
Breve historia de la Roma julioclaudia en tres fragmentos infidentes

I. CONSEJO DEL ESCLAVO
Las masas quieren sobre todo la oportunidad de probarse dignas de un dios, solo piden que les presentemos con los medios y ocasiones necesarias para darle pruebas de su amor. Así se las convence de su autogobierno: pasan a sentir que representan una voluntad histórica y encarnan una sensatez común. Son republicanas: mientras se les presente usted como la coronación de su destino y su grandeza, le servirán como quien sirve a la mujer que ama: con la misma y eficaz ceguera.
En tanto crean que lo adornan no se sentirán superfluas, y vuestra libertad –al menos de esta parte— será perfecta.
II. REPAROS DEL CONSPIRADOR
A un hombre como ese solo puede castigárselo de una forma y abatírselo por un solo talón. Si tiene en algo su buen nombre, no intente asesinarlo a plena luz. Aunque lo logre fallará en esencia, y su recuerdo vivirá –provisto viva— en la infamia inmerecida del de Bruto.
Calumnie, en cambio, a su hija.
III. EXORDIO PARA EL ARQUITECTO DE UN EMPERADOR
Si fuéramos a comenzar con cuatro muros para despedirlos como ejércitos o arados de viaje alrededor del orbe, estos volverían a cerrarse –en algún momento— sobre sí; resumiendo su perímetro hasta agotarse, todos, en un punto de extrema entropía: la columna, esa austera insinuación de su Persona.
© Mónica Belevan
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