
Canto 6 y otros poemas
Canto 6
A las 6 de la tarde
pariste
según la cábala del Dr. Sperelli.
Anoche lo descubrimos
y los ojos se nos llenaron de lágrimas.
Según nosotros, habíamos dado con el momento exacto
en que comenzó la civilización occidental.
Luego nos embriagamos
y nos poseímos.
En el momento post-coital
cuando mi amado sardo hacía más lenta su respiración y
de tanto en tanto tarareaba versos
en algún durmiente idioma extranjero,
mirándolo, pensé en ti.
Novia del hombre,
con tu vestido gris y sucio bajaste de tu burro
como de una calabaza. Tu marido te ofreció su mano
como si fuese cama. Y tú quebraste sandalias de cristal
hasta llegar a tu trono.
El padre te preguntó si lo amabas
y a él también.
Prometida de los hombres, recibe el terror de las palomas
y el olor a caca de oveja
como sacrificio.
Él nunca te poseyó
pero te convirtió en acertijo.
II
Cuando estés con las piernas abiertas,
llámame.
Deja la puerta sin candado,
la ventana
y el cajón
donde guardas tus tesoros
más insignificantes.
Quiero doblarte como un dedo que señala y se equivoca,
como un puño que se aplasta en tu memoria,
como tu memoria cuando duermes boca abajo.
---------------------------------Abajo
Que tus murallas no sean rodillas
que separan una vida de la otra,
---------------------------------en un cinturón
de río
y cocodrilo.
(Cinco)
Aquel sonido espeluznante
una y otra vez,
una y otra.
Luego,
la caída de la pluma más pesada,
abrupta,
precipitada,
de los deditos de tu pie
al suelo, la uña.
Lo que cuenta es lo que se interpreta.
Yo interpreto de tu limpieza
un ritual, el
M á g i c o- R i t u a l- d e- l a- P u r i f i c a c i ó n:
-------------------P a s e n- t o d o s
-----------------------------5 c
|
empieza por tus pies,
acaba en tus axilas.
Aquel sonido espeluznante de una uña quebrándose
una y otra vez durante toda la noche.
El ritual repetido en mi memoria.
Y mi facilidad interpretativa
o tu facilidad connotativa
hicieron mi noche
dura,
larga,
varias noches.
Hoy de mañana
temprano,
entre sueños imagino tu pie
tempranero
en la orilla, en la playa fría, dejando huellas
que la resaca traga,
pero no congela.
Son el rastro,
la señal que no debemos seguir pero seguimos.
Encontré esta sentencia enrollada en una botella.
Y la botella ondulante
en un mar zigzagueante
fue lo último que pensé cuando reparé
en que era yo el que cabeceaba.
Todos los viernes después del trabajo
déjame un espacio en tu cuarto.
Aviso:
--S e- l l e v a- a- cabo
s e m a n a l m e n t e- tu
c e r e m o n i a- p u r i f i c a-
d o r a. -D e d o s- c o m o
c u a l q u i e r a -q u e -r e-
c u p e r a n- l a -l i m p i a
i n o c e n c i a- -d e -q u i e n
t i e n e -q u e -c r e c e r.
H o r a: -8 pm. -A n t e s- d e
s a l ir- d e- c o p a s.
|
Apta sólo para mí.
Apta sólo para mí.
(Seis)
Pie,
pedazo de carne y hueso.
Piedazo.
Piedad.
Portazo.
Diste un portazo tras de ti
y en mi cuarto quedó
eco.
Preciado cuero dentro de tanto cuero:
una bolita de tipo militar con pasadores oscuros.
Pierdón.
Perdón.
Pero ya te habías ido.
Una puerta.
Dos puertas.
5 segundos.
Primer portazo. Segundo.
Uno fuerte, otro leve.
Yo me quedé inmóvil
viendo tus pies sosteniendo tal escándalo.
Palabras y gritos que no entendí
hasta que te vi,
pequeña, en la vereda,
desde mi ventana, de espaldas,
corriendo con tus pies como dos hormigas.
Pierdón.
Prometo
Priecaución. Pero ya no estabas.
Uno tras otro
y otro delante de otro,
pie encabalgado hasta la calle,
escalón tras escalón.
Golpes secos en la escalera.
Rápido, fue rápido.
3 escalones por segundo.
No me dio tiempo ni a encender un cigarrillo
y pensármelo bien eso de ir tras tus pasos.
Pies sumidos en la confusión.
Presumidos.
Marcharon,
tú y ellos, ellos contigo. Frío inevitable.
Tú llevabas un abrigo hasta la rodilla,
ellos medias gruesas color beige y cuero, mucho cuero.
Vestimentas necesarias para
la imprevisible lluvia de otoño.
Ahora que llueve,
escribo. ¿Dónde andarás
pisando charcos, desparramándolos,
o salpicando transeúntes
que esperan en las esquinas?
¿Hasta dónde huirás,
hasta dónde
con tu castigo?
Tu castigo es el mío.
Pierfecto.
Cumplen tu cometido.
Poemas inéditos © Luis M. Hermoza
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