edmundo paz soldán en la mira

 

Edmundo, en una entrevista, dijiste: “Y si hay algo que me ha acompañado desde mi adolescencia, es ese deseo de querer ser leído dentro de mi país y proyectar esa literatura al exterior". Mereciste este año el V Premio Nacional de Novela de Bolivia por El delirio de Turing. ¿Qué te conecta con Bolivia a estas alturas de tu vida?

Bolivia, por un lado, es la infancia, la adolescencia, la familia, los amigos. Por otro, es el territorio de mi imaginación. Puedo ambientar cuentos en otros países, pero con las novelas siempre termino en Bolivia, y eso que he intentado buscar otros espacios. Un escritor debe buscar un territorio y hacerlo suyo. Creo que eso es lo que me ocurre con Bolivia.

¿Podría decirse que te sientes reconciliado? Porque precisamente era en tu país de origen donde algunas voces te colgaban el cartel de autor light.

Es algo extraño. Me siento reconciliado en parte, pero a la vez sé que la obra de un escritor también se construye en base a resistencias internas, a peleas locales. Mi pelea con la crítica de mi país me ayudó mucho a definir mi proyecto narrativo.


¿Nos hablas un poco sobre esta novela?

Es una novela en la que traté de combinar varias cosas, por un lado mi afición por los códigos--aquí, los del criptoanálisis--, y por otro mi preocupación por la problemática social y política. Es un intento de fundir intereses dispares, tanto el de seguir explorando en el impacto de las nuevas tecnologías en la vida cotidiana como en la crisis del modelo neoliberal en Bolivia. El delirio de Turing ocurre en tres días de protestas sociales que casi hacen caer un gobierno, un poco como lo que ocurrió recientemente en Bolivia (pero en la realidad el gobierno cayó...)


Margarita Behoteguy, jurado en el Premio Nacional de Novela, comentó: “Paz Soldán realizó un trabajo artesano del lenguaje, donde destacó mucho el ‘cómo’ de la historia, que todavía es una ausencia dentro de nuestra literatura. Encontrar ese buen trabajo sobre el lenguaje es algo que valoramos muchísimo”. ¿Piensas que el ‘cómo’ es una falencia en la literatura boliviana?

No en la poesía, pero sí en la narrativa. Hay buenos escritores, pero en general falta oficio. Quizás esto tenga que ver con el hecho de que es imposible dedicarse a tiempo completo a la literatura.


¿Por qué te interesa, más que el tema, la textura de la prosa?

Me interesan ambas cosas. En mí literatura, una no puede existir sin la otra.

En 1997 ganaste con Dochera el Premio Internacional de Cuento Juan Rulfo, ¿ese premio te ayudó de forma particular?

Mucho. Me ayudó a salir de Bolivia. Y eso es muy difícil.


Sobre Río Fugitivo (1998) —finalista en el Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos—, en una entrevista concedida en España dijiste que querías comentar sobre lo social y político sin que la novela se convirtiera exclusivamente en una novela social. La literatura debe ir más allá... ¿hacia dónde?

Hacia la misma literatura. La novela puede comentar sobre lo social y lo político, pero lo importante es que cuando pase el tema coyuntural que la novela explora, ésta pueda seguir defendiéndose como literatura.

¿Piensas que hay un “debe ser” para hablar de literatura latinoamericana? Digamos, que iconos como García Márquez, por ejemplo, marcan un territorio fuera del cual lo demás desentonaría o es difícil de aceptar.

El "debe ser" se lo crean sobre todo los editores y críticos de otros países, que tienen ciertas expectativas reduccionistas sobre lo que es la literatura latinoamericana. Por suerte, al interior de nuestra literatura sabemos de la coexistencia de una diversidad de registros.

El delirio de Turing


Estas palabras son tuyas: “La literatura para mí es una suerte de crucigrama, un laberinto verbal que los lectores tratan de descifrar y en el que muchas veces se pierden (sin por ello dejar de disfrutar la búsqueda de la solución)”. ¿Cuál sería para ti la relación ideal entre el autor y el lector?

