María Salvador

 

España, 1986. Nació en Granada. Estudia Historia del Arte así como Lengua y Cultura Japonesas en
los centros universitarios de su ciudad. Ha publicado la plaquette Ouroboros (Vitolas del Anaïs,
Asociación Diente del Oro, 2007) y el poemario El origen de la simetría (Icaria, 2007). Fue codirectora
de la revista electrónica Oniria (2006-2008). Sitio Web

 
 
 
   
 
   

 

La huida y otros poemas

 

 

La huida

 

Todo lo que habíamos recorrido era una imagen en blanco y negro. Campos devastados. El sonido del viento. Tras nosotros, sólo una noche que no terminaba de llegar. El día disipado, absorto en su muerte lenta.

No importaba cuánto camináramos. Éramos conscientes del punto en el que el cuerpo dice basta y parece que ya no circula más la sangre. No dentro de nosotros.

Así el cansancio.

 

 

FORMACIÓN DE LA QUIMERA.

mitosis. movimiento inexorable.

la carne busca rápida su forma

hasta el encuentro de los óvulos:

“para que surja una quimera

en el útero de la madre

un embrión asimila al otro;

como si Abel hubiera sido

devorado por Caín,

se funden en un solo cuerpo

con dos cadenas de ADN”.

en ocasiones la quimera

ocultaba otros ojos

cosidos a sus órganos:

eran cristales de alma muerta,

reflejo fiel del grito

que encoge por las noches

el cuerpo compartido:

Caín añora a Abel en todo sueño,

creyéndose culpable

de aquel delito primigenio,

donde dos cuerpos forman uno

y las conciencias se diluyen

en el temblor de sus latidos.

 

 

mármol

 

Una mancha de color sobre la hoja blanca; la cicatriz palpita

hasta el derrame. La disección: el cuerpo inerte es tomado

entre las manos; el corte es lento y preciso: un dibujo

ineficaz llamando a las células nerviosas.

abre los ojos.

La hoja blanca es su entorno; hay sombras de color en su

carne pálida. Los labios se resienten bajo la presión de las

mandíbulas.

un espejo ante sí.

En los ojos sólo queda el miedo a ver, a seguir viendo. Y

saber que nunca podrá dejar de mirar.

«¿Acaso no es el blanco el color del miedo?»

 

 

8 de diciembre de 1980

 

y esa otra muerte toma forma.

la verticalidad de un edificio es ambigua ante los ojos

que se cierran. el vértigo es la bala deshaciendo tus entrañas,

pero el dolor ya no es tuyo: cuántos rostros sabrán hoy de la

pérdida, de sus retorcidas raíces de cristal y helio. cuántas

voces gritarán a un cielo que se presenta inalcanzable.

y en una celda, el eco perfora su cerebro:

yo maté al dios de toda esa gente.

 

 

geodésica

 

la pantalla te observa.

hay voces de ambos sexos

acariciando la textura

de tus oídos.

como arena cayendo entre los dedos,

aquel discurso que no acaba;

los ojos que sondean

el óleo blanco de tus párpados

- la incertidumbre

un cuerpo es tan pequeño

cuando le muestran su reflejo

 

 

la escafandra y la mariposa (the locked-in syndrome)

 

la escritura ocular,

con fino trazo que deshace el blanco–

cables que hablan de agonía:

espectral silueta

que se extiende en la horizontal

más allá del abismo

palabras hilvanadas en el iris,

gravísimo silencio

donde no existirá lo ajeno

sino el océano del yo,

lengua conocedora de sabores

que ya no existen;

percepción inequívoca

de cada parte de su cuerpo

en el umbral.

escritura sin tinta,

memoria que prolonga

el vuelo de la mariposa

en la burbuja

que ahora le contiene–

no hay normalidad,

todo objeto es extraño

donde no existe el movimiento,

y sólo somos párpado,

la escritura ocular

rompe el encierro.

 

 

Todos nuestros movimientos acompasados, rítmicos. Parpadear constituye una melodía de signos, de poemas expuestos a nuestras pupilas solamente. Quieren tus hombros redescubrirme un significado que deseché,

eran fotografías sobreexpuestas, quemadas o rotas por la lluvia y el mal tiempo general de siempre, un conjunto de cosas insólitamente insoportables, insignificantes cuando ya no es ayer ni hay rabia ni odio ni llanto

un significado que me enseñaron mal,

trazos de caminos prometidos, hileras de hormigas que descienden a un falso hormiguero, restos de fruta podrida, sonrisas caducas–

pero quieren tus hombros cobijarme,

cuando cerramos los ojos y pienso

esto se llama hogar

 

 

Poemas inéditos y de El origen de la simetría [Icaria, 2007] © María Salvador