
S.L. o la vanguardia posmoderna (apuntes del diario privado de un escritor ocasional que fue robado por un editor profesional en busca de novedades sobre un buen escritor)
jueves 11 de marzo de 2010
Salvador Luis Raggio Miranda ahora se llama (y es conocido como) Salvador Luis. Decir que su apodo en el colegio era huevo es una idea trillada. Descartar. Tampoco sería bueno retomar el párrafo cursi con el que inicié la presentación de su último libro el año pasado:
Distinguido público, amigas y amigos, querido Salvador, en primer lugar quiero agradecerte por la invitación que me hiciste para que esté presente hoy en la presentación de tu libro Zeppelin. Para mí es muy importante compartir la mesa contigo porque veo la maduración de una amistad que ha girado, en parte, alrededor de nuestro interés por la Literatura. Si bien nos conocemos desde que teníamos seis años (tiempo en el que nos dedicábamos a los juguetes y molestar a los profesores), recién en nuestra temprana adolescencia fuimos descubriendo nuestro interés y luego nuestras inquietudes para la creación literaria. Siendo alumnos de estudios secundarios, recordarás, creamos una quimérica revista literaria de la que deben existir a duras penas tres ejemplares. Luego, durante nuestros estudios universitarios y distanciados por cientos de kilómetros, tuviste la iniciativa de crear la revista virtual los noveles, proyecto en el que me complace apoyarte. Ya por entonces intercambiábamos nuestros escritos y siempre tuve el privilegio de leer tus narraciones de manera anticipada. He visto, pues, una evolución y maduración del oficio literario a lo largo de nuestras vidas y el día de hoy tengo el honor de presentar un libro que, independientemente de nuestra amistad, estimo por su calidad y propuesta innovadora.
Sería importante destacar que su carrera como escritor comenzó desde mucho antes de que él se diera cuenta. ¿Mencionar que nos descubrimos como escritores ya a la distancia? No. los noveles siempre procuró el espacio para nuestros encuentros y proyectos.

Mencionar, y con sinceridad, (¿o le preguntamos antes de hacerlo?… Recordar sus insistentes correos para enviar mis artículos a tiempo…) que su obra temprana no me gustó. Era una etapa de aprendizaje. Muchos de sus primeros cuentos permanecieron inéditos (afortunadamente). Creo que conservo copias de algunos (¿las usaré en su contra algún día?). No obstante, debo reconocer que Salvador Luis (nombre que adoptó como persona literaria, al que todavía no me acostumbro. Omitir.) ha experimentado con diversos registros. Ha alcanzado un lenguaje propio. Dice que hace vanguardia, pero ha leído muchos autores clásicos y ha visto mucho cine canónico. En todo caso, debo mencionar que su vanguardia es profundamente legítima y, por ello, opuesta a la llamada posmodernidad: su negación de los lenguajes y narraciones convencionales se construyen sobre la base del conocimiento de aquello que pretende criticar. No es un parricida gratuito. No reniega desde la ignorancia y la incertidumbre de la mediocridad. Evitar palabras desagradables como desconstrucción. La vanguardia, como en su obra, constituye una actitud eminentemente moderna que busca crear nuevos paradigmas a partir de la lectura y el estudio de los modelos clásicos.

Miscelánea o el libro geminiano fue bien recibido por la crítica. Repararon en su carácter lúdico, pero no supieron ver que ese supuesto afán por el juego era en realidad un modus operandi. Yo solo he podido leer una copia previa a la impresión. Salvador es un tacaño: nunca me obsequió un impreso original. Omitir. Para Salvador Luis la literatura es un sistema que debe crear sus propias reglas: el lector que las descifra accede a su semántica particular.

Su último libro, Zeppelin, (ese sí lo tengo y dedicado. Por lo menos… después de presentarlo en Lima…) ha explotado al máximo el ludismo de sus primeras obras. Todo el libro se concibe como un artefacto, como una suerte de juguete literario que nos reta. El crítico literario cae en la trampa y arriesga una hermenéutica gratuita: números de Fibonacci, citas eruditas, teratología y referencias a cine poco frecuentado hacen que intuyamos falsas conjeturas y le asignemos equívocas connotaciones. ¿Acaso todas las referencias tienen que ser significativas? Yo pensé que el título tenía que ver con el célebre grupo de rock, pero no. Otro número de Fibonacci.
viernes 12 de marzo de 2010
En Zeppelin creí respirar cierto aliento borgiano. Salvador Luis se piensa a sí mismo kafkiano. Mi opinión se sustenta en el uso de la erudición como vehículo de la fantasía. La suya, en cambio, parte de los ojos con los que mira la realidad: el absurdo de las convenciones que son retratadas de manera cínica. Ambos leímos, cuando jóvenes, una mala traducción de La transformación de Kafka. Teníamos 15 años. Zeppelin en sí plantea una serie de metarrelaciones: se habla del cuerpo de los prodigios y esa condición de “anormalidad” se puede extender al mismo cuerpo del texto.

He pensado mucho sobre la pertinencia actual de literatura fantástica o mejor aún de literatura vanguardista. Este último enfoque es provocador y más pertinente para la obra de Salvador Luis. Nada tiene que ver con la vanguardia de los ismos. No. (Mencionar a Guillaume Apollinare, el verdadero padre de las vanguardias). Salvador Luis, como Apollinaire (solo con la diferencia de que este último era nobile genere natus), es un agente literario y cultural. No solo es escritor: es editor, compilador, cineasta, aficionado a la música (ha escrito sobre géneros estridentes) y al cómic (afición compartida). Sus narraciones no son fantásticas en la medida que plantean una realidad verosímil (aun cuando pueda resultar desconcertante, como en el caso de los prodigios humanos); sin embargo, muestran los quiebres, las costuras de la aparente normalidad de nuestras vidas. En ese sentido, concedo en que sus textos son kafkianos. Pocos son los escritores peruanos interesados en ese estilo. Recordar que Salvador Luis es cosmopolita: Estados Unidos, España. los noveles le ha procurado contacto con escritores de diversos países de Iberoamérica.

Salvador Luis -> Apollinaire = agente cultural. Gracias a su trabajo se han publicado, tanto en la web como en diversas editoriales, compendios de escritores jóvenes. No solo es un escritor, sino también una especie de sensor o caza talentos. Su revista virtual los noveles goza de un merecido prestigio, considerando lo difícil que resulta hacerla sostenible y perenne…

domingo 14 de marzo de 2010
Diversos acontecimientos me han hecho demorar la entrega de esta nota. Salvador Luis, para ser el eficaz editor que todos aplauden, debe ser molesto como un tábano. Cumplo entonces con el envío y quedo a la espera de sus nuevas entregas. Espero, del mismo modo, leer las próximas ediciones impresas de sus libros y dejar de ser un privilegiado lector de borradores. Estos no pueden ser autografiados.
© Elio Vélez
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