Javier Elizondo

 

México, 1985. Nació en la Ciudad de México, D.F. Ha publicado reseñas musicales en el suplemento La Jornada Semanal del diario La Jornada y relatos en la revista electrónica Babel en prosa. Blog

 
 
 
   
 
   

 

Ruido horrible

 

 

Tés (p)

 

-Descripción…

-Una garganta rosada,

los ojos como de coliflor,

cabello a los hombros,

de un lado,

y a la mitad del cuello;

del otro,

la risa de pájaro precioso,

pequeña como rascacielos,

con cangrejos de amatista saliendo por la boca

y un lunar en el centro de su espejo.

 

 

Ruido horrible

 

Si un sonido vale más

que dos millones de luciérnagas

en un campo sin verdor alguno;

 

si un par de palabras pronunciadas

por el centenar de ciegos que me escuchan

son motivos para la

violencia;

 

si un poema incomprensible

tiene peces

en todos sus versos,

 

entonces prefiero

siempre confundirme con el ruido inmóvil

de las estaciones

 

 

Juan

 

Hablo de la vida que se esconde bajo la vida

Este sótano de ladrillos cotidianos, pequeños,

más tangibles que toda la luz que se queda afuera

 

 

Yo

 

que no soy personaje, ni una historia,

pico ajos aquí

Los echo al sartén y me perfumo todo el cuerpo

 

Hago té de cualquier color

de cualquier temperatura

y me lo dejo caer encima con dolor, a veces,

o con la tranquilidad idiota que me contagian los relojes

 

Con mala gana, con mala postura,

abro las cortinas para que entre el sol

y me dé la sensación de estar viviendo

como viven las ventanas cuando no las molestamos

con nuestro deseo de mundo

 

 

Mira

 

Cuando llega el hambre

se siente un dolor morado

como de volcán estúpido

o de puerta abierta en medio de la madrugada

 

 

Pajero

 

-¿Pero qué tiene de bonito que la gente se masturbe?

Todo.

Imagina un río espeso

que se congela

en medio de su minuto más ruidoso;

se congela y luego,

segundos milimétricos después,

comienza a avanzar otra vez

con la fuerza de un planeta.

 

Y en ese río nadan unas truchas doradas

a miles de kilómetros de profundidad.

Nadie nunca ha mirado esas truchas.

Alrededor no hay árboles, ni pescadores;

tampoco hay pequeñas embarcaciones sobre él.

 

Lo que sí hay son aves.

Muchas, muchas aves.

Todas las nubes que vigilan el río

avanzan como trenes porque están hechas de aves,

no de vapor.

Aves de tantísimos colores

que forman nubes blancas

y acolchadas

que corren presurosas,

guiadas solamente por el sonido límpido de la corriente.

 

 

Mar

 

Se detienen las fotografías por tanto humo.

Todo limpio, escalante y blanco el humo,

como el humor de las langostas.

 

 

Poemas inéditos © Javier Elizondo