Luis M. Hermoza

 

Perú, 1977. Vive en Barcelona. Es licenciado en Filología Románica por la Universidad de Barcelona. En Lima, estudió literatura hispanoamericana en la Universidad Católica. Dirige la revista digital La Siega y la publicación Simiostein: primer zine cornelista. Tiene una novela y un poemario inéditos. A veces hace vídeo.

 
 
 
   
 
   

 

Canto 6 y otros poemas

 

Canto 6

 

A las 6 de la tarde

pariste

según la cábala del Dr. Sperelli.

 

Anoche lo descubrimos

y los ojos se nos llenaron de lágrimas.

 

Según nosotros, habíamos dado con el momento exacto

en que comenzó la civilización occidental.

 

Luego nos embriagamos

y nos poseímos.

 

En el momento post-coital

cuando mi amado sardo hacía más lenta su respiración y

de tanto en tanto tarareaba versos

en algún durmiente idioma extranjero,

mirándolo, pensé en ti.

 

Novia del hombre,

con tu vestido gris y sucio bajaste de tu burro

como de una calabaza. Tu marido te ofreció su mano

como si fuese cama. Y tú quebraste sandalias de cristal

hasta llegar a tu trono.

 

El padre te preguntó si lo amabas

y a él también.

 

Prometida de los hombres, recibe el terror de las palomas

y el olor a caca de oveja

como sacrificio.

Él nunca te poseyó

pero te convirtió en acertijo.

 

 

II

 

Cuando estés con las piernas abiertas,

llámame.

 

Deja la puerta sin candado,

la ventana

y el cajón

donde guardas tus tesoros

más insignificantes.

 

Quiero doblarte como un dedo que señala y se equivoca,

como un puño que se aplasta en tu memoria,

como tu memoria cuando duermes boca abajo.

 

---------------------------------Abajo

Que tus murallas no sean rodillas

que separan una vida de la otra,

 

---------------------------------en un cinturón

de río

y cocodrilo.

 

 

(Cinco)

 

Aquel sonido espeluznante

una y otra vez,

una y otra.

 

Luego,

la caída de la pluma más pesada,

abrupta,

precipitada,

de los deditos de tu pie

al suelo, la uña.

 

Lo que cuenta es lo que se interpreta.

 

Yo interpreto de tu limpieza

un ritual, el

M á g i c o- R i t u a l- d e- l a- P u r i f i c a c i ó n:

-------------------P a s e n- t o d o s

-----------------------------5 c

empieza por tus pies,

acaba en tus axilas.

 

Aquel sonido espeluznante de una uña quebrándose

una y otra vez durante toda la noche.

 

El ritual repetido en mi memoria.

 

Y mi facilidad interpretativa

o tu facilidad connotativa

hicieron mi noche

dura,

larga,

varias noches.

 

Hoy de mañana

temprano,

entre sueños imagino tu pie

tempranero

en la orilla, en la playa fría, dejando huellas

que la resaca traga,

pero no congela.

 

Son el rastro,

la señal que no debemos seguir pero seguimos.

Encontré esta sentencia enrollada en una botella.

Y la botella ondulante

en un mar zigzagueante

fue lo último que pensé cuando reparé

en que era yo el que cabeceaba.

 

Todos los viernes después del trabajo

déjame un espacio en tu cuarto.

Aviso:

--S e- l l e v a- a- cabo

s e m a n a l m e n t e- tu

c e r e m o n i a- p u r i f i c a-

d o r a. -D e d o s- c o m o

c u a l q u i e r a -q u e -r e-

c u p e r a n- l a -l i m p i a

i n o c e n c i a- -d e -q u i e n

t i e n e -q u e -c r e c e r.

H o r a: -8 pm. -A n t e s- d e

s a l ir- d e- c o p a s.

 

Apta sólo para mí.

Apta sólo para mí.

 

 

(Seis)

 

Pie,

pedazo de carne y hueso.

Piedazo.

Piedad.

Portazo.

 

Diste un portazo tras de ti

y en mi cuarto quedó

eco.

 

Preciado cuero dentro de tanto cuero:

una bolita de tipo militar con pasadores oscuros.

Pierdón.

Perdón.

Pero ya te habías ido.

 

Una puerta.

Dos puertas.

 

5 segundos.

 

Primer portazo. Segundo.

Uno fuerte, otro leve.

 

Yo me quedé inmóvil

viendo tus pies sosteniendo tal escándalo.

Palabras y gritos que no entendí

hasta que te vi,

pequeña, en la vereda,

desde mi ventana, de espaldas,

corriendo con tus pies como dos hormigas.

Pierdón.

Prometo

Priecaución. Pero ya no estabas.

 

Uno tras otro

y otro delante de otro,

pie encabalgado hasta la calle,

escalón tras escalón.

Golpes secos en la escalera.

Rápido, fue rápido.

3 escalones por segundo.

No me dio tiempo ni a encender un cigarrillo

y pensármelo bien eso de ir tras tus pasos.

Pies sumidos en la confusión.

Presumidos.

 

Marcharon,

tú y ellos, ellos contigo. Frío inevitable.

Tú llevabas un abrigo hasta la rodilla,

ellos medias gruesas color beige y cuero, mucho cuero.

Vestimentas necesarias para

la imprevisible lluvia de otoño.

 

Ahora que llueve,

escribo. ¿Dónde andarás

pisando charcos, desparramándolos,

o salpicando transeúntes

que esperan en las esquinas?

¿Hasta dónde huirás,

hasta dónde

con tu castigo?

Tu castigo es el mío.

Pierfecto.

Cumplen tu cometido.

 

Poemas inéditos © Luis M. Hermoza