Rebeca Yanke

 

España, 1978. Nació en Getxo. Es redactora del diario El Mundo de Madrid. Su trabajo periodístico la ha llevado a entrevistar a diversas personalidades del mundo de la literatura iberoamericana. En el año 2007 participó en el XV Encuentro Poetas en el País de las Nubes, celebrado en la ciudad de Oaxaca, México. Web

 
 
 
   
 
   

 

Postales de(sde) Mallo

 

 

Entrevistar a Agustín Fernández Mallo cuando ya lo han hecho todos, cuando muchos se han comido sus Nocillas (algunos entre pan y pan) no es que sea un reto; es un estrépito. Pero en las Terapias musicales visitamos Estridentópolis con alegría; nos gusta vivir en las frontera. En tanto que esto es serio, la u minúscula que suscribe, que ya deglutió la carne de píxel, extendió la nocilla y presenció el vuelo de Creta el año pasado (sin leer más entrevistas a AFM que la de Nuria Azancot en El Cultural), pensó que sería adecuado echar un vistazo a lo que se dijo.

Llegados a este (in)cierto punto y, si esta entrevista quisiera ser reportajeada, la historia sería la resaca de la tormenta de un señor gallego que vive en una isla: Mallorca, que ha conseguido que la crítica literaria forme bando a favor y bando en contra (esto ya me parece un éxito) y que escribe un blog (http://www.alfaguara.santillana.es/blogs/elhombre) saliendo de una tarta donde pasan dos cosas curiosas. Una, cuenta a sus lectores (¿internautas?) las cosas que le gustan en música, artes plásticas, poesía, cine, etcétera, etcétera, etcétera. Dos: cuelga en su bitácora todo lo que se escribe sobre él. Bueno y malo. Apasionante y trágico.

En general suele ser una mezcla de los dos y, en conjunto, resulta honesto observar su carácter pausado. Uno se lo imagina sin mucho esfuerzo en la cocina del  1ºA de la calle Estudio General de Palma de Mallorca (Carne de Píxel, Premio de Poesía Ciudad de Burgos, está dedicado a ese lugar) escribiendo. Se imagina un silencio de día temprano y, si acaso, un murmullo de mar. Supongo que muchos escritores de vida agitada envidiarían esto. No he podido ver a Mallo para esta entrevista, vive en una isla, pero lo imagino alto y con la impronta despistada que a veces imprimen las gafas en algunas caras.

Sin embargo es de los más rápidos que he conocido contestando e-mails, y en palabras sigue pareciendo sereno, de puro claror, creo. Lo mejor es que seamos sinestésicos, y escuchemos.

PREGUNTA: ¿Crees que eres un inventor, un intercesor, como los que describe Deleuze? 1.

RESPUESTA: No lo sé. No tengo perspectiva temporal para saberlo. Ni yo ni nadie. El tiempo dirá hasta qué punto mi poética ha influido en otros en el sentido de generar poéticas nuevas o si se inscribe en una esfera estilística que ya existía. A favor de lo primero está el hecho del revuelo que han causado mis libros, que han sido catalogados como algo nuevo dentro de las lógicas influencias que todo autor debe tener.

P: ¿Cuál es tu valoración, ahora que ha pasado un poco el revuelo?

Podemos engañar a unas pocas personas, pero no a miles, y muchas de esas miles, de probada solvencia teórica y conocimiento de la literatura en español. A favor de la segunda opción está el hecho de que nada surge de la nada, y que siempre ocurre que creemos que lo que está ocurriendo en nuestro presente lo estamos descubriendo. Por lo demás, he visto algunos autores que, en una clara estela del Proyecto Nocilla o, más ampliamente, de lo que llamé Poesía Postpoética, están editando cosas. De lo que he visto, creo que se ha entendido mejor toda esta poética en el campo de la poesía que de la narrativa.

También he observado que artistas como músicos o plásticos han leído mi obra de una manera mucho más natural y con menos escándalo que la gente del ámbito literario. Para los primeros es algo natural ese “estilo” roto y de mezcla de géneros. Algo que siempre he dicho en mis textos teóricos: las artes visuales o la música van por delante de la literatura a la hora de  asumir la audacia y la experimentación como herramientas naturales de sus prácticas.

