
Moebius también es nombre de editorial
Rodrigo Díaz tiene aire de rockero añejo -riguroso negro en el vestir, tupé desordenado, perilla recortada-. También tiene una editorial al otro lado del Atlántico, en Buenos Aires, especializada en el noble arte del cómic. Su nombre, Moebius Editora, apela a “la cinta y sus connotaciones de infinito”. Se le ocurrió a un amigo de la casa, Javier Rosés, que ignoraba que en el mundo de la bande dessine un tal Jean Giraud revolucionara el cómic de ciencia ficción en los setenta utilizando ese místico concepto como firma. Ocurrió hace ya tres años, tras una primera experiencia en Domus Editora. Rodrigo Díaz, junto a Martín Casanova, y Martín Ramón, decidieron embarcarse entonces en la aventura de “abrir nuevos caminos para artistas argentinos en el mundo del cómic”. Y parece que algo están consiguiendo.
 El primer cómic que (h)ojeé de la editorial de Rodrigo fue Abréme, un sorprendente recopilatorio de historias tiernas y salvajes sobre el amor y otros milagros. Aquella era su primera vez en el Expocómic de Madrid. Se notaba en su sonrisa amable, su mirada expectante y su aire de mad editor. Cruzamos palabras, me presentó a su Don Quijote estilo manga –muy recomendable para todos los profesores de Lengua y Literatura que todavía no han perdido la esperanza- y nos despedimos hasta la próxima vez. Eso fue hace año y medio. Este pasado diciembre volvimos a coincidir, entre mucho cómic y fanzineros en estado de hibernación. Más cerca, con más tiempo y con nuevas publicaciones para compartir, me confiesa que empezó en esto del cómic gracias al Arkham Asylum. “Lo leí cuando tenía dieciséis años. Dave McKean me llevó a dedicarme al Diseño Gráfico y Grant Morrison me fanatizó de por vida” me recuerda por correo electrónico. Antes de ese punto de inflexión, una colección de cómics de superhéroes heredada de su padre ablandó el camino. También una lucha en el espacio con Superman y Linterna Verde. Superhéroes y cómic alternativo. Yo le añado el rock and roll -porque hay mucho espíritu rockero en esta editorial-. Se lo comento a Rodrigo. Dice que le gusta la observación, a lo que añade “y mucha amistad, aunque suene cursi”. Eso sí, ningún ejemplo a seguir, tan solo el instinto como brújula. “Hace poco leí un libro sobre el problemático y seminal sello discográfico independiente Factory Records, de Manchester, y encontré alarmantes parecidos... ¡es preocupante!”.
Todos los escenarios posibles
La Tierra Prometida no es el mercado estadounidense, al menos no para Rodrigo que lo concibe como “otro mercado que trata de apelar a la mayor cantidad de gente que puede para generar más ganancias y seguir funcionando. Hoy son los superhéroes los que lo mantienen a flote y que se convirtieron en material de films exitosos. Mañana será otra cosa”. Disfruta de algunos de sus títulos, como la última etapa de La Patrulla X de Matt Fraction, aunque opina que la tendencia actual de algunas editoriales “roza lo conformista y retrógrado, y eso me parece que nunca conduce a buena ficción, la que surge del desafío al lector”. Este editor concibe el cómic como una combinación de arte con palabras que, “cuando encajan bien, te llevan al cielo”, es lo único que le importa, venga de donde venga ese milagro.
 Todos los escenarios posibles, ese es el sueño. ¿La realidad? Rockeros de espíritu y entusiastas amigos en un contexto editorial “extraño” debido, en parte, a la situación económica del país. Y es que, tras el boom editorial de los noventa y la crisis del 2001, son tres los mercados posibles que conviven en Argentina, “tanto para el artista como para el consumidor”: El mercado del cómic americano y europeo –con destacados argentinos como Risso, Enrique Breccia, Manco o los hermanos Fiumara trabajando para prestigiosas editoriales foráneas-, un mercado alternativo nacido a la vera de la resucitada revista Fierro y un tercero, el mercado mainstream, copado por Liniers y Maitena. Este último, “de muy difícil acceso, es de un éxito comercial sin precedentes y se está exportando con mucha velocidad a diferentes países, como Brasil y España misma, con iguales resultados y, gracias al apoyo de los mismos autores, que de a poco incluyen en su estela el trabajo de otros historietistas, como por ejemplo Carochinaski” explica Rodrigo.

Moebius Editora se mueve en el escenario alternativo. Pese a su juventud, han llegado a recopilar a algunos de los autores que se han dado a conocer en la nueva versión de la revista Fierro, valuarte del cómic nacional durante la década de los 80; uno de esos pequeños milagros editoriales que busca convertirse en “vehículo de trabajos muy personales, tanto de autores ya consagrados como de nuevos talentos”, apunta Rodrigo. Autores como Lucas Varela o Gustavo Sala, por ejemplo, responsables de Matabicho y Bola Triste, respectivamente, dos títulos que Rodrigo se trajo bajo el brazo el pasado diciembre junto a Maurice in love... –un efectivo ejercicio de estilo firmado por Patricio Oliver-, Topo, de DGPH o Montatormentas, de Carochinaski. Esta última me conmueve sobremanera. Maitena tiene razón cuando dice de su dibujo que es “psicodélico y poético”, con ciertos matices de oscuridad. En Indecentemente cursi, Caro se abre enterita para todo aquel que quiera leerla. También me la encuentro en la revista Chikismiqui –cuyo subtítulo reza, entre exclamaciones, “¡Féminas en Acción!”-. Lo edita Marina Haller en un formato discreto y amable, como de cuento. Leyendo me da la impresión de que las chicas pintan incluso más allá de los márgenes. El diseño y la ilustración parecen sus escenarios preferidos. “La situación de la creación femenina en Argentina es fantástica”, suscribe Rodrigo. “Desde el aspecto artístico y temático, le brindan una frescura y un talento inigualable a lo que tradicionalmente fue un medio poblado por hombres -al menos por aquí-. De a poco se van animando más y más, y su aporte es invaluable”. Carochinaski, Marina Haller, Clara Lagos, ilustradoras y narradoras de un sentido estético y unas ganas de jugar mayúsculas. Esta situación sin precedentes se debe, desde el personal punto de vista del editor de negro, al cómic manga y al anime, “una puerta de acceso masivo para las chicas que ha generado que vuelquen sus inquietudes artísticas hacia el cómic”.

El otro gran pilar, caballo de Troya de la editorial, es la adaptación manga de Don Quijote de la Mancha. Con ella han iniciado el viaje rumbo a Europa. ¿Coordenadas de la obra? Potencial pedagógico, cuestión que Rodrigo subraya orgulloso, y apuesta arriesgada por un titán emergente, el manga –y los lápices de Sergio Coronel-. Por su parte, Fede Reggiani -el guionista- promete rigor. “Él es tanto un fanático del cómic como un estudioso de El Quijote, por lo que estábamos más que seguros que la obra iba a surgir del amor y el respeto, y es lo que, a mi entender, se capta en la atmósfera que se siente en la adaptación”. Están buscando otros clásicos para la metamorfosis, pero todavía no han decidido cuáles. Le pregunto por el futuro más inmediato. La Feria del Libro de Buenos Aires sale en el mapa. También una nueva obra de los autores de Topo. Son planes para después del verano, precisa. Porque es verano en Argentina y todo el mundo está en la playa, incluso los editores rockabilly padres de una editorial.
www.moebiuseditora.com
© Elisa G. McCausland
 |