
Tocamientos
Bajo las sábanas
A manera de introducción, prepara el índice dentro de su boca. Luego arremete contra sí misma, hasta hallar el origen del conflicto que la perturba. Tras poner sus ojos en blanco durante unos segundos que concentran la eternidad de lo efímero, el desenlace es un grito ahogado que ningún enfermo del pabellón consigue oír a pesar de no haber pasado por alto ningún detalle a través de la oscuridad.
En el rincón
En ángulo recto, picotea el viejo deseo por lograr apuradamente la cuadratura del círculo sobre la espalda nuda de la sinuosa joven. Antiguo problema que pone la piel de gallina.
Tras bambalinas
De tanto buscar el sabor imprecisamente dulzón tras la insistente dureza de la fierecilla, la lengua áspera deshace la joya que adorna el pezón. Los animales imaginarios son así de temosos ante esta clase de fascinante descubrimiento.
Frente al espejo
El juguete —envuelto en jaleas viscosas, embadurnado con efluvios rosáceos, cubierto por aceites aromáticos sutilísimos— pasó de una mano a otra tras ser disfrutado en su plena envergadura y perfecta durabilidad. Y ellas, multiplicadas en el deseo de solazarse en el infinito reflejo de las miradas, se sumieron en el límite que la piel impone en el extremo de las dilataciones de la ilusión.
En el último instante
Se detuvo en la enunciación del sexagésimo noveno apelativo de su amante, mientras se hundía en la sedición del tiempo. Y cuando todo parecía convertirse en polvo entrañable, recibió el cuerpo convertido en potente y libre chorro contra las mismas paredes que segundos antes contenían la abisal angustia de una prematura separación.
© José Donayre
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