El lector es alguien que trata de descifrar un código secreto inventado por el autor. Y para ello debería convertirse en un creador también.


¿Crees que la tecnología abre muchos temas para un narrador interesado en ambientar sus cuentos y novelas en el mundo contemporáneo? Pensamos en las novelas Sueños digitales (2000) y El delirio de Turing (2003).

Siempre y cuando la tecnología no sea un fin en sí mismo, sí. Es un tema descuidado por la literatura latinoamericana, y a mí me parece una fascinante puerta de entrada para narrar las contradicciones de nuestras sociedades, atrapadas entre el deseo por la modernidad y el intento por no dejar de lado la tradición.


Tienes tres libros de cuentos, Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores imperfectos (1998). En el año 2001 hiciste referencia a que intentabas volver a escribir cuentos. ¿Para cuándo otro libro de cuentos?

El próximo año Alfaguara publicará Desencuentros, que reune mis dos primeros libros, desconocidos fuera de Bolivia. Y para el 2005 espero tener mi nuevo libro de cuentos, La inquietud de las criaturas.

Amores imperfectos

En una entrevista comentas: “...Es cierto que a veces el mercado es un poco dictatorial y nos dice que deberíamos dedicarnos a escribir novelas porque el cuento no se vende de la misma manera, por suerte para mí no se trata de mercados sino simplemente de que hay ciertos temas que son mejor tratados en un cuento y otros en una novela”. ¿Predominan los temas de novela y por eso en los últimos años sólo anotas goles para el equipo de las novelas?

Siempre he tenido una relación muy natural con el cuento. Con la novela, en cambio, he debido trabajar más. Y por eso en los últimos años se me convirtió en una suerte de desafío esto de trabajar el género de la novela. Y claro, como el género es absorbente, llegó un rato en que me di cuenta que no estaba escribiendo cuentos. Pero ahora estoy volviendo al cuento.


¿Hay alguna obra de las tuyas a la que te sientas especialmente ligado?

Mi novela Río fugitivo, quizás porque es la más personal. Y El delirio de Turing, por ser la última.


Junto al escritor chileno Alberto Fuguet preparaste la antología de nueva narrativa latinoamericana Se habla español (2000). Has dicho que te preocupan los jóvenes narradores porque ves en ellos “mucho talento y va a ser un poco difícil para ellos consolidar su obra cuando tienen tantas cosas en contra”. ¿Cuáles son las dificultades de un autor novel para abrirse paso? ¿Hay algún conjuro para librar de la maldición de autor novel?

Las dificultades son las de siempre en América Latina: no todo es cuestión de talento, el escritor necesita de una infraestructura que lo apoye, y esa infraestructura no existe en la mayoría de los países. El escritor está muy solo, y tiene una razón para seguir y noventa y nueve para desanimarse. Yo le diría que escuche a esa única razón, que sea testarudo.

Para terminar, ¿qué pasaría si te enteras ahora de que Edmundo Paz Soldán es invento de un club de fanáticos de ese crucigramista obsesionado por Dochera que es don Benjamín Laredo?

La gloria de hoy parece convertirse en la definición de un crucigrama. Así que no estaría tan mal.

La materia del deseo

 


   
edmundo paz soldán (Bolivia, 1967) Doctor en Lenguas y Literaturas Hispánicas por la Universidad de Berkeley. Actualmente se desempeña como profesor de literatura latinoamericana en Cornell University. En 1997 ganó el Premio de Cuento Juan Rulfo con Dochera. Ha publicado las novelas Río fugitivo, Días de papel (Premio Erich Guttentag), Alrededor de la torre, Sueños digitales, La materia del deseo y El delirio de Turing (V Premio Nacional de Novela de Bolivia), los libros de cuentos Las máscaras de la nada, Desapariciones, Amores imperfectos y la antología Simulacros. También ha coeditado la antología de cuentos Se habla español. Su obra ha sido traducida al inglés, alemán, finlandés y danés.