P: Entonces, ¿eres una deleuziana mutación?

R: Sobre lo que dice Deleuze, me gusta, pero también es verdad que, en la práctica, muchas veces los que crean la  escuela me parecen muy buenos teóricos pero más fallidos a la hora de llevar a la práctica esa teoría. Me ocurre con Lars Von Trier, cuyas películas me parecen inferiores a las de sus discípulos. O con Godard, que no es el que más me interesa del cine francés Nouvelle Vague, o con surrealistas como Breton. 

P: Pilles dice que ya no hay un origen como punto de partida, sino un modo de ponerse en órbita, de “colocarse entre” y no en el origen del esfuerzo. Me recuerda, por cierto, a Hannah Arendt cuando habla de “vivir entre”:

R: Bueno, sí, es una manera de decirlo. Mira, ya que vas de citas, el otro día leí algo del director de cine Jim Jarmusch que define muy bien mi actitud ante las cosas:

“Nada es original, roba de cualquier sitio que haga resonar tu inspiración y alimente tu imaginación. Selecciona para robar cosas le hablen directamente a tu alma. De libros, conversaciones al azar, películas, fotos, sueños, arquitectura, calles, signos… Si haces eso, tu trabajo será auténtico. Recuerda la frase de Godard: “el asunto no es de dónde cojas cosas, sino dónde las recoloques.”

Me parece que eso habla por sí mismo. Eso es ponerse en órbita. Ser sensible a lo que hay y transformarlo de alguna manera, entrar en resonancia con lo que te rodea. Para eso tienes, para empezar, que olvidar todo prejuicio creativo.

Por otra parte, lo que dice Deleuze de “colocarse entre”, casi es la extrapolación de su idea de Rizoma, cuando dice que el rizoma es lo que está “entre”.

P: Siguiendo con él, dice que el sistema de rotación rápida de la creación literaria provoca que no haya inesperados porque lo que se imita ya es una copia, hasta que se desarrolla una cohorte de imitadores que dominan la técnica mejor que el inventor. La palabra copia a veces se relaciona con el Proyecto Nocilla. Tenemos la novela clásica, la novela clásica-estandar, etcetera, ¿Crees que lo que te diferencia de esto es una verdadera ‘intención creadora'?

R:  Antes de nada, lo cierto es que los que me consideran copia o imitación son muy pocos. Y si analizas bien sus argumentos, en la mayoría de los casos son extraliterarios, son manías o caprichos muy personales. La otra parte de ésos, los que basan su argumento en componentes estrictamente literarios, tienen una visión de la literatura que se fundamenta en el arquetipo del la obra platónica perfecta a la que hay que aproximarse, y en que eso de la experimentación ya lo hicieron la Vanguardias. Si lo miras bien, son argumentos que para criticar no pasan de la primera mitad del Siglo 20. Si lo que hago yo es copia, entonces lo que hacen otros qué es, ¿recopia?

Sobre tu pregunta: no, a ver, yo creo que todo el mundo que crea tiene una “verdadera” intención creadora, sino es engañarse a uno mismo. Lo que ocurre es que a veces hay personas que creen que su “verdadera” intención creadora es la única “verdadera”. Y les molesta que otros no vayan por lo que ellos, cual fe, siguen a pies juntillas.  Personalmente me encanta que otros escritores hagan cosas muy distintas a mí, lo considero sano, lógico, natural, ley de vida. Es lo que te decía antes: en otros ámbitos más socialmente desarrollados que la literatura, más en la “vida real”, como son las artes plásticas, esa variedad o diversidad de  estilos y técnicas ni se cuestiona, tampoco en la música, pero sí en la literatura. Bien pensado, hace gracia.

No tengo nada en contra de la copia siempre y cuando le dé un giro de tuerca al original. Que la novela clásica está ya muy rehecha, es algo evidente, y que en ella hay pocos giros de tuerca, también. Pero que se puede avanzar, también. Mis novelas y las de otros muchos en activo son la prueba palpable.  

