| zigzagueos
Pálido
reflejo en el sendero.
Liba inquieta la abeja, se cuela
la serpiente y con ávidas manos desata,
disuelve, deja llaga y corre
detrás de la locura.
historia de patria
Soplo de
orquídea pensativa,
que en mi alucinada entraña permanece
adormecida en el azul.
Ansias de olas quebradas por
ambos lados del alma.
Túneles
de esperanza se ahogan
en el sudor, que cava pétalos desteñidos.
Verdes gemas talladas de sangre.
Necios que buscan calma.
De
Marcas de sal
Cuando la amarran
a la estera
los mataratones
se agachan vestidos.
Dejan la hendidura del anhelo
alumbrada con faroles de caimito.
Roban los maizales desteñidos
y pasan en cuclillas.
Mieles de
cañas llaman a gritos
los sombreros inclinados sinuosos
en las almidonadas cabezas de las negras.
A lo lejos
claras se distinguen las voces
del llanto cetrino del niño mulato.
Habría
otra vez para Penélope,
quien hoy
se guinda en el hilo de plata.
Pero hay callados
tiempos,
jirones zarrapastrosos que hieren
y enjugan sus escorpiones
en el telar de hojalata.
De
Calambuco de orquídeas
caracoles al alba
------------------------------------------"cuando
un gran pájaro nocturno
------------------------------------------irrumpe
en el silencio
------------------------------------------blanco
de la nieve
------------------------------------------en
las más blancas
------------------------------------------contradicciones
del silencio"
------------------------------------------María
Negroni
Vigilia que
escucha su punzante latido
irritante chasquido del inquilino amante.
Ni amantes ni verdugos deliran en sueños.
Es fantasma tronante que no escucha
sordo por lengua de fuego que le quema
al verdear el regreso a su cálido petate.
Esa morada clara que mide los instantes
por las lunas que corren sanguinarias
en la estrechez del hueco de la aguja,
aquellas ciruelas que parecen eternas,
entalamadura seca de cáñamos y hule,
tentáculos pesados que no mueve la brisa.
Vigilia expectante
de un mundo que sacude,
que elabora el sentido de la curva de Gauss,
la gravedad de las manzanas recelosas tardías
impregnadas con creosota de hulla desmayada.
Desleídos
los deseos caracoles del alba
recorren las entrañas otra vez remendadas,
chillidos que mecen incógnitos enjambres
frente a ese crujido único de jarana
del burdel de meretrices sin cara
y humedades calladas.
Con grima
de apestada y guiño de poeta
recorre la estancia que le dieron por morada
atestada de matutes, cachivaches con libros
y mandas. Sí, mandas de tantos días santos
regados con vallenato, llanto y agua bendita
en totumo de agua de coco y ron blanco.
De
Cocos de barro cocido
©
Mayra Margarita Mendoza Torres
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