después del desayuno; bus horneado al sol; marea la marea; el calor y el polvo; caminos llenos de sueños; sueños viajando en el viento. 6:23 p.m. El día lleva al bar. El bar lleva a la noche, pero la noche no fue la culpable. En la playa del lago brota el sudor y con el frío somnolencia. Las estrellas viven en San Ramón, con los monos congos, y tienen un billar en Santo Domingo. Organizan tours y muestran los petroglifos con guías bilingües en uniformes de telas importadas. También manejan un mercado de esclavos en las cercanías del charco verde.

3:78 a.m. El alba se presenta. 6:15 p.m. 2:90 p.m. Sufro regresiones mientras el sol sale del Maderas y las cascadas me lavan el alma, listo para una noche de acción. El agua me limpia las neuronas. Una visita al psiquiatra, pero sin efectos colaterales ni monetarios. En esta isla el sol no deja sombras sin secar, la semana ya se acabó. Las hormigas tienen que llevar zapatos para no quemarse. No me alcanzan los días ni las páginas para contarlo.

Cruzo el lago y regreso a Managua. El bus se convierte en una nave sideral de la ruta 100 Rivas-Managua, lleno de neo-hippies en experiencias y sandalias cercanas a la muerte. Vamos de regreso a los días de 24 horas. Los recuerdos se despiden bailando desde Moyogalpa.

Siento que olvido algo. Sí. El lago no nos ha regresado nuestras almas. El equipaje del turista regresa mucho más ligero.

 

De Ernesto Montalba y otras dudas

© Rodrigo Peñalba Franco


   
rodrigo peñalba franco (Nicaragua, 1981) Nació en Managua y fue desde el año 2000 y hasta mediados de 2003 miembro activo de la revista Literatosis. Ha publicado en La Prensa Literaria, El Nuevo Amanecer Cultural, Las Palabras Sobran y Gritos de nuevas voces. Actualmente vive en Masaya y se dedica al nuevo proyecto literario Marca Acme. También es autor de Ernesto Montalba y otras dudas.