P: Yo me deleito más con tu poesía. Me gusta esa frase que usas a menudo en las entrevistas y que es en realidad un verso de Carne de Píxel, 'complejo que no complicado', ¿siempre suelen ser así las cosas que te gustan o interesan o esto te sucede únicamente en tu intención creadora? Como Duchamp. Podemos meternos con él, sí, bueno, pero es que se le ocurrió a él.

R: Me honra y sonroja al mismo tiempo que compares mis libros con el acto de radical inteligencia estética que llevó a cabo Duchamp. De momento, sólo somos sus hijos pequeños. Lo único que te puedo contestar a eso es que yo escribí mis poemarios y mis novelas como todo el mundo, en la absoluta soledad, y guiándome sólo por mis instintos creativos. Estaba acostumbrado a publicar poesía, eso equivale a decir que estaba acostumbrado a escribir cosas que nadie lee, y eso te da mucha libertad para ir hasta el final en tu idea de creación literaria, por eso cuando escribí las novelas me dejé ir a los límites estéticos en los que quería experimentar, quería descubrir y explorar. Lógicamente, pensé que nadie iba a publicarme estas novelas jamás. Así, que honestidad creativa, como ves, toda. Fue algo que hice desde la honestidad total, y que le eché el valor de presentarlo al mundo como novela, porque creo que así es.

Es un poco cansado tener que estar justificándose por hacer esto. Volvemos a lo mismo: esta necesidad de justificaciones en las artes plásticas o la música serían una marcianada, irrisorias. La gente en esos campos trabaja, es audaz y presenta su trabajo, y es lo que se espera de ellos.

Aparte, me gustaría aclarar que no tanta gente se mete con Duchamp. El año pasado, tras una encuesta de críticos a nivel mundial, se determinó que el Urinario de Duchamp era la obra de arte más importante del Siglo XX, porque era la que más había influido hasta estos días. Creo que está todo dicho. En fin, pero  a mí no solo me interesa Duchamp, eh.

P: Desde tu honestidad hasta tu pulsión, a menudo mencionas este término, y también que nada te parece natural, ¿Cómo conjugas eso? ¿Crees que el hecho de escribir por estímulo, según te late, puede ser la causa de algunas críticas?

R: Bueno, quien critique eso es que, con perdón, no se entera de nada. Entonces tendría que criticar, por ejemplo, toda la poesía escrita y por escribir. No creo que ningún escritor serio critique a alguien por sus métodos de trabajo. Hay que criticar el resultado, no el método. Es irrisorio. Hasta ahí podíamos llegar. Pero es que es así, no puedo negar que escribir todo lo que he escrito no me cuesta demasiado; de repente, sale. Qué quieres que haga, que finja.

Sobre lo otro, no creo que esa pulsión sea “natural”, está hecha inconscientemente de todos los filtros culturales por lo que he pasado en mi vida. Cuando hablamos de una cultura, y eso es desde el primer momento en el que hay un lenguaje, (afortunadamente) nada es natural.

P: Precisamente Internet es el ejemplo perfecto del sentir de muchos que dicen (decimos) lo que nos late, todo el mundo es experto en algo, cualquiera puede decir lo que piensa, ¿El Kippel es una avalancha?

R: La proliferación de las especializaciones es cierta, no hay manera de digerir toda la información. Pero no menos cierto es que hasta ahora los científicos habían estudiado las cosas por separado y que ahora están viendo cómo se relacionan, y para ello han descubierto los modelos de Redes Complejas, en las que no es posible separar la física de la biología o la lingüística. Bien, creo que eso irá a más, y creo que en un futuro se primará a las mentes que tengan esas relaciones claras, aunque no sean súper especialistas. Hace falta alguien que vea el mapa a vista de pájaro. 

P. Sí, hacen falta pájaros. En una conversación con Vicente Luis Mora, sobre un artículo tuyo en Babelia, citas a uno de tus personajes cuando dice: la supervivencia consiste en redefinir los contratiempos en tu beneficio. Me interesa el asunto de la ‘apología del error'.

