Elisa G. McCausland

 

España, 1983. Nació en Madrid. Es periodista licenciada por la Universidad Complutense de Madrid. Trabaja escribiendo sobre cosas demasiado serias. Prepara su tesis sobre la representación femenina en el cómic de superhéroes y publica collages narrativos en el fanzine Rantifuso. También ha colaborado con el programa El Séptimo Vicio de Radio 3. Blog

 
 
 
   
 
   

 

Risas posibles

 

Darío Adanti define el humor como «la representación sintética de la dinámica del fracaso» y descifra las diversas variantes de la comedia a partir de esa idea: el slapstick como el fracaso del hombre ante los elementos -que, en un sentido amplio, sería el fracaso del individuo ante el Caos rector del Universo-, el absurdo como el fracaso de la razón -es decir, la asunción de los límites de una Comprensión del mundo-, la comedia costumbrista como fracaso de las convenciones sociales y el post-humor como el fracaso de los propios mecanismos de la comedia.

 

Jordi Costa en “Una risa nueva. Posthumor, parodia y otras mutaciones de la comedia”

 

Risa 1:

Mostrenco y Che-qué-loco huyen de la tormenta y se refugian en un cine del centro de Madrid. Después de intentar pegar al «Niño Amenábar», el único lugar donde guarecerse que aparece en la viñeta es la ironía última: la película recién estrenada del bueno de Alejandro. La mueca de la lectora torna a sonrisa malvada.

 

 

-Crítica de cine y viñetas incisivas, all together. Un tándem, el compuesto por Darío Adanti, dibujante, y Jordi Costa, crítico, que viene de lejos y que en Mis problemas con Amenábar (Glénat, 2009) toma forma, color y mala leche al servicio de la lucidez-.

 

Risa 2:

«El fracaso ya no sorprende porque se parte de la idea que todo es fracaso». Lo dice Darío Adanti, a propósito del post-humor, en las páginas centrales de Una risa nueva, obra coral dirigida por Jordi Costa cuyo leit motiv no es otro que el de entender «por qué la comedia ha sido el único género cinematográfico capaz de sobrevivir a la implosión de sus señas de identidad». Una batería de críticos y autores de cómic teorizan sobre lo que se han aventurado en llamar «Nueva Comedia»; esta bebe de la posmodernidad «bien entendida», puntualiza Costa en La (im)posibilidad de una risa. «No es un intento de liberarse de -o superar- la tradición, sino un pulso librado con todo lo que ha recorrido el género antes de llegar a este punto»: el presente inestable y prometedor.

 

 

Risa 3:

La Nueva Comedia y su multiplicidad de sensibilidades. ¿Tantas teorías como autores? El plural le hace un favor al marketing conceptual. No existe una historia, no existe una sola teoría -hegemónica, general-. Lo llaman «discurso plural» por algo. ¿Teoría(s) extrapolable(s) –del cine al cómic-? «Aunque van por diferentes vías, es inevitable que se intoxiquen el uno al otro», dice Costa. A favor de la contaminación.

 

Risa 4:

Jordi Costa: «El Big Bang de la comedia es el fracaso. Con el paso del tiempo, el concepto se ha sofisticado: Ya no hay necesidad de ser gracioso. El humor, ahora, sirve para otras cosas».

 

 

Risa 5:

Darío Adanti dice que Miguel Brieva hace post-humor. Yo me pregunto si hay riesgo de fracaso en los gags de Brieva. Yo me pregunto si el humor que no hace gracia, el humor que te revuelve las ideas, se llama post-humor o realidad aumentada.

 

Risa 6:

Hervir un oso (Belleza infinita, 2010), de Jonathan Millán y Miguel Noguera, está compuesto por pequeñas historias en las que un humor que no termina de hacer gracia -pero que funciona como crítica, como herida, como suicidio colectivo- conduce al respetable, por medio de condicionales delirantes, a un futuro imaginado por un Roger Rabbit ballardiano; de la locura a la lucidez siguiendo el prospecto de pildoritas amarillas.

 

Risa 7:

Mujeres. Humor. Y la «misoginia generacional». Dicen que esta última se cura con el tiempo. Tic, tac. Tic, tac.

 

 

© Elisa G. McCausland