
La huida y otros poemas
La huida
Todo lo que habíamos recorrido era una imagen en blanco y negro. Campos devastados. El sonido del viento. Tras nosotros, sólo una noche que no terminaba de llegar. El día disipado, absorto en su muerte lenta.
No importaba cuánto camináramos. Éramos conscientes del punto en el que el cuerpo dice basta y parece que ya no circula más la sangre. No dentro de nosotros.
Así el cansancio.
FORMACIÓN DE LA QUIMERA.
mitosis. movimiento inexorable.
la carne busca rápida su forma
hasta el encuentro de los óvulos:
“para que surja una quimera
en el útero de la madre
un embrión asimila al otro;
como si Abel hubiera sido
devorado por Caín,
se funden en un solo cuerpo
con dos cadenas de ADN”.
en ocasiones la quimera
ocultaba otros ojos
cosidos a sus órganos:
eran cristales de alma muerta,
reflejo fiel del grito
que encoge por las noches
el cuerpo compartido:
Caín añora a Abel en todo sueño,
creyéndose culpable
de aquel delito primigenio,
donde dos cuerpos forman uno
y las conciencias se diluyen
en el temblor de sus latidos.
mármol
Una mancha de color sobre la hoja blanca; la cicatriz palpita
hasta el derrame. La disección: el cuerpo inerte es tomado
entre las manos; el corte es lento y preciso: un dibujo
ineficaz llamando a las células nerviosas.
abre los ojos.
La hoja blanca es su entorno; hay sombras de color en su
carne pálida. Los labios se resienten bajo la presión de las
mandíbulas.
un espejo ante sí.
En los ojos sólo queda el miedo a ver, a seguir viendo. Y
saber que nunca podrá dejar de mirar.
«¿Acaso no es el blanco el color del miedo?»
8 de diciembre de 1980
y esa otra muerte toma forma.
la verticalidad de un edificio es ambigua ante los ojos
que se cierran. el vértigo es la bala deshaciendo tus entrañas,
pero el dolor ya no es tuyo: cuántos rostros sabrán hoy de la
pérdida, de sus retorcidas raíces de cristal y helio. cuántas
voces gritarán a un cielo que se presenta inalcanzable.
y en una celda, el eco perfora su cerebro:
yo maté al dios de toda esa gente.
geodésica
la pantalla te observa.
hay voces de ambos sexos
acariciando la textura
de tus oídos.
como arena cayendo entre los dedos,
aquel discurso que no acaba;
los ojos que sondean
el óleo blanco de tus párpados
- la incertidumbre
un cuerpo es tan pequeño
cuando le muestran su reflejo
la escafandra y la mariposa (the locked-in syndrome)
la escritura ocular,
con fino trazo que deshace el blanco–
cables que hablan de agonía:
espectral silueta
que se extiende en la horizontal
más allá del abismo
palabras hilvanadas en el iris,
gravísimo silencio
donde no existirá lo ajeno
sino el océano del yo,
lengua conocedora de sabores
que ya no existen;
percepción inequívoca
de cada parte de su cuerpo
en el umbral.
escritura sin tinta,
memoria que prolonga
el vuelo de la mariposa
en la burbuja
que ahora le contiene–
no hay normalidad,
todo objeto es extraño
donde no existe el movimiento,
y sólo somos párpado,
la escritura ocular
rompe el encierro.
Todos nuestros movimientos acompasados, rítmicos. Parpadear constituye una melodía de signos, de poemas expuestos a nuestras pupilas solamente. Quieren tus hombros redescubrirme un significado que deseché,
eran fotografías sobreexpuestas, quemadas o rotas por la lluvia y el mal tiempo general de siempre, un conjunto de cosas insólitamente insoportables, insignificantes cuando ya no es ayer ni hay rabia ni odio ni llanto
un significado que me enseñaron mal,
trazos de caminos prometidos, hileras de hormigas que descienden a un falso hormiguero, restos de fruta podrida, sonrisas caducas–
pero quieren tus hombros cobijarme,
cuando cerramos los ojos y pienso
esto se llama hogar
Poemas inéditos y de El origen de la simetría [Icaria, 2007] © María Salvador
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