el primer unomás

Un puentecito de piedra atraviesa la acequia. Esa es la barca de Carla, ahí se sienta de vez en cuando a remar con el palo de la fregona. Pero por más que navega, siempre avista tres gallinas y la puerta verde de la entrada. Menos mal que ella siempre está en Tombuctú o debajo de la noguera o mirando las sábanas finas que tendrá la cama, la de arriba, la que da al balcón, la grande, el día que se despose con un gitano. Porque el primero tiene que ser gitano, o parecido. Que no lo es del todo la Tonta del Cortijo.

el dos

Pocas veces cobró tanta importancia el número dos.

La gente no valora esas cosas. Tienen doses por ahí tirados, revueltos en el cesto de las cifras sucias, en la cuenta del supermercado, sobre la mesilla de noche, en los frutales y plateados centros de mesa. He escuchado el dos de barítono de Fernando el del bar: que dos, que dos cervezas. Yo he visto con mis propias manos a los bañistas manchar el dos de agua y straciatella; he llorado por una mala réplica de un dos cualquiera.

Dicen que todo se debe a un trauma infantil, a un enredo de hemisferios. Escribía con la izquierda el patito del revés antes de sacarlo a bailar el lago de los cisnes en mis libretas. Más que dislexia era por la melancolía de comprobar cómo, desde ya, aquel número le daba la espalda al futuro. Como terapia tuve una camiseta con el dos remallado por detrás. Y como en casa decían que era una chusma, obviamente concluí que no era por ser ambidiestra para enhebrar la aguja y sacarme los mocos, sino por aquel obsceno número colgándome atrás. Y contaba, con los deditos:

uno, chusma, tres...

Pero ahora es más grave:

uno y tú.

Y el dos, tan común, es sólo una sospecha.

- Precisamente ahora, que aprendí a hacerte el amor con ambas manos.-

tresenriques

Además, les unen los ojos y el pelo.

-1-

El de Enrique, que le nació rizado para meter manos. Camina dando grandes zancadas con los brazos, en caso de que si no me eche el peso del derecho sobre los hombros. En cuanto se acabó la cerveza, le besé en el iris verde, y eso que dormíamos en una tienda de campaña. Desde entonces me llamaba, hasta que perdí. Perder es transitivo (menos mal). Faltan pues los complementos: Me. Lo.

-2-

A los tímidos les crecen más las cejas. Y a las amantes secretísimas, se nos tiene que poner tremenda cara de confidentes. Pensó cuarenta y dos veces en largarse, que sale a dos por minuto, y sin embargo esperó, paseó la antesala, navegó en los galeones de los cuadros. Tan fuerte tenía el pelo. Ya en el despacho, pidió asiento y quiso contarme su dolencia. Aproveché que la vergüenza y la pena no le dejaban mirarme a la cara para concentrarme en sus ojos. Él no lo sabe, pero así logré no llorar. Resulta que Enrique quería algo de mi cama. Y no era yo.

-3-

Una: “En un diario de provincias, pero mucho trabajo”, me dijo con voz grave. Ni a cuatro frases llegamos, ni a una cerveza después de la clausura de aquel Congreso, nada. Entró tarde a la rueda de prensa, con su cara de pan de pueblo y sus manos de saco, y fue mi héroe. Porque protestó, y a mí me gustan los que protestan, es que los confundo con los valientes. Se sentó a mi lado para hablar con Julia, de Europa Press, y fue mi desasosiego. Porque me ignoró, y a mí me gustan los que me ignoran, es que los confundo con los interesantes. Dos: “Si vas para la calle Orense te llevo”, me dijo, sin afecto. Y fue mi delirio desde Ciudad Universitaria a Nuevos Ministerios. Porque todo él era Enrique, y a mí me gustan los que nunca se mesan el cabello, es que los confundo con los que miran hondo. Tres: “No te voy a pedir permiso, luego me partes la cara si quieres”, me dijo, antes de besarme como nadie. Le di la hostia, obviamente, para no desmerecer. Ya dije que a las cuatro frases no llegamos. Ahora sólo leo el Andújar Información.

 

© Carmen Camacho.


   
carmen camacho (España, 1976) Poeta y narradora nacida en Alcaudete, Jaén. Licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid, obtuvo el premio Infanta Elena por su excelencia académica, y trabajó en Onda Cero Radio y en la Agencia EFE. Participó en tertulias del Grupo Barbieri y de El Círculo, y en las revistas Escaparate, Apuesta y Barataria. Reside en Sevilla donde impartió clases de Teoría y Estructura de la Información en una Facultad de Comunicación adscrita a la Universidad de Gales. En la actualidad, es responsable del área de comunicación en una fundación de la Junta de Andalucía. Su obra ha sido publicada en revistas como El Círculo, LOS NOVELES y Kitsch. Sitio web: www.carmencamacho.net