
Deambulando se queda
Lo mejor de Mara Pastor es que ella va, va siempre. Una noche me hizo correr detrás de sus plataformas por una cuesta de Lavapiés porque quería asistir a un recital de homenaje a la poeta puertorriqueña Julia de Burgos, su compatriota. Llevaba tras sus piernas no sólo a mí, también a la poeta bilbaína Izaskun Gracia. Creo que aquello lo organizaron los Traficantes de sueños y su espacio nos llevó décadas atrás, a un presente muy pasado. Vimos a Mara Pastor sentarse en uno de los pocos sitios libres. Nosotras nos quedamos detrás. Luego vimos cómo abrazaba a la chica que encontró a su lado. Habían sido amigas en la isla, hace años, y luego encontraron a una actriz, y el triángulo portorriqueño me pareció muy peligroso. Con Mara puede pasar de todo.

La he visto tres veces en tres países distintos: México, España y Estados Unidos. Agradecí mucho que el grupo de trabajo que me tocó en el Encuentro de Poetas de Oaxaca quedara bajo su coordinación. No sé si aquello fue azar, da igual. Mara siempre va. La he visto comunicarse de forma brillante con tantos tipos de personas que también la he visto no-comunicarse, sobre todo si hace frío. Por eso correr detrás de sus plataformas cobra sentido si viene a Madrid, y me dice: hay un recital de homenaje a una poeta de mi país. Y yo me pregunto: pero cómo se ha enterado, si acaba de llegar. Ella siempre va. Se fue a Estados Unidos a doctorarse y dice sobre ello:
Lo poético comprende un estado poético que hay que vincular al estilo de vida. La academia enajena si no mantienes una actitud activa y de sospecha hacia la institución, pero este estado de sospecha no es exclusivo de la institución sino que debe dirigirse hacia cualquier imposición de un orden de lo sensible. El poeta debe esforzarse doblemente por mantener vínculos con los espacios públicos, con los proyectos poéticos fuera de la academia. El lenguaje se enriquece de la labor intelectual de la comunidad, del pensamiento teórico, de la posibilidad de dedicar temporadas extensas a la lectura y al acto de pensar. Esta es una gran ventaja. La docencia, en mi caso, es otra gran ventaja. Disfruto enseñar. Disfruto pensarme y relacionarme en una comunidad de poetas académicos conscientes de la necesidad de transformar el espacio institucional, conscientes de las múltiples opciones de la profesión y de que no todos debemos terminar en los departamentos universitarios. Mi proyecto de investigación (que gira en torno a estéticas autónomas y prácticas poéticas anarquistas en Latinoamérica con especial énfasis en el libro-objeto) ha dejado su impronta profunda en mi práctica poética. Al final, la búsqueda de todo poeta y, de todo sujeto político, debe ser la igualdad y esto debe salir no de ninguna estructura sino de las acciones conscientes mediante las cuales nos relacionamos con el otro.
Así un día se fue a México y dedicó dos meses a crear su segundo poemario, El origen de los párpados, un trabajo que es suyo de cabo a rabo, o con todas las letras: diagramar, imprimir, serigrafiar. Más allá de escribir y de pensar. De hecho México se posiciona como uno de los lugares clave para un escritor español-hispano-latino-iberoamericano en este momento, no sólo por el Efecto Bolaño o la posterior impronta de Mario Santiago Papasquiaro. No sólo, incluso, porque se acabe de celebrar allí el Vértigo de los Aires, al que acudieron poetas españoles como Elena Medel y Ben Clark. Allí estaba también Mara Pastor, y el grupo de Poetas del Megáfono con los que compartió los dos meses de gestación de su segundo libro.

