Javier Montoro

 

España, 1990. Nació en Córdoba. Estudia en Granada Traducción e Interpretación de los idiomas árabe y chino. Ha publicado el poemario Anatomía de las matrioskas (Premio de Poesía Alea Blanca 2008). Coordina las actividades del colectivo juvenil cultural Hipervínculos Divergentes y codirige la revista digital homónima. Forma parte del grupo de teatro Teatràdum. Blog

 
 
 
   
 
   

 

Anatomía de las matrioskas

 

opus tessellatum

 

Estoy hecho de teselas, teselas sin argamasa de unión

 

Quizá pasarán algunos años antes de verme totalmente

uniforme, pero hasta entonces no seré más que un resto

arqueológico

 

Antes los niños podían jugar con las piezas de mi puzzle,

formar mi nariz, arrancarme los ojos, amputarme una mano,

pero sus padres les regañaban y dejaron de divertirse conmigo

Y me duelen sus pellizcos zurdos

 

Ellos creen que se llevan algo de mí, pero les está prohibido

coger cosas del suelo

Siempre se cansan y yo no lo entiendo, nunca sabré por qué

tienen que dormir la siesta

Ahora ya no están, por eso duermo con la luz encendida, pues

quizá vendrán a recoger sus zapatos,

sus juguetes y la pieza que le falta a mi rompecabezas

 

  

tribulaciones ovinas

 

que los métodos del pastor eran algo heterodoxos

ya lo sabíamos

 

también que sobraba detenerse en el espacio, tamizado

de piedras por su acento argentino

 

---------------no importaba demasiado:

estaban los cinco minutos de la comida para pastar

las nubes, la sobremesa para expandirlas; luego vendrían

------------------------------------------------[las tormentas

 

cuando llovía, el pastor nos acariciaba

el estómago, nos estampaba antologías lúdicas,

nos besaba los ojos,

nos tapaba con las manos -la sobrehidratación

es un arma de doble filo-

 

los días no hacían daño

porque cada vez el pasto sabía más a ozono

 

hasta que el paladar se quejase

 

---------------no importaba demasiado:

estaban los cinco minutos de reserva para descubrir

que el Sol podría ser un postre delicioso

 

pero el pastor era reacio a las indigestiones

y no aparecía ----------------------llovía mucho

el camino era muy liso y resbalaba

nuestros pasos iban descompasados

los esquemas eran demasiado sólidos

 

las nubes nos habían sentado mal

 

------cómo entender entonces que nos sobrecogiera la calma

 

--------------------cuando surgió Dolly encima de nuestro pasto

-----------------------con el Sol en las manos

-----------------------dispuesta a servírnoslo como quisiéramos

-----------------------dispuesta a decirnos sonriendo:

--------------------“Aquí, tú eres el King”

 

 

ley de gravedad

 

Mi inocencia desgarra sombras incoherentes

de tus movimientos

Me lo ha dicho el miedo

Sé que estás igual, porque eres la masa que le falta al peso,

esa lagartija sin rabo que tiembla mientras yo, tu cola inerte,

intento renacer en cualquier seco asfalto, en cualquier parte

Las sábanas siguen oliendo a asfalto mojado y soplo

Soplo

Tú te masturbas con arena y risas, aunque

el miedo también hable contigo, te salude y vierta sobre ti

frases tópicas (¿cómo va la vida?) que esnifo de un pecho

de escamas de piel de gelatina de viento, de arena

Siento la bilis del papel chorreando en mi cara

-libertad, dirías tú-, tibia y muerta -litteralmente-,

derramada por él por equivocación por gozo.

Soplo. Tú juegas con piedras y carcajadas místicas

que hacen eco en una bóveda cuadrada de ausencias

místicas, míticas, sísmicas (¿y los tuyos?)

Ardiendo lentamente me consumo, ante tus ojos

licuados por la sospecha

Bebo

Soplo

Sigo siendo esa lagartija sin rabo a mitad de su compostura

pero (¿qué piensas hacer?), odiado, odiando

Lo que empieza por pena termina con pena,

eso el miedo no lo sabe

Quizá el teclado caliginoso y yo seamos tu víbora,

pero el veneno de tu lengua coagulada en verso mata

Mata

Soplo

Con los ojos zurcidos entre las telas de tu asombro,

como esa cosa (rimbombante) que te pregunta por mí

El pecho menguante, la órbita cúbica

Con el estómago lleno de vacío y las manos rotas,

cayendo por el pozo de lo previsible,

sabiéndote vivo y riéndote del suelo que me espera

Mas ahora tiemblo, como péndulo de carne al ritmo de

tus palabras incoherentes, vibrando en este espacio

Sintiéndolo

Sabiéndote molécula en el aire,

desintegrándome,

mientras sólo soy celo y aceleración

Soplo

 

Del poemario Anatomía de las matrioskas [2008] © Javier Montoro