
Donde el rojo enfadado es él
El primer trabajo que tuvo Pere Mallén (Terrassa, 1979) cuando llegó a Madrid fue escribir su Batalla campal, un libro de poemas que ha publicado Ediciones Masmedula y que podrían ser varios, pues se compone de tres partes que, aunque complementarias y generadoras de un todo cruel, se distinguen y se pueden apreciar también por separado. Se trata de ‘Napalm', ‘Poemas a tres del paracaidista' y ‘Lo que no soy'.
Tres títulos para un desgénero, si se me permite el neologismo; el de un músico catalán de pelo largo y rojizo al que hay que mirar colocando el ojo hacia lo alto. “Es ahora cuando siento que he acabado el proceso del libro”, le escuché decir hace unas semanas, y sentí cierto alivio. Porque sin duda debió ser duro. En Batalla campal hay justo lo que el título nos sugiere: el paroxismo de una guerra.
 “Cuando me propusieron publicarlo estaba justo escribiendo, y entonces le di forma. Quería que fuera directo. Corto y duro”, cuenta. Sin embargo es largo, porque ninguna guerra puede ser corta, no importa aquí el tiempo, y ninguna batalla se olvida, a fin de cuentas. Vosotros sois mi enfermedad de latidos terminales, dice el último verso del poema de la página 19. Y una, como lectora, asume y asiente. Casi diría que agradezco.
Lo explica bien el propio autor: “Los primeros poemas son muy sudados, una especie de relato de lo que me estaba pasando”. Lo que le pasaba era, entre otras cosas, esto:
dicen que no hay mejor lugar
de esta tierra cosida a tu boca
dice tu cuerpo
que sabe latir como nadie
dicen que tú apareces al final
de las palabras que me curvan
digo que estás cerca de mi mano de sueño
que puedes tocar mi nicho
callo que te extiendes por mi cráneo
mientras ardo todo el cielo que sugieres
En la segunda parte, ‘Poemas a tres del paracaidista', se recogen una serie de poemas breves; certeros. Dicen mucho en poco, y esto también lo agradezco. Para qué robarle a nadie el tiempo. “En la segunda parte tomo aire”, dice Mallén. Y nos lo da, le digo yo a él, con versos como éstos:
El cansancio del caer
me da textura de animal
y me temo como perro
Pero es en ‘Lo que no soy', como se intuirá, dónde realmente encontramos al autor, de nuevo en poemas largos, como en ‘Napalm', en una tercera parte del libro que el catalán muestra como “reflexión”. “Por qué caminos no iré de nuevo, lo que no soy, lo que no haré de nuevo”, me dijo.
 Lo que no parará de hacer nunca, me quedó claro, es música. Mallén es guitarrista y compositor, ha participado intensamente en la escena musical de su ciudad natal y forma parte de varias bandas musicales. En Madrid toca a menudo en la Clamores con James Room and the Angry Red, donde el rojo enfadado es él, pero es difícil imaginar a este hombre verdaderamente airado. Es más fácil, por el contrario, imaginar cómo le corre el rojo por sus silencios.
“Me va mucho el blues, pero toco lo que sea. No soy un mercenario, pero me gusta tocar. Si es blues, genial, si no, no pasa nada. Prefiero tocar que trabajar y, en estos dos años en Madrid, he aprendido mucho. He ganado en confianza, no salgo ni veo mucho, no debo ser de ciudad, me gusta estar en casa o ensayando, todo el tiempo que tengo toco y, desde que estoy Madrid, compongo. Me he escondido en los grupos, en un segundo plano, pero ahora he cambiado un poco el chip, no me da miedo cantar. No pienso en nada, hago lo que me gusta, me quito complejos. Así he conseguido más en un año que en los anteriores”.
© Rebeca Yanke
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