
Continuará
Por ejemplo
¿Te imaginas que Dios existe,
y que al buscar en Google la palabra Universo
no lo reconoce ni de milagro?
Asusta suponerlo:
si también los dioses tienen amnesia,
¿qué dèjá vu ancestral
hará que vuelvan a creer en nosotros?
Lapso
Un desacato a la aventura tuerce la esquina del aburrimiento (a partir de ahora habrá una esquina por cada minuto en que no se piensa) y me sorprende con la luz apagada, escuchando cómo bostezan los átomos de la noche y cómo yo, acostumbrado a mí, nuevamente aprendo a quedarme más solo. El aire tiene cuerpo de mujer y la música de una fiesta lejana, huele a cajones llenos de ropa doblada sobre el mes de septiembre. Y claro que han tocado a la puerta mil veces, pero he ido a buscarme sin éxito. También he inventado un discurso, un manifiesto para darse la razón a sí mismo: inspirar hondo y espirar islas desiertas a las que sólo llevarse la propia vida.
La Tierra me ha llamado por teléfono. He contestado que aquí no es.
Punto ciego
Un día sales de la ducha,
hay algo de vapor
y limpias el espejo.
Pero vuelve a empañarse,
comienzas
a desaparecer en la niebla.
Entonces puedes
no pensar en nada
o, por el contrario, morir
escasamente, aceptar
algunas condiciones.
Penúltimas felicidades
Justo ahora, en vísperas de nada,
me divierto inventando los preámbulos
que rodean al día,
las sucesivas piezas de futuro
que, una vez olvidadas, se amontonan
en los atolladeros del pasado.
Imaginar evade,
pero todo se rompe
cuando hay que levantarse de la cama
y comprobar que el mundo
es más alto en persona.
Por eso, antes de que no haya tiempo
y la mañana ceda,
voy a poner a salvo mis penúltimas
felicidades.
Poema 007
Tú que me estás leyendo,
ya tienes media culpa
de este poema.
Te has ganado el permiso,
la licencia para matar
cualquiera de mis pensamientos,
porque ahora también son tuyos.
Pero, cuidado,
piensa que cuando me abandones
tus recuerdos serán
las huellas de este dulce crimen,
y sólo yo,
arrugado entre las palabras,
el cuerpo del delito.
Pensamiento
El amor se hace amor en el recuerdo
al igual que los hombres se hacen hombres
en su reflexión.
Continuará
He resultado ileso, amigos míos,
de mi último bajón (a los infiernos):
he resbalado
en la calle Estafeta,
mojada por las cosas de la vida
y del querer, de nuevo;
y unos cuernos de toro y de presagio
rozaron mi destino,
pactaron con la muerte
a mis espaldas, sin tenerme en cuenta.
Ahora sé que sigo vivo porque
mi corazón derrama, dice cosas,
pregunta
por todo el tiempo fuera;
y también porque sé que mis palabras
han renacido de los ceniceros
por los sueños que no pude fumar.
Poemas
inéditos de La tabla del uno y Usted está aquí [Libro MurciaJoven, 2007] © José Alcaraz
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