Elisa G. McCausland

 

España, 1983. Nació en Madrid. Es periodista licenciada por la Universidad Complutense de Madrid. Trabaja escribiendo sobre cosas demasiado serias. Prepara su tesis sobre la representación femenina en el cómic de superhéroes y publica collages narrativos en el fanzine Rantifuso. También ha colaborado con el programa El Séptimo Vicio de Radio 3. Blog

 
 
 
   
 
   

 

Ana Merino: Teoría y práctica del amor y la nostalgia en las narraciones gráficas

 

- ¿Me estás diciendo que el amor sanará el mundo? ¿Qué el amor lo conquista todo?

- Oh, no. La más profunda de las emociones no es el amor, sino la nostalgia.

Air. Cartas de países perdidos (Planeta, 2010)

 

«He visto florecer la tristeza en las viñetas de Chris Ware como si fuese la rosa que debería florecerle a los poetas (…) Es el poeta gráfico de la nostalgia futura, un clásico de la Historieta que todavía tiene mucha obra por delante. El inventor de un nuevo ritmo expresivo donde la imaginación se condensa en viñetas de trazo misterioso»

Ana Merino en La secuencia circular (SinsEntido, 2004)

 

 

Descifrar el amor cotidiano de un autor es importante para una poeta. También lo es descubrir qué leyó de niño o cuál es su personaje de cómic favorito. La nostalgia como educadora emocional y la poesía como hilo conductor entre imagen y palabra. Así lo concibe la poeta y teórica Ana Merino. Porque «el cómic tiene una dimensión en la que maceran las palabras y dialogan con la intensidad de las imágenes, refuerzan las emociones. Ese diálogo permanente, esa necesidad, esa empatía entre palabra e imagen construye sensaciones muy importantes».

Los autores de cómic con aspiraciones de artista total son los poetas del nuevo siglo. Merino asegura que «en el cómic español hay una variada e interesante generación interesada en descubrir dimensiones poéticas». Habla de Max, «genial y trasgresor»; de Pere Joan y su «dimensión poética formidable»; de Gallardo y la delicadeza de lo cotidiano en su María y yo; o de los niños de Carlos Giménez en las viñetas de Paracuellos el día de Reyes. Autores con capacidad de dialogar entre el cómic y la poesía, como Chris Ware, David B, Rutu Modan o Joann Sfar fuera de nuestras fronteras. «Puede ser la poética de una historia o de una reflexión» lo que llame la atención sobre estos autores. A falta de una educación para la asimilación de este universo, nos queda la nostalgia como punto de encuentro.

Gran admiradora de los hermanos Hernández -«por la capacidad de narrar y construir la feminidad»- me gusta que tenga para Penny Century un sitio entre su panteón de heroínas. Junto a ella, una debilidad de cuando era niña, la Pequeña Lulú. Le debe su imaginario de niña inconformista y lectora a estos cómics encuadernados en tapas duras por su padre. Aprender a leer con Lulú mientras la heroína les lee a otros niños es un principio bello para una niñez influida por Little Nemo, El Hombre Enmascarado, El príncipe Valiente o Corto Maltés. Revistas como El Globo o la línea clara francobelga –Astérix, Spirou, Tintín- marcaron la educación emocional de esta poeta que lamenta la pérdida gradual de la tradición entre el cómic y la prensa.

Cree en un cómic abierto y poroso, que dialogue entre edades; también entre ilustraciones. Ese es el milagro que ha ocurrido en su último libro de poesía, Hagamos caso al tigre (Anaya, 2010). «Max me ha hecho unas ilustraciones que superan a los poemas», comenta con una sonrisa traviesa mientras habla de lo importante que es educar a un niño «con delicadeza y perspectiva estética». Y es que, «no hay que conformarse con cualquier dibujo», comenta. «Hay que educar el gusto por la imagen porque es tan importante como el gusto por las palabras».

Mudarse a Estados Unidos y empezar a estudiar el cómic desde la Academia la acerca a dos universos interesantes, el de las autoras de cómic y el del apasionante mundo del coleccionismo. Enamorada del proceso creativo que acompaña a la creación de toda obra, Ana Merino se confiesa coleccionista de originales. «Cuando la poesía me ha dado un poco de dinero, me lo he gastado en cómic», sentencia divertida y entregada a la causa, justo antes de enumerar los autores que habitan sus paredes. De esa reunión de amigos llama mi atención un nombre, Alison Bechdel, y un cómic del que tiene una página original, Unas bollos de cuidado. Bechdel, famosa por su Fun Home, es una de las autoras favoritas de Merino. Le siguen entre sus preferencias comiqueras mujeres de armas tomar -los lápices-, como Posy Simmonds, Rutu Modan, Phoebe Gloeckner o Camille Jourdy; un elenco de titanas que, desde los márgenes, han sabido dar forma a un discurso de autor identificado por la industria con el cómic independiente y la novela gráfica.

«Me fascina de la novela gráfica la política del intimismo más allá del cómic alternativo y sus tintes psicoanalíticos. La autobiografía se está desnudando. Ya no anhela enfrentarse a una sociedad, como ocurría con Robert Crumb y el underground, sino que ahora está investigando sobre el lugar del creador». Las obras que mejor ilustran esta evolución son, según Merino, Persépolis, de Marjane Satrapi y Epiléptico, de David B. No obstante, esta teórica del cómic no pierde la perspectiva crítica en lo que se refiere a la novela gráfica; la define como una «estrategia para que el cómic pudiera entrar en las librerías y en las bibliotecas». Desde el momento en el que este formato se pone de moda, los creadores de cómic comienzan a plantear sus obras siguiendo la lógica de la obra unitaria, abandonando, poco a poco, los cuadernillos seriados propios del cómic alternativo, como Bola Ocho, de Daniel Clowes, o Love & Rockets. «Hay un trabajo de desarrollo de historia y personajes de largo aliento en este tipo de publicaciones que sería una pena que se perdiera», comenta Merino, no sin volver a lo que parece ser su cruzada académica: el diálogo en el cómic, sea este entre diferentes formatos de publicación, entre literatura y mitología, entre manga y superhéroes.

Interesada por las esencias, esta teórica española afincada en Estados Unidos apela a los clásicos como inspiración y defiende el amor por la obra del autor hasta el punto de exigir «la posibilidad de un archivo permanente» para poder acceder a los originales de cómic. Museística al servicio de la memoria y de la pedagogía. Esta poeta y divulgadora lo sabe bien, lo que lees de niña marca -a fuego-. Es por eso que Ana Merino prefiere a Flash Gordon antes que a Superman, por mucho que le insistan en relecturas y segundas oportunidades. Devoción, nostalgia y poesía. El cómic está en buenas manos.

 

© Elisa G. McCausland