Me parece importante examinar este grupo porque ha creado una práctica en la que se redefinen las categorías habituales que ofrece el mercado editorial en Latinoamérica. En primer lugar, el grupo está formado por nueve escritoras de procedencias y trasfondos muy variados. Las une su vocación poética y que juntas crearon un espacio de crítica, discusión y creación. Básicamente, sus intervenciones consisten en recitales temáticos una vez a la semana en donde también venden y promocionan sus libros artesanales. Leer con megáfono comenzó como un accidente, ya que el café en donde recitan queda al lado de la calle y no se escuchaban las lecturas y sin embargo con el tiempo ha ido forjando una práctica más política. El megáfono es un objeto de protesta, pero también es un objeto que altera la voz, la frecuencia de los tonos, y al recitar poesía con el megáfono aprendes a jugar con tu voz de otra manera, para que el poema llegue. A diferencia de con los cantos de protesta, que usualmente se pueden gritar y vociferar, cuando recitas poesía con megáfono tienes que colocar el megáfono de una cierta manera y entonar también de una forma particular. No puedes gritar por el megáfono, porque le estás invirtiendo su significante; en vez de un espacio público, se recita en un espacio privado, un café-teatro en el barrio La Roma, en el D.F México. Me pregunto hasta qué punto esto puede servir como reflexión del espacio que el grupo ha originado, un espacio en el que se resignifique lo íntimo, en el que debes calibrar tu voz cada vez que enuncies y que sin embargo siempre implica traspasar cierta extrañeza hacia el objeto, familiarizarte con el aparato. También, me parece interesante que el taller de encuadernación sea en las facilidades de una casa de estudios feminista que tuvo gran resonancia en los 80', sin embargo, las chicas han adoptado este espacio y lo han resignificado. Para ellas es un espacio de creación, un espacio de taller y de discusión, en el que comparten y trabajan. Heredaron todo lo que quedaba de una imprenta feminista, los materiales, la imprenta, las herramientas, y le han ido dando forma, a la vez que han ido descubriendo lo que fue anteriormente, lo que han heredado. Recientemente acaban de sacar su primera antología como colectivo con la editorial Raíz y tumba. El formar parte del grupo fomenta cierta autonomía. Cabe decir también que la práctica de libros artesanales no conflige o excluye la posibilidad de publicar por medios más tradicionales. Las poetas del grupo tienen proyectos simultáneos que no están asociados con el megáfono y se privilegia la libertad como escritora.
Como escritora, Mara Pastor acaba de publicar Candada por error. Libro que presentó precisamente en el Vértigo de los Aires y en el que destaca una serie de poemas que manejan la huella bolañiana y con ella, o a través de ella (gracias a ella) se sinceran. Como Mara siempre va, o porque ella es un arte combinatorio, pronto publicará vertientes más analíticas. También nos ha regalado un inédito. Ella siempre va y hoy está aquí. 
El arresto de la dama que no sopló duro
Soy la cobarde que sólo es valiente cuando al lado tiene a un policía pequeño que le dice, dama, bote ese chicle. Policía pequeño con cejas pequeñas y boca igual que me pregunta, dónde (como si tal cosa existiera) ha estado, usté, esta noche. Le digo que estaba en la h de estar, pero mi licencia dice que estaba en un lugar que no justifica
(según los expertos) mis intentos de vivir
amparada bajo sombrillas
al sol. Dónde, repite, y le digo, tú, pequeño policía, para qué quieres saber dónde estaba, si no sabes del rastro disconforme de mis plataformas, no sabes que en el semáforo entendía que mi rostro en el retrovisor
no sabe cómo llenarse
que ve cuerpos que no son
mi cuerpo ni mi nombre
en otros cuerpos sin mi voz
ni mis malas contestaciones
en las entrevistas pueblerinas. ¿Usted
se ha tomado a algún alcohólico? Mira, pequeño, escóltame a mi casa que mi delito
ha sido abrazar toda la noche
a un asesino lleno de música
Tengo motivos para pensar que usted está embriagada, dama. Hágame el favor y bájase del carro. No puedo.
Soy poeta (Y me sale
una carcajada) Le he dicho, dama. Hágame el favor y bájese del carro,
bájese de la tarima,
de paso deshágase de su nuevo recorte,
la voz que ha soltado la hoja
húmeda de su timidez, bájela.
Mire, yo llegué ayer
de un lugar blanco, blanquísimo,
como toda esta palidez en mi rostro
este canto sin buena voz.
¿Y usté se cree que esto se lo aguantarían allá en los esteits?
Allá tengo otros
poemas a otros amantes
pero ninguno sabe a la reincidencia
torpe de su cuerpo,
la curva maligna de su estirpe.
Aunque abrazados debajo
de las sábanas frías
por culpa de la ventana
rota nos creamos a la intemperie
no hay logros para el orgullo.
ni a quien culpar.
Hay una turista mirada de reojo.
Unos buttocks que escriben, menean malabares
con algunos sonidos afinados
mientras les hacen la paja a los pequeños.
Soy un índice estropeado por la mano de otro policía
pequeño, disfrazado, siempre disfrazado.
Ellos, los pequeños, hacen círculo y me acercan la prueba de aliento como un dildo. Sople duro, dama, es mejor. Decido no soplar. Dama, hágame caso.
¿Tienes que usar siempre el vocativo?
Sí, con la boca, sople duro.
© Rebeca Yanke
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