
La poesía marciana
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Es verdad. No comprendes este idioma.
Y sin embargo hay algo perceptible
ya sea en las farolas,
en el último estertor de la moto;
más allá de las aguas. No lo toques.
Déjalo estar.
Hablar y amar son cosas muy distintas.
(Ben Clark)
Si Ben Clark se dedicara al fútbol el primer juego de palabras sería decir que es un crack pero, ah, se dedica a la poesía, así que quizá tenga que llamarlo, sencillamente, SuperClark, e imaginármelo dentro de una cabina de teléfonos. Estoy segura de que saldría airoso del reto, sobre todo en estos tiempos en los que ya no existen cabinas de teléfonos. En el libro más reciente que acoge sus poemas, VOX 2.0, de la Editorial Delirio, hay un epílogo que anuncia: “Los poetas somos como los superhéroes, y no porque podamos volar ni porque luchemos por la justicia o porque tengamos ciertos poderes, no. Los poetas somos como los superhéroes porque, por lo general, ambos tenemos dos trabajos”.
Esta cita no la firma nadie y eso me parece correcto. Iba a decir bueno pero en las Terapias Musicales no nos manifestamos en tales términos. Se desdeña un poco el adjetivo en esta partitura, incluso la metáfora, las cosas no son buenas ni malas, las cosas son. La cosa es que Ben Clark, que vive en Salamanca, dirige la Sala Marte, y la define como una “propuesta distinta al recital ordinario”. Su objetivo es “traer gente joven”, y él es uno de ellos porque tiene 25 años. Clark parece que va rápido pero esto no es cierto. En realidad va lento, porque podría ir mucho más rápido.
En 2006 se llevó el Premio Hiperión, ex aequo junto al poeta malagueño David Leo García, y en 2007 ya estaba organizando escenarios extraterrestres en la Sala Marte. Antes de todo esto 2005, un año en la Fundación Antonio Gala que le permitió escribir Los hijos de los hijos de la ira y donde pudo leer a muchos a los que aún no se había asomado. Tiene un aire despistado, y además advierte de que lo es. Esto es lo que hacen los que saben a lo que pueden enfrentarse cuando se trata de ellos mismos. Pero, ¿qué más hace Ben Clark en Salamanca, además de gestionar la Sala Marte y pasarse de vez en cuando por las aulas de sus filologías preferidas? Pues lo que se espera de un poeta y de un superhéroe: “Me enamoro cada diez minutos”, cuenta. Y después se ríe.
Si no fuera superhéroe, ni poeta, ni agitador, a Ben Clark le iría bien ser pescador. Tiene la sonrisa abierta de los que se pasan casi todo el día en espacios que también lo son. Quizá por esto, y porque nació en Ibiza, en otro poemario publicado este año, Memoría, de la editorial barcelonesa Huacanamo, hay un poema titulado La Mamparra (o el amor). El amor como la técnica lumínica que lleva a los peces a las redes, o como el barco que trabaja de esa manera. Es más, la editorial Huacanamo en su web explica que es una isla a la que llegan muchos barcos. SuperClark, un poco de agua en el secarral salmantino. No está solo. Le acompañan unos cuantos enemigos. Pero él advierte: “En Madrid haría mucho daño”.

Con el catalán Victor Balcells (con el que entrevistó a escritores sobre deportes para La Vanguardia) y con el salmantino Fabio de la Flor (artífice de la Editorial Delirio, y pensador) ha montado una banda bizarra: Enemigos de Jardín. ¿Qué sois, Ben? El poeta responde: “Tres tíos con un papel”. O varios, también un atril, las ganas y la voz. “Son monólogos literarios”, dice Ben, que a veces se pone serio, poco tiempo por suerte, y añade: “Entre el monólogo y el cuento, nosotros tres y el texto muy presente”.
Poesía marciana y experimental, monólogos con sus enemigos, premios y un blog que habla del verso y de lo adverso (http://www.delversoyloadverso.com). Además de todo esto Ben traduce a Anne Sexton. Dice sobre todo ello: Traducir es una de las cosas que más me divierten. Cuando mi discutible amor por la filología enferma, siempre recurro a la traducción para volver a sentir lo que es llegar al fondo de la palabra y de las claves sintácticas o por lo menos lo que yo considero el fondo o, en cualquier caso, lo que me entretiene que es lo mismo que he dicho antes. Lo que estoy diciendo es que traducir es lo segundo más interesante que puede hacer un escritor después de escribir y, lo que es más importante, implica jugar con un ego ajeno, en vez de estar constantemente hablando de uno mismo (algo insoportable). Como bien sabe Julio Mas Alcaraz, que tradujo -y muy bien- el libro de Vive o Muere de Sexton, se trata de una poeta difícil. Preguntas si me sentí cómodo, bueno, yo creo que no. Con Sexton, quiero decir, porque nadie podía sentirse cómo con ella, es lo bueno que tenía y que tiene. Sobre el resultado... Pues no soy yo el mejor para hablar de mi propia traducción. Yo hice lo que pude y Linteo ha editado de maravilla. Como se suele decir, los errores serán míos, los aciertos de Anne Sexton.

Y cuando la u minúscula que suscribe trata de complacer sus fetichismos y pide a Clark que le enumere sus últimas lecturas importantes, y sus pilares permanentes, concluye que Ben Clark es un superhéroe muy simpático: Aunque no lo creas (a más de uno, sin embargo, no le sorprenderá) leo muy poco. Poquísimo. Y si esto es una exageración (que no lo es) aceptaría decir que leo por épocas. Ahora se trata de una época de sequía que ha contado, a pesar de eso, con tres "pequeñas" grandes lecturas: Ampliación del campo de batalla, de Michel Houellebecq, Tiempo de un centenario de Mircea Eliade y El extranjero, de Camus, que todavía no había leído y ya iba siendo hora. Como no creo mucho en los autores permanentes (¿cómo podemos estar siempre cambiando y leer siempre lo mismo?) voy a decir tres nombres absolutamente permanentes que demuestran que lo que acabo de decir es una tontería: Shakespeare, William Shakespeare y también el Bardo de Avon.
© Rebeca Yanke
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