
¿Qué es una noticia?
Una noticia es el enunciado de un acontecimiento que se divulga de forma espasmódica pasando por la termomix de los mass media hasta llegar, convertido en croqueta, a los ojos y los oídos de Oda. Oda odia las croquetas. Oda suelta un gruñido por cada croqueta. Yo me las como en su lugar y al final del día mi estómago es una patraña informativa de bechamel.
A Oda no le gustan las comunicaciones tipo la banca dispara su deuda con el BCE ante el cierre de mercados, Irán no ha suspendido la lapidación de Ashtiani, España gana el mundial de fútbol, la policía captura al capo de la mafia calabresa, una madre japonesa acusada de estrangular a su hija y encerrarla en la lavadora, la Comisión propone a los gobiernos prohibir los transgénicos, Vaticano ultima nuevas reglas para afrontar con mayor severidad los abusos, bla bla bla. Hay un gruñidito croquetiano después de cada afirmación. Cambia de canal. En según qué horas, es difícil librarse de la lluvia de croquetas. Clic clic clic, grr, grr, grr, hasta que da por fin con la placidez de un plató en el que oh, se tratan por fin los temas verdaderamente importantes. Oda no es una cabeza hueca. Entre un estremecimiento gutural y otro, suelta cosas como todo es mentira, todo es mentira, todo, nada tiene solución, nada tiene solución, nada. La publicidad la relaja. Veo cómo su pecho se ensancha bajo el vestido floreado, cómo sus dedos se alejan mínimamente del mando a distancia, se ríe como una niña. En las madrugadas, mira el teletienda con verdadero interés. Imagina que lo compra todo y que su casa se llena de utensilios magníficos. Claro que nunca llama a esos teléfonos diabólicos. En esta casa lo único que entra es comida, encargada desde hace años al mismo establecimiento: lunes y jueves, ding dong, llaman a la puerta y entra un señor bajito con bolsas llenas de alimentos que deposita sobre la encimera de la cocina. Oda le paga y la cabeza del señor bajito baja y sube en agradecimiento. Ya está. Desde que estoy aquí con ella, no ha vuelto a bajar a la calle a comer kebabs. Esto es un asco.
Tras un tiempo de observación, ya he comprendido qué vienen a hacer aquí las visitas. Oda lee las cartas. Sí, sí, es todo tan maravilloso a veces con ella, es todo a veces tan banal. Ab-sur-do-ho-gar. Algunas noches vienen a visitarla y ella prepara la mesa redonda con esmero. Estira un tapete, enciende una vela, se coloca unas pulseras tin tin, y entre sus manos las cartas viejas se barajan mágicamente. Tac tac tac, va poniendo las cartas sobre el cristal y mira al receptor, meneando la cabeza. Los visitantes suelen tener ojos de pescado, pero a veces aparece alguno con un brillo especial. Se van siempre cabizbajos, bien agarraditos a su destino. Luego, Oda recoge rápidamente las cartas y la vela y etc., y vuelve a sentarse en el sillón, aliviada como después de ir al baño.
Mi estancia con Oda estaba empezando a ser aburrida. Me hacía dudar de mi intuición. Al fin y al cabo soy una romántica. No he venido aquí para hundirme en el desengaño y la profundidad de la indiferencia, a pesar de que son las cualidades que más abundan entre los seres humanos.
Bien, yo ya iba notando mi necesidad de escapar cuando la otra noche alguien llamó al portero violentamente. Oda se sobresaltó y dijo no puede ser, no, ya está aquí otra vez. Maldijo y redijo y se arrastró hasta la puerta y en fin, todo lo demás fue revuelo.
Ya no estoy sola. Ha aparecido un ser interplanetario. La sobrina de Oda se llama Ida. Traía una mochila, un pequeño ordenador portátil y unos cascos. Su tía puso cara de terror y hastío al recibirla y ella iluminó por fin el salón con una sonrisa que dejó ver el chicle de melón que palpitaba entre sus dientes. Su ropa, ¡qué divertida es su ropa, su pelo a trasquilones! ¡Su adolescencia como militancia! Tía, he vuelto a escaparme de casa, le dijo. ¿A que mola?, le dijo. Yo estuve a punto de palmear de gozo. La cara de Oda se ha convertido en una croqueta gigante. Pero desde la habitación de los trastos, donde duerme Ida, suena Panic, de The Smiths, I wonder to myself, could life ever be sane again?, y sé que ella da botes en medio de los cacharros agitando las puntas de su pelo eléctrico. La realidad es un trozo exquisito de jamón en medio de la bechamel más espesa. Hang the dj, hang the dj, hang the dj, hang the dj, hang the dj, hang the dj, hang the dj, hang the dj, hang the dj. Ahora sé que ha empezado el verano.
© Lara Moreno
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