R: Creo que lo que digo en Nocilla Dream es  que la supervivencia consiste en redefinir el absurdo en tu beneficio. Sobre lo del error, bueno es que hay toda una parte de la realidad que no vemos, sólo eso, y que es aprovechable estéticamente. Mil cosas. Mil situaciones. Esa parte de la realidad incluye errores, taras, asuntos desechados por supuestamente inútiles. Creo que en esos lugares, extrarradios, hay mucha materia de reconstrucción estética. Mucha. Decía Wittgenstein aquello de que “el significado es el uso”, máxima que hizo suya el arte conceptual de los 60 y 70. Pues eso: el significado de un error es su uso, si lo usas, si lo redefines, como un no-error aplicándolo a tu trabajo, deja de ser un error.

 


1. EL PROLETARIADO JUEGA AL TENIS

El estilo es una noción literaria. Es una sintaxis. Se habla, no obstante, de estilo en las ciencias, donde no hay en absoluto sintaxis. O en los deportes. Hay estudios muy avanzados sobre los deportes, que yo apenas conozco, pero que quizá sirven para mostrar que el estilo es la novedad. Sin duda, los deportes tienen un aspecto de escala cuantitativa marcado por los ‘records' y apoyado en el perfeccionamiento de los aparatos, del calzado, de las pértigas… Pero también hay mutaciones cualitativas de las ideas, mutaciones que son una cuestión de estilo, el paso de la tijereta al rodillo ventral, al Fosbury Flor, el modo en que un salto de vallas ha dejado de rodear el obstáculo para dar paso a una zancada más larga. ¿Por qué no empezar por aquí? ¿Por qué habría que comenzar por hacer una historia determinada por los progresos cuantitativos? Todo estilo nuevo no implica tanto un nuevo ‘golpe' como un encadenamiento de posturas, es decir, un equivalente de la sintaxis que se realiza sobre la base de un estilo anterior pero que rompe con él. Las mejoras técnicas no son eficaces a menos que sean admitidas y seleccionadas por un estilo nuevo que no determinan por sí mismas. Por eso son tan importantes los ‘inventores' en los deportes, son los intercesores cualitativos. Por ejemplo, el tenis, ¿cuándo surgió esa manera de devolver el servicio en que la pelota devuelta cae a los pies del adversario que está subiendo a la red? Creo, aunque no tengo gran seguridad de ello, que se debe a un gran tenista australiano de antes de la guerra, Bromwich. Es evidente que Borg ha inventado un estilo nuevo que abrió el tenis a una suerte de proletariado. En tenis como en otras cosas, hay inventores: MacEnroe es un inventor, es decir, un estilista, ha introducido en tenis posturas egipcias (su servicio) y reflejos de Dostoyevski ("si te pasas el tiempo golpeándote la cabeza contra las paredes, la vida se torna imposible"). Después puede ser que los imitadores lleguen a vencer a los inventores, a hacerlo que ellos, so los best-sellers de los deportes. Borg ha engendrado una raza de oscuros proletarios. McEnroe puede ser vencido por un campeón cuantitativo. Se dirá que los que copian se benefician de un movimiento que ellos no han creado, pero que son aún más fuertes que los creadores, y las federaciones deportivas demuestran ostensiblemente su ingratitud frente a los inventores que les permiten vivir y prosperar. Pero esto no significa nada: la historia de los deportes pasa por estos inventores, que constituyen en cada momento lo inesperado, una nueva sintaxis, las mutaciones, sin ellos los progresos puramente tecnológicos serían sólo cuantitativos, sin importancia ni interés". (Gilles Deleuze)

2. (…) (en 1960) La Explosión Informativa comenzaba a hacerse sentir entre los científicos. El matemático Stanley Ulam observó que se estaban formulando doscientos mil nuevos teoremas al año y no había mente humana que pudiera estar al tanto de todos. Se calcula que la última persona que supo todas las matemáticas de su tiempo fue Alexander Ostrowski, fallecido en 1915”. (Anton Wilson)

 

© Rebeca Yanke