
Arbitraria muchedumbre
La madrugada es obstinada, tierna y sedentaria.
Pero sobre todas las cosas es obstinada,
más obstinada que un borracho enamorado
pidiendo misericordia y canciones al barman.
La madrugada es para los seductores del tiempo,
para los profetas del riesgo,
para los eremitas de la casualidad.
La madrugada es un casual terremoto
para los que viven de los sobresaltos,
para los que desenfundan la espada
desde el olvido,
para los que acechan
el triste vaho de las tinieblas.
La madrugada es obstinada, tierna y solitaria.
Muchos congeniamos
en esa tierna soledad compartida,
en esa triste marea de besos a destiempo.
Todo es un irracional hastío de piel a piel insuficiente. Todo es tinieblas, todo es tinieblas. Yo trato de encontrar mi risa, aún tenue, perdida entre la risa de tu medianoche. Yo busco en esta mutua y silente excavación de poros, tercamente mi sonrisa vagabunda. Yo busco entre esta vacilante muchedumbre algo de ruido, para respirar nuevos silencios.
la soledad
ese remedio incesante
esa camilla para levantar felicidades gastadas
dolidas
intensas
la soledad
ese analgésico
de gente
ciudad
voluta
de dolor
tierna
sedentaria
muchedumbre
pretérito
síntoma
urgente
la noche
la fiesta
bailando
excesos
es sólo
una de sus
semblanzas
La noche es un semillero de transacciones eventuales. Un feroz anestésico para los dolores más cotidianos. La noche es una urgencia, un pasmo, un temible laberinto para adelgazar corduras. Siempre en la noche se indaga sobre la coexistencia humana. Siempre en la noche el cuerpo tiende a pesar menos, siempre en la noche. Allí se agitan las ligerezas y el azar es un orgasmo múltiple de ruidos y silencios. Silencios torpes donde la vida permanece. Porque la noche es para los ávidos transgresores, y la madrugada por lo contrario, para los que caminan sobre las fronteras del olvido o el recuerdo.
/ VIERNES /
Una multitud de deseos socavados, expuestos en la milenaria prontitud de las horas cotidianas. Una multitud de excesos bajo el insolente reflejo, una multitud de miedos, una multitud de sombras. Una multitud de multitudes posando verdades frente a una multitud multitudinaria de multitudes y más multitudes.
Veo la salita de estar, todos contentos y contentas. Yo ni siquiera me di cuenta cuando la aparente democracia entró disimuladamente a la casa, al sofá, a la mesita del fondo. Este país me duele desde la salita de estar, me duele y me llora con sus lágrimas de veneno manoseado. Este país sufre conmigo desde el territorio del silencio, sufre conmigo mientras veo caer a los cadáveres plásticos del blanco desvelo. Este país me duele desde su epicentro, cataclismo, cotidiano patrio símbolo; desventura inherente que cómo gusta y duele.
Las botellitas de agua pura parecen recitarme poemitas de Rimbaud, Panero o David Huerta. El whisky vacío, las colillas muertas sobre el ataúd del desconsuelo. Las ropas tiradas, los discos dispersos en su exceso musical, el frío incontenible, el olor a patchuli; el olor a semen mezclado con latex y pepsicola. Las risas tensas y estiradas. El blanco cielo. Blanco blanco.
Los viernes son extensos trampolines,
insólitas catapultas de espuma.
En los viernes hay largas migrañas pacifistas
donde tiembla el cielo,
donde languidece tiernamente la semana.
soy un cuaderno
abierto para dibujos de ciego
aún me tiemblan las venas en tu ausencia
aún me tiemblan
La noche es una pista de baile, donde la música rebota y rebota y rebota hacia el infinito. Denso punchis punchis cósmico que estalla en orgasmos de desenfreno, exquisita maña sagaz y maravillosa. Verborrea enmarañándose de excesos marinados en silencio. Explosiones asimétricas on tha dancefloor. Pasitos de baile en crecimiento y moviéndose con la brisa del lenguaje. Autopista nueva.
(nonstop marea nonstop de estímulos)
automáticas conversaciones
siempre al filo de la siempre madrugada
Enciendo un cigarro, bebo vodka; atestiguo ese láser rondándome el recuerdo más azul, más mierda. Muevo la melena, grito por inercia. Un vendaval de pentagramas ópticos se erigen frente a mis ojos desvelados. Flashbacks luces, luces flashbacks, sudores a destiempo. Repetidas fórmulas sobre oscilantes treguas bailan agitando las horas, vibraciones incesantes, anarquías movedizas y sincronías electro jugando al ritmo del cosmos. Nada que diga en este minuto de estruendo gástrico detendrá el perpetuo símbolo de la añoranza progresiva y constante. Muchedumbre inquieta, simbiosis de caderas y abrazos; amalgama de dioses meditabundos. Risotadas secas, profecías ciegas, rabiosa tornamesa olvidándose las ganas. Ganas de correr desnudo por la superficie del acetato y pinchar los crisantemos de la náusea, A.M. Tibia madrugada, tierna y obstinada. Siempre sucede algo antes de que suceda el antes de la madrugada. Mucha gente alrededor de la pista baila, muchas soledades gimen tiernamente antes del meridiano.
PUN–CHIS
PUN–CHIS
PUN–CHIS
PUN
CHIS
PUN
CHIS
Ala, no tiene un cigarro que me regale?!
Claro princesa...
Ala y miré, se me olvido cómo es que se llama el chavo que está tocando... ala tiene fuego?!
Hernán Cattaneo... es argentino creo y es bien buena onda...
Ala si, cabal!! Ala y usted lo conoce?!
Todavía no, pero sí querés lo conocemos en el after?!
Ala que buena onda!!!! ...y mire, a usted le gusta el rollo electrónico?!
Me gusta conocer gente guapa como vos...
Naaaa!!!! Ala qué pajero!!!!
Es verdad, si no vengo no te hubiera conocido...
Ala eso fue sweeeeet!!!! Yo a usted como que lo he visto en las paris fíjese...
Puede ser...
Si, a webos!!!! ...y mire, en serio va ir al after?!
Querés que vayamos juntos?
Pues si usted me invita...
Claro princesa
Y me dice princesa vaaa, ala qué cool es usted!!
Es que sos princesa
Y mire, usted anda en algo??!!
Y bailamos y bailamos y nos tocamos a once mil millones de beats por minuto. Sus tacones rosa me parecían demasiado cursis al igual que su habladito raro. Ella se burló de mi barbita grunge y yo la llevé a conocer el cielo falso de un motel rascuache en vez de llevarla al after. Parecés una niña, le dije varias veces. No lo soy, me respondió con el pantalón casi abajo de las rodillas. Entonces las apariencias engañan, porque te juro que parecés de veinte, insistí. Ando en los veinte, pero no tengo veinte, me dijo. Sos muy guapa, la verdad, inquirí y sin pensarlo mucho la estaba enamorando. Ala qué mango es usted... y mire, ¡¿todavía tiene coca?!, con la mandíbula rebotando sobre la alfombra tecnicolor del motel y dejando ver su calzoncito de colores caqueros pasado por el tierno ciclo del oloroso Suavitel.
PUN–CHIS
PUN–CHIS
PUN
CHIS
PUN
CHIS
PUN
PUN
PUN
Fragmento de Arbitraria muchedumbre [Vueltegato Editores, 2009] © Pablo Bromo
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