José Óscar López

 

España, 1973. Nació en Murcia. Licenciado en filología hispánica y con estudios de postgrado en escritura para cine y televisión y en literatura comparada europea. Ha publicado los poemarios Los nuevos dioses (Los cuadernos portátiles, Murcia, 2001) y Agujeros (Murcia, Editora Regional/Tres Fronteras, 2002). Colabora como crítico y ensayista en revistas como El coloquio de los perros y Deriva . También es narrador. Blog

 
 
 
   
 
   

 

Dorisa Day y otros poemas

 

El desfile de los grandes árboles del sueño.

André Breton

 

Camino cada tarde por los límites

entre los centros comerciales y las fábricas,

atravesando las colmenas de viviendas sociales,

atestadas, e inmensos edificios de lujo

abandonados por la crisis, a medio construir;

vacíos como mundos mejores, para nadie.

A cada lado, como mares cuyos monstruos

ignotos pueden verse por millares, y a más

de cien kilómetros por hora, me custodian senderos

como esferas de asfalto.

Camino sin pensarlo, porque sé

que arrastran todo el día, y también por la noche,

como un lastre, su música incesante

que me mantiene al margen de su círculo;

el ruido estrepitoso, inevitable

de más esferas, de millones de pequeñas

esferas de metal y caucho girando eternamente,

y sé que es un milagro irrepetible.

 

Parece que me muevo todo el tiempo,

pero mi huida esconde su reverso,

cruel por verdadero:

es todo lo demás eso que huye

aceleradamente

mientras yo trato de quedarme.

 

Me vuelvo loco por octava vez

consecutiva. Voy al baño

y duermo en la bañera.

porque espero que cese de una vez

esta repetición.

 

El futuro reside

en la repetición.

 

Me gusta lo constante y sucesivo.

Amo las sucesiones.

 

Pienso en el plástico y mi fácil convivencia

con su entidad flexible.

 

Un universo dócil.

 

Pienso en bolsas de plástico.

Recuerdo a mis amantes:

entran y salen de mi vida

como estrellas de carne;

la penúltima

me dijo: busqué siempre

esta imposible honestidad

con más crueldad que compasión hacia los otros,

y, afortunadamente para mí, que no para los otros,

cruel tan solo hacia mí misma.

 

Todas esas palabras, su recuerdo.

Como agarro la lluvia

entre mis dedos, lo atesoro.

 

Es toda la belleza que me asiste

en esta huida.

Y huye

como yo.

 

Alguien abrió balcones y ventanas

para salir gritar el arte ha muerto

para nadie

en un pueblo vacío

en un valle olvidado

 

Y somos sus custodios,

añadió.

 

 

Dorisa Day

 

Dorisa Day, vaquera renegada,

desvalijando bancos para poder amamantar

con sus ubres de cobre y de papel moneda

a sus antiguas reses, su enfebrecida grey.

 

Dispara a calabazas y a botellas de ajenjo:

la llaman sanguinaria en los bancales

que fecunda con plomo y con jazmín,

quiero decir con aspersores

y con sonatas para banjo.

 

Dorisa Day condujo a todos los periódicos

hacia la bancarrota, dando pistas erróneas

para arruinar sus titulares de gran cuerpo

con el temible cáncer de la inexactitud.

 

Toca toda la noche

su banjo, algunos dicen

que no duerme.

 

Vive en la carta del tarot donde una luna

deposita su sombra en un estanque

donde vive el cangrejo que soy yo.

Contraria a la tristeza, al contrario que yo,

que reculo constante

siempre que ella baraja.

 

Malgasta su fortuna

en las tabernas irlandesas.

Cambia por calderilla el amor de los hombres

en los juegos de azar;

para gastarla rápido.

 

Y habla con los pájaros. Alguna vez

aprenderé ese idioma.

 

 

*

 

De aquí hasta el final, las previsiones del acróbata

prometen luxaciones.

Traza una raya un mago

dividiendo la pista. Gallinas, las persiguen

por todas partes. Una nueva perspectiva

para el funambulista.

Fin de la cuerda. En las terrazas

los cielos extendidos, que mujeres

batean. Vienen mares de polvo y de ceniza.

No es una ventana.

 

Me detengo, paseo

desde el salón al dormitorio: señoreo

todo mi territorio, en alquiler.

 

El cuenco de la fruta ofrece fruta.

Es tranquilizador.

 

 

De los poemarios inéditos Vigilia del asesino y En los mares de ella © José Óscar López