
Una ráfaga de noche mexicana
Uno que se anda medio muriendo, como dicen en mi tierra de quienes se enferman y se andan medio muriendo; un número de Los Noveles en el que no se renueva “La materia no existe”; los lectores que no se dan mayormente cuenta. Uno que regresa de todas maneras, con ánimo ecuménico y trote de modelo de comercial de producto milagroso. Y así:
* * *
Desde la antigüedad, cuando los griegos inventaron la idea del alma, sabemos que el ser humano está dividido. Uno no es uno. Yo soy yo y mi cuerpo.
Pero si yo soy yo y mi cuerpo (pienso, en una ráfaga de noche mexicana que parte el labio de mi alma norte a sur, como dice un verso malo de un poeta que me gusta), si yo soy yo y mi cuerpo, repito, entonces hay un serio problema, porque podemos hacer la sustitución:
YO=YO+MI CUERPO
…y entonces resulta que decir YO Y MI CUERPO es lo mismo que decir YO Y MI CUERPO Y MI CUERPO. Yo soy yo, pues, y mi cuerpo, y mi cuerpo. ¿Pero entonces dónde está mi otro cuerpo? Nunca he estado con él. Nunca lo he visto, nunca lo he hecho mover sus manecitas, caminar con sus piecitos. Nunca he olido con su nariz ni visto con sus ojos…
¿O lo tuve y no me di cuenta? ¿O lo tuve y lo perdí? ¿Lo habré olvidado, como dice la canción, en algún parque? ¿En una calle transitada? ¿En el último taxi?
—Era de madrugada, etcétera —explico a una vendedora de hot cakes; hay feria en este parquecito cerca de mi casa y se venden también churros, frituras diversas, algodón de azúcar; unas bocinas, en algún lado, echan al aire algo parecido a música, aunque no la canción de la madrugada etcétera; hay, entre otros juegos mecánicos, un carrusel de acero oxidado repleto de niños; hay una galería de tiro al blanco que rueda por los caminos de mi país desde, supongo, los años sesenta. (Un escritor que conozco podría usar esta escena para elogiar la belleza humilde de la entrañable y resistente cultura nacional; otro escritor que conozco la podría usar para exigir la extinción definitiva de la corrupta y estúpida cultura nacional.)
—No, joven —me dice la vendedora—, apenas son como las nueve.
Pero yo no le hago caso porque estoy mirando a la gente que pasa, a los hombres y las mujeres y los niños. ¿Alguno de ellos será, tal vez, mi cuerpo, mi segundo cuerpo disfrazado de cuerpo de alguien más? ¿O bien no está cerca de aquí siquiera, sino que se ha ido, a visitar el mundo y todo eso?
BREVE OBRA TEATRAL DE FICCIÓN ESPECULATIVA QUE SE ME OCURRE EN EL MOMENTO Y TRATA DEL ENCUENTRO DE MI CUERPO Y MI CUERPO
La escena, en un sombrío rincón de la Selva Negra, entre matorrales, arbustos y sotos. Esto es cita de otra canción pero qué más da.
YO Y MI CUERPO (es decir, yo por medio de mi cuerpo, es decir mi cuerpo original): ¿Dónde estabas?
MI OTRO CUERPO (para abreviar llamémoslo así): Con la nariz.
YYMC: ¿Qué?
MOC: La nariz de Gogol.
YYMC: ¿Quién?
MOC: No finjas. Gogol escribió el cuento y tú lo leíste hace muchos años.
YYMC (con cara de disgusto al saberse descubierto en falsa ignorancia): Oh, bueno.
MOC: De todas maneras era un chiste. Mi forma de decir “Qué te importa dónde estaba”. Y ahora supongo que querrás reclamarme, ponerme a tus órdenes como antes.
YYMC: ¿Antes?
MOC: Pero eso no sucederá porque en estos largos años de exilio (se quita la camisa y tiene unos músculos envidiables: un vientre de lavadero y unos bíceps como jamones) me he entrenado (saca una katana de no se ve dónde) y estoy dispuesto a defender mi libertad con mi vida, como deberían hacer todos los mexicanos idiotizados por la televisión y etcétera (y con ese etcétera familiar salta en el aire en cámara lenta, como para empezar a pelear, y entonces se me ocurre que por qué detenerse en dos cuerpos…)
Por qué, en efecto, detenerse en dos cuerpos. Si yo soy yo y mi cuerpo, yo soy yo y mi cuerpo y mi cuerpo pero también (repitiendo la sustitución) yo soy yo y mi cuerpo y mi cuerpo. Y yo y mi cuerpo y mi cuerpo y mi cuerpo. Y yo y mi cuerpo y mi cuerpo y mi cuerpo y mi cuerpo. Y…
Y vértigo en esta noche mexicana, señoras y señores, porque bien podría ser posible que fueran mi cuerpo y mi cuerpo y mi cuerpo para siempre, hasta el fin del mundo: que todos fueran mis cuerpos, como todos eran mis hijos (¿por qué pienso eso?), como todos estaban por llegar. Ni siquiera es necesario preguntarse por qué la pobre conciencita de un escritorcete cualquiera podría tener todos los cuerpos del mundo: ¡mi cuerpo de escritorcete podría ser uno más! Desde siempre pudo haber, además de esto diminuto que llamo yo, el escritor contento y el escritor furioso; el compositor y la intérprete de la canción de la madrugada etcétera; el poeta de la ráfaga de noche mexicana, la mujer que vende los hot cakes, los niños en los juegos mecánicos, el encargado de la galería de tiro, el arzobispo primado de México (horror), los sicarios y las vedettes, las personalidades de Hollywood y los moribundos de Ruanda, los gobernantes y los gobernados, los despojados de fe y los despojados de tiempo, los altos y los bajos, los hombres y las mujeres, los vivos y los muertos…
No queda más remedio, como dijo otro escritor más, que intentar amarnos los unos a los otros. O el uno a los otros. O los unos a los otros unos o algo así. Esta conclusión tan satisfactoria me hace correr por las calles, subir a las altas torres, entrar de un salto en las fuentes, correr hacia los brazos de los doctores en el manicomio (no, no es cierto: estuve loco ayer pero fue por amor) y alejarme, alejarme por el mundo, para (re) verme…
* * *
YYMC (en el diván): Siento que lo saben, que todos lo saben, que quien lee esto lo sabe. Que alguien lee esto. ¿Sí estoy muy enfermo, doctor? ¿Estoy?
(No, todavía no es el manicomio.)
MOC (uno de los miles de millones; fuma pipa, hay diplomas con su foto colgando en las paredes): No tanto, en realidad. Si empezamos por considerar que la materia no existe…
© Alberto Chimal
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