
Índice
B (a Olvido García Valdés)
Recuerda la extrañeza del pie desnudo, moreno, de piel casi quemada; después piensa en sus ojos al hablar de la muerte de Alberto. Luego, superpuesta en la memoria, confunde la imagen, y así, al recordar su pie, ve brotar su llanto.
D (a Juan Larrea)
Con el hacha ceremonial lo disecciona y tiñe su cuerpo con la sangre. En el mismo sacrificio civiliza y espanta. Su arma es un sexo, una serpiente, un emblema de poder, una palabra. «Alguien —piensa Mama Huaco— vendrá después a interpretar mi hazaña».
E (a María Gabriela Alemán)
Decrece roída por ánimo y verdad que menosprecian. Uñas y cabellos caen y se pierden como los minutos del día. Al contrario que el polvo, que da peso a las cosas con su abrigo y su velo, la luz en que se ve la despedaza.
L
Mira y reconoce. Adscrito en la radiación que los comprende y los hace comprensibles, lo pequeño se hace vasto, interminable. Su gesto se repite, pregunta y responde siempre lo mismo.
U
Tropiezo tras tropiezo se alza, y aunque no regresa al camino por donde llegó, y nunca termina, traza en cada lugar un sentido. En la interrupción intuye su origen, y en la meta dice que la meta no existe.
Y
Ser más sutil, granar bajo las muelas. Grietas y cortes sin lección ni futuro. Este es el proceso y la causa de las causas: la nada del estar, y del estar la nada. Como letras, que sílaba a sílaba forman palabras con un solo sentido.
Z
¿Quién fue? ¿De dónde vino? Nada de lo suyo le sirvió. Y sin embargo, todo habita en ella, mira y se siente mirada. La espuma la derriba. La espuma que la derribó, la restituye.
Fragmentos de Índice [Germanía, 2005] © Benito del Pliego
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